
¿Conoce el idioma que hablan los mosquitos?
Hablamos de la Mosquitia, una región centroamericana, entre Nicaragua y Honduras, donde el miskito es un idioma vivo hablado en la actualidad.
Carmen Martín Cuadrado, Universidad Complutense de Madrid
Verano, calor, noche y mosquitos, muchos mosquitos. Suena fatal, ¿eh? Pero ¿y si le dijera que hay “mosquitos” más allá de los insectos pesados? ¿Que son también una población indígena con una historia fascinante y una lengua propia?
Hablamos de la Mosquitia, una región centroamericana, entre Nicaragua y Honduras, donde el miskito es un idioma vivo hablado en la actualidad. Aunque casi todos los adultos lo tienen como su lengua materna en el día a día, en los colegios se utiliza el español y las nuevas generaciones empiezan a dejarlo de lado. Así, desgraciadamente, el miskito podría enfrentarse a la silenciosa amenaza de la extinción.
Por suerte, la historia de la lingüística nos dejó un salvavidas inesperado. Desde el siglo XIX, viajeros, historiadores y religiosos viajaron a esta zona y dejaron constancia de las particularidades de la lengua a través de manuscritos, gramáticas, ediciones de la Biblia, canciones, etc. Estos misioneros, sin buscarlo, se convirtieron en los primeros lingüistas de la zona, ya que tuvieron que sumergirse de lleno en el miskito para conseguir transmitir la fe protestante, propósito principal con el que llegaron al territorio.
Un tablero de ajedrez geopolítico
Para entender cómo la religión se mezcló con los verbos, hay que volver atrás en el tiempo. Durante la época colonial, la zona de la Mosquitia fue un campo de disputa entre España e Inglaterra. Mientras que los españoles dominaban el Pacífico, los ingleses se aliaron con los miskitos –o mosquitos– en la costa caribeña.
Los británicos no solo comerciaron y llevaron a la zona barcos y armas modernizadas; también introdujeron el idioma inglés y la religión protestante. Esta alianza fue tan estrecha que los miskitos llegaron a tener reyes coronados en Jamaica bajo el auspicio británico. Incluso tras la independencia de Nicaragua, Gran Bretaña mantuvo un protectorado sobre la región hasta finales del siglo XIX. La Mosquitia parecía un mundo aparte, “independiente” y angloparlante en mitad de la América hispana.

En este contexto, la Iglesia Morava, una hermandad protestante originaria de República Checa, llegó a la región en 1849. A diferencia de otros grupos, los moravos se integraron profundamente en la cultura local, aprendieron la lengua amerindia, fundaron iglesias y escuelas, se encargaron de instruir a las comunidades indígenas, etc.
Nació en Nicaragua entonces lo que se conoce como lingüística misionera. El objetivo de los religiosos no era el afán desinteresado por el miskito ni por la redacción de diccionarios o gramáticas, sino la eficacia y el interés evangelizador. Los diccionarios, vocabularios, calepinos, gramáticas, ediciones de la Biblia, canciones… eran en realidad instrumentos de transmisión de la religión morava.
La labor de Herman Bereckenhagen
Herman Bereckenhagen, misionero alemán, que llegó a la Mosquitia en 1882, se dio cuenta de que la lengua y su enseñanza eran sus mejores aliados para conseguir instaurar la religión protestante. Publicó una Grammar of the Miskito language with exercises and vocabulary (1894), un English-Miskito-Spanish phrase book (1905) y un Pocket dictionary: Miskito-English-Spanish and English-Miskito-Spanish, primer diccionario trilingüe que se publicaba de manera independiente y que incoporaba el español como lengua de la correspondencia.
Pero ¿por qué incluir el español en una zona donde el inglés era casi universal? La respuesta vuelve a ser política: en 1894, con el presidente nicaragüense José Santos Zelaya, la Mosquitia pasó a formar parte de la República de Nicaragua y se impuso el español como lengua oficial. Parece que Berckenhagen, con gran pragmatismo, comprendió que para que la Iglesia Morava y el pueblo miskito sobrevivieran en esta nueva realidad, debían dominar el idioma del Estado.
Las relaciones tempranas entre los mosquitos y los ingleses hicieron, no obstante, que el inglés tuviese mucha presencia en la lengua miskita. Pero los hablantes no adoptaron el inglés estándar, sino un inglés creole, rústico y marinero, hablado en el Caribe y con unas características fonéticas especiales. Algunos de estos ejemplos se observan de manera evidente en el diccionario de Bereckenhagen:
- BRED: del inglés bread (pan).
- BINS: del inglés beans (frijoles), usado curiosamente en singular en miskito.
- BUK: del inglés book (libro)
- DANS: del inglés dance (bailar)
- REDDI: del inglés ready (preparado)
- PRAIS: del inglés price (precio)
- KUL: del inglés school (escuela)
Luces y sombras de los textos misioneros
No podemos dejar de lado el hecho de que la labor de los misioneros y los textos producidos eran también armas de control. La finalidad de los diccionarios o las gramáticas era colonizar, evangelizar e imponer, en este caso, la religión protestante, acabando así con las creencias y culturas locales.
Sin embargo, desde una perspectiva lingüística, sus obras son, en muchos casos, los primeros testimonios escritos de las lenguas indígenas y nos permiten, en la actualidad, acceder a una serie de documentos escritos en idiomas amerindios que, de no ser por ellos, lo más probable es que se hubieran extinguido.
Así pues, la próxima vez que el calor del verano nos rodee y escuchemos hablar de “mosquitos”, nuestra mente ya no volará únicamente hacia esos insectos que interrumpen el silencio de la noche, sino que podremos recordar al pueblo mosquito y la historia de su lengua.
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Carmen Martín Cuadrado, Profesora e investigadora del departamento de Lengua Española y Teoría de la Literatura, Universidad Complutense de Madrid
Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

