
El subdelegado del gobierno en Almería demuestra in situ como las pantallas acústicas reducen la contaminación sonora
José María Martín Fernández se ha traslado hasta el colegio Artero Pérez, de Tarambana, El Ejido, junto a la A7
En una vídeo en redes sociales de la Subdelegación del Gobierno en Almería José María Martín lo expresa de la siguiente manera: ‘¿Te imaginas que el cole donde estudian tus hijos estuviera tan pegado a la autovía que el ruido de camiones y coches dificultara las clases y los recreos ? Pues eso es lo que ha estado pasando durante años en el colegio Artero Pérez, del barrio de Tarambana, en El Ejido, situado junto a la A7, hasta que el Ministerio de Transportes le ha puesto remedio. Se ha cambiado el asfalto en esa zona por otro fonoabsorbente y se han instalado pantallas acústicas que han reducido el ruido en un 80%.’
Pero cómo funcionan las pantallas acústicas que se está instalando en varios puntos de la A7 en Almería, Granada y otras provincias, en toda España, y qué es el asfalto fonoabsorbente. Te lo explicamos:
El tráfico rodado es, según los propios mapas de ruido del Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible, una de las principales fuentes de contaminación acústica en España, con capacidad para afectar al sueño, la salud cardiovascular y el bienestar general de quienes viven junto a las grandes vías de comunicación. Para hacerle frente, el departamento que hasta hace unos años se conocía como Ministerio de Obras Públicas mantiene desde 2021 un programa sistemático de actuaciones —el Plan de Acción contra el Ruido (PAR)— que combina dos soluciones técnicas complementarias: la instalación de pantallas acústicas físicas y la renovación del pavimento con asfalto fonoabsorbente.
Un mapa del ruido antes de actuar
Antes de decidir dónde y cómo intervenir, el Ministerio elabora los Mapas Estratégicos de Ruido (MER) de la Red de Carreteras del Estado, que en su cuarta fase han analizado los niveles sonoros de 12.360 kilómetros de las principales vías del país. Esa radiografía acústica permite identificar los tramos que superan los objetivos de calidad establecidos por la Ley del Ruido y priorizar las actuaciones allí donde las infraestructuras se encuentran cerca de espacios especialmente sensibles: viviendas, centros sanitarios o centros educativos. El grueso de estas obras se financia con fondos europeos NextGenerationEU dentro del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia, que contempla hasta 302 millones de euros para sostenibilidad, eficiencia energética y acción contra el ruido en la Red de Carreteras del Estado.
Pantallas acústicas: muros a medida contra el ruido
La solución más visible del programa son las pantallas acústicas, estructuras verticales instaladas junto a la calzada que actúan como barrera física entre la fuente de ruido y las zonas habitadas. El Ministerio las combina en dos tipologías principales: paneles metálicos fonoabsorbentes, capaces de retener parte de la energía sonora en lugar de reflejarla, y paneles de metacrilato transparente, que se emplean sobre todo en tramos donde conviene mantener cierta visibilidad o luminosidad para los vecinos colindantes. Las alturas varían según la intensidad del tráfico y la proximidad de las viviendas, desde los 2 metros hasta los 6 metros en los puntos más críticos.
El asfalto que absorbe el ruido
La segunda pata del plan es menos visible pero igual de relevante: sustituir el pavimento convencional por mezclas bituminosas porosas o discontinuas, popularmente conocidas como asfalto fonoabsorbente. La diferencia con el asfalto tradicional está en su composición: mientras que un firme convencional combina áridos de tamaño grande, mediano y pequeño en una estructura compacta y prácticamente sin huecos, el asfalto fonoabsorbente elimina los áridos de tamaño medio, de modo que queda un mayor porcentaje de huecos entre las partículas. Esa porosidad es la clave de su funcionamiento: cuando el neumático rueda sobre una superficie compacta, el aire queda comprimido entre la goma y el asfalto y genera las llamadas «sobrepresiones» que producen buena parte del ruido de rodadura; en un pavimento poroso, en cambio, el aire se filtra por los huecos del firme y esas sobrepresiones —y el ruido que generan— se reducen de forma notable.
El resultado, según las mediciones realizadas en distintas ciudades españolas, puede suponer una reducción de hasta 6 decibelios (dBA) respecto al asfalto convencional. La cifra puede parecer modesta, pero en términos acústicos no lo es: cada 3 dBA de reducción equivalen a la mitad de la intensidad sonora percibida, de modo que una rebaja de 6 dBA implica bajar el ruido a una cuarta parte del nivel inicial, es decir, una reducción de intensidad de en torno al 75%. En los tramos de mayor eficacia, el oído humano puede llegar a percibir picos de hasta 8 o 9 dBA menos. Algunas variantes más recientes de este pavimento incorporan, además, caucho procedente del reciclaje de neumáticos fuera de uso, lo que no solo mejora la absorción acústica, sino que suma un componente de economía circular al aprovechar un residuo cuya gestión es, de por sí, un problema ambiental.
El propio Ministerio de Transportes recoge estas mezclas porosas como una de las medidas técnicas de referencia para corregir el ruido de las carreteras en servicio, junto con la reducción de la velocidad y la construcción de pantallas, y señala que la combinación de estas soluciones permite en los casos más favorables rebajar hasta 15 decibelios los niveles sonoros registrados junto a una vía.
Dos herramientas, un mismo objetivo
Pantallas acústicas y asfalto fonoabsorbente no son alternativas entre sí, sino piezas de una misma estrategia: mientras las primeras actúan como barrera física que impide que el sonido llegue a las viviendas, el segundo ataca el problema en su origen, reduciendo la cantidad de ruido que genera el propio contacto entre el neumático y la calzada. En los tramos más conflictivos —aquellos donde coinciden alta densidad de tráfico y proximidad de zonas residenciales—, el Ministerio combina ambas soluciones para maximizar la reducción del ruido percibido por los vecinos.
El reto, en cualquier caso, sigue siendo de escala: con más de 12.000 kilómetros de carreteras del Estado ya diagnosticados acústicamente y un parque de infraestructuras que crece cada año, el plan de acción contra el ruido avanza obra a obra, kilómetro a kilómetro, en un esfuerzo que probablemente tardará años en completarse, pero que ya está cambiando el paisaje sonoro de barrios y municipios enteros a lo largo de la Red de Carreteras del Estado.
