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El Poniente se va quedando atrás, atrás, atrás

De espaldas al pueblo, por José Nicolás González
Que nada volvió a ser lo mismo en El Ejido desde octubre de 2009, Operación Poniente, lo sabemos todos los que conocemos la zona desde abajo y no a vuelo de ese pájaro que sobrevuela por encima del plástico de los invernaderos aprovechando el aire caliente para planear sin mayor esfuerzo. Que esa visión paternalista, condescendiente y acrítica de los principales medios de comunicación locales y de la intelligentsia provincial, por decir algo, tampoco ayuda mucho. Que la lucha fratricida en el seno de los municipios del Poniente por la primacía residencial y poblacional es una lucha estéril y de pan para hoy y hambre para mañana, una lucha de suma cero que al final habrá que contabilizar con números negativos, también lo sabemos, por mucho que Roquetas de Mar parezca el municipio ganador y Gabriel Amat Aquiles. No olviden ustedes que Aquiles tenía talón, y no un talón bancario. Que los políticos del Poniente, en su mayoría del PP, no han estado ni están a la altura, también parece claro, aunque muchos de los que lo saben de sobra les sigan votando, y aunque el mismo lunes después de los comicios ya se estén quejando, ¡a pesar de haberles votado!, como he podido escuchar en varias ocasiones en el caso de El Ejido y Paco Góngora.


Que el Poniente ha llegado a su tope, que tiene una economía madura, ya incluso decadente y poco diversificada, basada sobre todo en la primacía absoluta y el monocultivo del sector primario, es algo que no es agradable de leer o escuchar, lo sé. Que basta observar que las inversiones en el Levante, por ejemplo, la infraestructura del AVE, que también supone una infraestructura eléctrica y energética de la que el Poniente carece, las futuras inversiones en plantas de generación de hidrógeno verde, todas en el Levante, o de energía fotovoltaica, o el hecho mismo de la escasísima presencia de turismo residencial británico o europeo en general en la zona, con lo que eso supone de ingresos extra casi llovidos del cielo para muchas economías locales, significa ni más ni menos que el Poniente tiene comprometido su futuro a corto y medio plazo porque sin energía ‘barata’ y cercana no hay industria, sin comunicaciones, también ferroviarias, no hay industria ni turismo, y, con esto no parece contar nadie, hasta es posible que se produzca un desplazamiento de las empresas del manipulado hortofrutícola hacia Levante una vez se construya el Puerto Seco de Níjar, con lo cual estaríamos antes el ‘acabose’ del Poniente, haciéndose realidad un sueño largamente acariciado por gentes con intereses económicos muy concretos en el Levante que podrán convertir eriales en maná, y sus voceros del ‘bien de la provincia’, y no me quiero pasar de sarcástico ni de dramático.


¿Qué parte de culpa en todo esto tienen los actores políticos y qué parte los ‘espectadores’, nosotros los ciudadanos, los gobernados, a veces súbditos? Pues fifty fifty. En el momento exacto en el que los ciudadanos nos convertimos en meros espectadores estamos perdidos. Y ya sabemos que no nos da la vida, que tampoco vamos a dedicar demasiado tiempo a la ‘política’, es decir, a la cosa pública, la de todos, teniendo tantos asuntos particulares que atender. Y reconozcamos una cosa, es más cómodo ceder nuestra soberanía y que gobiernen los políticos, que para eso cobran, y muy bien. Pero, se supone que, cuando te roban en tus narices, cuando viven y consumen delante de tus narices y muy por encima de sus posibilidades, cuando ves que solo piensan en la marcha, la ‘gosadera’, y en afanar y en acumular, eso los más hormiguitas, tendrás que tomar una decisión ‘política’ al respecto, ¿no? No es por ser oportunista ni hacer leña del árbol caído, pero yo recuerdo haber comentado muchas veces, cuando Ábalos era ministro, eso de qué hace de ministro un tío que cuando lo pillan muy de mañana los periodistas para preguntarle cualquier cosa o visita un plató tiene cara de resacoso y de no haberse acostado en toda la noche. ¿Cuántos de esos políticos locales conocemos, eh? Y no, no se trata de la vida privada, se trata de que los vicios privados inciden directamente en los asuntos públicos porque esos vicios suelen ser muy caros.


Pero está muy claro que alguien que está pensando a dónde se va a ir de marcha esa noche, si no piensa en el presente ni en la gestión de la cosa pública del aquí y ahora, menos va a pensar en un futuro a medio plazo de lo que compete a su negociado. Causa pavor la ceguera política ponientina en cuanto a la falta de infraestructura ferroviaria, cercanías y mercancías, la falta de infraestructura energética, y hablo para empezar de simples subestaciones y tendido eléctrico de alta tensión, no ya de generación, o de la poca capacidad de desalinización, depuración y de plantas desalobradoras instaladas, porque el futuro ya está aquí y las aguas subterráneas o escasean, o están a mucha profundidad y tienen un alto índice de radioactividad, o están salinizadas y contaminadas. Y causa pavor observar con el cinismo que se suben al carro de la propaganda y se ponen a reivindicar lo que jamás ni han nombrado, caso del cercanías del Poniente, que siempre les sonó a chino porque son más de coche particular.


Solo una pregunta. Supongamos que una empresa, por lo que sea, decide instalarse en la provincia de Almería. ¿Qué peso tendría la cercanía de un aeropuerto, de una estación de AVE, de un puerto, de un puerto seco, o hub logístico, la disponibilidad de infraestructura eléctrica suficiente y la posibilidad de negociar con plantas de energía limpia locales, la disponibilidad de terrenos relativamente baratos, la cercanía a una ciudad de más de 200.000 habitantes, etc., etc.? ¿Para dónde tiraría esa empresa, a Levante o a Poniente? Y sí, la culpa también la tenemos nosotros, el sacrosanto pueblo ponientino, por elegir (no son todos, claro) a auténticos ineptos y vividores que no ven más allá de sus narices (tanta referencia a las narices es casual, que conste).

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