Deportes

The New Yorker se rinde a la ‘madurez’ de Lamine Yamal

La escritora y periodista deportiva Louisa Thomas escribe una magnífica crónica sobre Lamine Yamal y España.

The New Yorker es la revista culta, moderna y progresista por excelencia, y además un excelente termómetro para medir la temperatura de ese otro Estados Unidos, que también existe y ahora parece despertarse de una gran pesadilla. Nueva York, ciudad de nacimiento de Donald Trump y sede de la final del Mundial de fútbol fue la primera gran ciudad de EEUU en plantarle cara al trumpismo eligiendo a un alcalde de los llamados ‘socialistas democráticos’ que ahora están ganado, una por una, las convenciones demócratas en muchos estados y que amenazan con acabar, después de  desplazar a los congresistas de ‘lobby’ demócratas, con los candidatos republicanos de Trump en las midterms, elecciones de medio mandato, de noviembre.

Escribe la escritora y periodista deportiva Louisa Thomas de Lamine Yamal en su magnífico artículo para The New Yorker que un fenómeno del fútbol de dieciocho años —todavía lo bastante joven como para que lo llamen adolescente y para comportarse como tal— no suele ser alguien que se somete a la a la disciplina de grupo y mucho menos cuando se presentó su candidatura como heredero de las grandes estrellas del fútbol, con dieciséis años, al marcar un golazo ‘desde larga distancia’ que sirvió para empatar el partido contra Francia en las semifinales de la Eurocopa 2024 y llevar a España a conseguir el título. No cuando marca dieciséis goles con el FC Barcelona en veintiocho partidos en La Liga y gana más de treinta y cinco millones de euros al año. No cuando sale con una influencer con un millón de seguidores en Instagram y aparece en una valla publicitaria de ciento veinte metros junto a un estadio de la Copa del Mundo y protagoniza una campaña publicitaria con David Beckham y Timothée Chalamet. Se supone, dice la periodista de The New Yorker ‘que un joven de dieciocho años no funciona así, siendo capaz de formar parte de un engranaje del reloj de precisión que es la selección española de Luis de la Fuente. Todo el mundo esperaba que Lamine Yamal conquistara a los aficionados al fútbol como ya lo habían hecho Erling Haaland, Kylian Mbappé, Harry Kane y Lionel Messi. Todo el mundo esperaba una gran actuación individual contra Francia en las semifinales, eso es lo que se espera de un joven ‘egoísta’ de 18 años, pero Yamal ya tiene 19  y no solo se sometió al sistema del cuerpo técnico de España sino que su actuación fue crucial para ganarle a Francia. Después del penalti transformado por Oyarzabal la selección francesa parecía aturdida y así continúo hasta el final, con breves apariciones puntuales de Mbappé y otros jugadores estrella franceses. España había llegado a las eliminatorias venciendo a Arabia Saudí y Uruguay. Solo había encajado un gol en todo el torneo, en los cuartos de final contra Bélgica, pero tampoco había marcado muchos. Y Yamal no lució individualmente como se esperaba. Yamal había llegado al torneo con una lesión en los isquiotibiales. Había estado recuperándose, pero, una vez en plena forma, completamente recuperado, era inevitable que explotara. Francia parecía obsesionada con él, tuviera o no el balón. Yamal respondió con una madurez asombrosa y ya con 2-0, Lamine Yamal estuvo a punto de añadir un tercero —una auténtica maravilla—, pero le señalaron fuera de juego. Yamal jugó un excelente encuentro, pero el MVP de España fue el centrocampista Rodri, que fue un auténtico director de orquesta.

Captura del artículo de The New Yorker

Muchos, en España, y en todo el mundo, esperan que el gran partido de Lamine Yamal sea la final contra Argentina, con su ídolo Messi enfrente, pero lo importante sigue siendo que la maquinaria siga tan afinada como hasta ahora. Pase lo que pase, esperamos otra magnífica crónica de la final del campeonato de Louisa Thomas para The New Yorker.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *