
Andy Burnham: el primer ministro más a la izquierda del Partido Laborista que quiere reiniciar el Reino Unido
El Reino Unido vuelve a cambiar de primer ministro. Pero no se trata de un simple cambio de liderazgo dentro del Partido Laborista. La llegada de Andy Burnham al 10 de Downing Street supone esta vez un intento sincero de redefinir el rumbo político de un país que lleva una década instalado en la inestabilidad. Cuando Burnham cruzó el lunes la puerta del número 10 de Downing Street, tras recibir el encargo del rey Carlos III para formar gobierno fue el séptimo primer ministro británico desde el Brexit de 2016. Lo primero que ha prometido es estabilidad política. Burnham fue ministro durante los gobiernos de Tony Blair y Gordon Brown, pasó casi una década alejado de la primera línea nacional para convertirse en el alcalde del Gran Mánchester y el más popular entre los británicos. Allí construyó un perfil político muy particular como buen gestor, pragmático y comprometido.
Su batalla contra las restricciones sanitarias impuestas desde Londres durante la pandemia lo convirtió en un símbolo de la reivindicación territorial del norte frente a los excesos del centralismo londinense. Aquel enfrentamiento le supuso una enorme popularidad de dirigente capaz de enfrentarse tanto a los conservadores como a su propio partido. Ese capital político explica muy bien su ascenso.
Contra la política de concentración económico y de poder en Londres
Burnham llega al poder convencido de que el Reino Unido ha cometido un error estratégico durante las últimas cuatro décadas: concentrar riqueza, poder político e inversión en Londres mientras amplias zonas industriales perdían población, empleo y expectativas. En su primer discurso como primer ministro británico habló de recuperar la confianza de los ciudadanos, combatir los problemas de vivienda, aliviar el coste de la vida y devolver oportunidades a quienes sienten que el crecimiento económico nunca llegó a sus barrios. También defendió la descentralización, una de sus banderas en Mánchester.
Un nuevo equilibrio dentro del Partido Laborista
La sustitución de Keir Starmer no supone una ruptura ideológica radical, pero sí un cambio de prioridades. Mientras Starmer apostó por recuperar la credibilidad económica del laborismo tras los años de Jeremy Corbyn, Burnham pretende combinar esa disciplina presupuestaria con una agenda social más visible y una mayor intervención del Estado en cuestiones como la vivienda, el transporte público y la regeneración urbana. La composición de su primer gabinete refleja ese intento de equilibrio entre las distintas sensibilidades del partido. El nombramiento de John Healey como ministro de Economía sorprendió incluso dentro del propio Partido Laborista,, mientras que Ed Miliband asumirá Exteriores y Yvette Cooper dirigirá Sanidad. La remodelación supone, además, el relevo de varias figuras estrechamente vinculadas a la etapa de Starmer.
Europa en el horizonte
Aunque Burnham ha evitado reabrir el debate sobre el Brexit, su llegada coincide con una etapa de acercamiento gradual entre Londres y Bruselas. El reciente acuerdo sobre Gibraltar, el incremento de la cooperación en materia de defensa y la necesidad de reforzar la seguridad europea tras la invasión rusa de Ucrania están favoreciendo una relación mucho más pragmática con la Unión Europea. Burnham no plantea revertir el Brexit, pero sí desarrollar una política exterior menos enfrentada a Bruselas y más orientada a reconstruir la cooperación económica y estratégica con la Unión Europea. En un contexto internacional extremadamente complejo y en plena crisis energética provocada por el conflicto en Medio Oriente, esa aproximación a la UE puede convertirse en el eje que devuelva al Reino Unido a la senda de crecimiento económico y estabilidad política.

