
Herrera & Góngora, clases de sevillanía
‘No sé vosotros, pero yo a Paco lo veo de consejero en breve, cuando la mitad de los consejeros acaben de ministros de Feijóo.’
HABRÁ QUE REÍRSE, por José Nicolás González
No conozco, ni en la realidad ni en efigie, por la tele o por la radio, a nadie que sea más arquetípicamente sevillano que Carlos Herrera. Tanto es así que me lo imagino contestando -cuando le preguntaran en su tierna infancia, allá en Mataró, aquello de ¿qué quieres ser de mayor?- ‘Yo de mayor quiero ser sevillano’. Eso no significa que no ejerza también de almeriense, porque nació aquí y ser almeriense ya no es la vergüenza que fue (lo de legañosos y todo eso), nadie está insinuando nada. Aunque en la imagen los que aparezcan sean un casi murciano, Carlos Herrera (de Cuevas del Almanzora), y un casi granadino (de El Ejido), ambos son almerienses. Que la frontera provincial suroccidental se fijara en Adra y no en Vícar (la división eclesiástica situaba allí el inicio de la Diócesis de Almería) o en el mismo Cañarete, fue una simple casualidad histórica, lógica, por otro lado, porque una capital no conviene que esté a tanta distancia. Como todas las fronteras, incluida también la de Ceuta, lo son por pura arbitrariedad. De hecho, si juntas a un viejo senequista de Cuevas y a otro de El Ejido en una plazuela de el Ejido y a la sombra (ahí está el misterio, en encontrar una sombra en El Ejido, pero hay que insertar elementos fantásticos o de realismo mágico en las lecturas, que si no el lector más infantilizado se nos duerme), si los juntas, decía, es muy posible que, pese a percibir cierta cercanía, el de El Ejido, que podría remanecer perfectamente de Bayárcal (Almería) o de Bérchules (Granada), o de la Contraviesa, o de Dalías o Berja o Alcolea, le preguntara al de Cuevas: Tú eres de por ahí, ¿no? Me he dado cuenta por el habla. A lo que el de Cuevas le podría responder algo enfadado: Luego aluego no queréis que en la capitah y desde La Voz os consideren ‘un hecho diferencial’ a los de El Ejido, etc. Hecho diferencial tu madre, so panocho, dicho sea desde el respeto, el cariño y la hermandad provincial, etc., le diría el otro, hasta convertir aquello en un show como el de los viejos del palco de los Teleñecos, porque los viejos de las plazas están también muy polarizados, todo hay que decirlo.
Que alguien como Carlos Herrera, grasioso, chistoso, coplero, rosiero, cofrade, taurino o taurófilo, fiestero, pícaro y vivior sea el epítome mismo de la sevillanía más tópica, y seguramente más artificiosa y más falsa, no nos tiene por qué extrañar, porque Carlos Herrera se lo ha ganado a pulso. Si hay madridistas y culers en Kuala Lumpur, no sé por qué alguien que remanece de Cuevas y se crió en Mataró no puede ser el más sevillano de los sevillanos, y más habiendo conseguido sus metas de forma tan exitosa. Es como si el chaval de Kuala Lumpur acabara fichando por el Barça o el Radial Madrid y fuera convirtiéndose en la viva imagen de Camp Barça o de la Entidad Blanca a base de bordarlo en el césped, ¿quién le va a recriminar que no remanezca de Bescanó (Girona) como Cubarsí, una vez haya triunfado? Pues nadie. De los inmigrantes ceutíes con ciertas habilidades con el balón que no alcancen a jugar con la Entidad Blanca, sin embargo, nadie se acordará, salvo para intentar expulsarlos o para quemarles el chamizo donde viven, o para grabar un vídeo infame y vergonzante como hizo Paco Góngora en sus últimos días como alcalde de El Ejido antes de ser ‘ascendido’ a Delegado de la Junta en Almería.
Paco Góngora, como dice una de las coplillas que andan por ahí, ‘es un pata negra de la tierra’, y posiblemente sus raíces estén en la zona, Dalías y El Ejido, desde la misma repoblación que hubo tras la Guerra de Las Alpujarras o algo después, pero aspira la h como quien aspira a un cargo en la Junta, de forma más extremeña que indígena. Esa aspiración tan extremeña de la h puede que le venga de su exsuegro, senador del PP, y de su exfamilia política, creo que cacereños -pero detalles como este de la mímesis fonética, se te puede pegar un acento, pero eso no necesariamente implica empatía en general-, demuestran la voluntad de adaptación de Paco Góngora para todo lo que suponga prosperar y cimentar su carrera y abrirle un camino en la política y los negocios a los vástagos legítimos, digo los legítimos por si queda alguno que no lo sea, que no creo.
Por eso no es de extrañar que, y a pesar de lo que me decía el amigo que me envió la foto de la que han salido estas caricaturas, la verbal y la gráfica: ‘¿cuándo le han gustado los toros a Paquito?’, Carlos Herrera y él tuvieran una conversación fluida sobre tauromaquia, pase al natural, tercio de muleta, chicuelinas por aquí, pases de pecho, derechazos y pases de la firma, sobre todo derechazos y pases de la firma, gaoneras y revoleras, por allá, para acabar cascando sobre tal o cual pasaje del volumen IX del Cosío, o la fuerza melódica del operístico pasodoble El Gato Montés, de Manuel Penella, y los sitios a los que hay que ir porque allí está el ‘todo Sevilla’. Imagino que Paquito ya habrá estado dando clases de sevillanas, Mundo Cofrade y blancapalomismo desde hace tiempo. No sé vosotros, pero yo a Paco lo veo de consejero en breve, cuando la mitad de los consejeros acaben de ministros de Feijóo. Y luego aluego, ¿qué sabeee nadieeeee?

