EconomíaEspaña

El IPC se dispara hasta el 4,3% en agosto

El dato adelantado del IPC armonizado (IPCA), que permite la comparación europea, escaló hasta el 4,5% interanual, frente al 3,9% de julio.

Crónica salmón, por José Manuel Rubio

La inflación en España ha retomado la senda ascendente. El indicador adelantado del Índice de Precios de Consumo (IPC) se situó en el 4,3% interanual en agosto, siete décimas por encima del 3,6% de julio, según el dato publicado por el Instituto Nacional de Estadística el 28 de agosto. Es la tasa más alta en más de tres años, desde febrero de 2023, cuando la economía española aún convalecía del anterior shock energético derivado de la guerra en Ucrania.

El dato adelantado del IPC armonizado (IPCA), que permite la comparación europea, escaló hasta el 4,5% interanual, frente al 3,9% de julio. La variación mensual del índice general fue del 0,7%, reflejo de un encarecimiento generalizado durante el mes estival.

Lo especialmente significativo es el contraste que hay con lo previsto a comienzos de año. Durante enero y febrero, el ritmo de encarecimiento se mantenía cerca del 2%, el objetivo oficial del Banco Central Europeo (BCE). Desde entonces, la inflación no ha dejado de escalar: 3,4% en marzo, 3,2% entre abril y junio, 3,6% en julio y ahora 4,3% en agosto.

Una inflación provocada por el alza de los combustibles

Los precios de los productos energéticos se dispararon hasta el 17% interanual, casi siete puntos más que en julio, arrastrada por el encarecimiento de los combustibles y lubricantes para vehículos personales. El INE atribuye el salto a un efecto base desfavorable: los precios de los carburantes subieron este agosto, cuando en el mismo mes de 2025 habían bajado.

La inflación subyacente, que excluye los alimentos no elaborados y los productos energéticos por su mayor volatilidad se moderó una décima, hasta el 2,9% interanual. Es decir, el núcleo del sistema de precios, aquel que mejor refleja las presiones inflacionarias persistentes, se mantiene contenido por debajo del 3%. La divergencia entre una inflación general al 4,3% y una subyacente al 2,9% confirma que el problema no es de demanda desbocada, sino de oferta energética.

Irán y el estrecho de Ormuz

La causa profunda del encarecimiento energético hay que buscarla fuera de las fronteras españolas. El 28 de febrero de 2026 estalló el conflicto abierto entre Estados Unidos e Israel contra Irán. La respuesta de Teherán incluyó el cierre del estrecho de Ormuz, por donde circula aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo, lo que desencadenó la escalada de los precios de los combustibles.

Desde el inicio de la guerra, la inflación española no ha bajado del 3%, y el conflicto se ha ido «enquistando», en palabras de Álvaro Zapatel, economista de EADA Business School, una de las principales preocupaciones que anticipaban los analistas. La energía se encareció un 10,3% en el conjunto de la Unión Europea en julio, según datos de Eurostat, lo que sitúa a España dentro de una dinámica inflacionaria europea, si bien con mayor intensidad.

A la presión del crudo se suman dos factores estructurales. Por un lado, los alimentos y bebidas no alcohólicas, que aunque se abarataron en agosto, lo hicieron menos que en el mismo mes de 2025, contribuyendo en menor medida al repunte. Por otro, la persistencia de la inflación de servicios, vinculada a la evolución salarial —los salarios crecieron un 3% hasta julio— y a la robustez del turismo y la demanda interna, elementos que mantienen presiones de precios en el componente más estable del IPC.

Respuesta fiscal: bonificaciones al diésel

Frente a la escalada, el Gobierno ha reactivado medidas de contención. A partir del 1 de septiembre se eleva la bonificación del Impuesto sobre Hidrocarburos aplicable al diésel hasta 20 céntimos por litro, mientras que la rebaja para la gasolina se mantiene en 5 céntimos, tras haberse activado la cláusula de emergencia del decreto anticrisis al superar la inflación de julio el umbral establecido. La incógnita, según Fedea, es si esta ayuda logrará moderar el dato de inflación de octubre.

España, colista en contención inflacionaria

El dato de agosto sitúa a España en una posición incómoda respecto a su entorno. La inflación armonizada española se situó en el 3,9% en julio, frente al 2,9% de la zona euro y el 3,0% del conjunto de la Unión Europea, lo que la convierte en la más elevada entre las grandes economías del euro. La economía española, más intensiva en energía importada y con un peso mayor del transporte y el turismo, sufre de manera desproporcionada los shocks energéticos.

El BCE endurece la política monetaria

La respuesta de la política monetaria no se ha hecho esperar. En junio, el Consejo de Gobierno del BCE decidió elevar los tipos de interés por primera vez en tres años: la facilidad de depósito se situó en el 2,25%, el tipo de las operaciones principales de financiación en el 2,40% y la facilidad marginal de crédito en el 2,65%. El endurecimiento se tradujo en un encarecimiento del euríbor y, con él, de las hipotecas y los créditos a hogares y empresas.

En sus proyecciones revisadas al alza, el BCE espera ahora una inflación media del 3,0% en 2026, del 2,3% en 2027 y del 2,0% en 2028, mientras que la subyacente se situaría en el 2,5% este año y el próximo. Philip Lane, economista jefe del BCE, ha señalado que la inflación probablemente se mantendrá en torno al 3% durante el resto del año.

Posible evolución: tres escenarios

La trayectoria futura de la inflación dependerá, en lo esencial, de dos variables: la evolución del conflicto en Irán y el precio del crudo, y el calendario de las medidas fiscales. Las previsiones de los principales organismos convergen en un escenario central de moderación gradual, pero con un margen estrecho y riesgos claramente sesgados al alza.

El Banco de España situó en junio su previsión de inflación media para 2026 en el 3,6% y en el 2,6% para 2027, tras elevar seis décimas sus estimaciones. El supervisor admite un peor escenario, con un conflicto prolongado que dispararía la inflación hasta el 5,9% este año.

Funcas prevé una media anual del 3,4% en 2026 y del 2,6% en 2027, con la tasa interanual de diciembre en el 3,6%. Su escenario central anticipa que la inflación supere el 4% en agosto y septiembre —pronóstico que el dato adelantado del INE acaba de confirmar— y sitúa la subyacente en el 2,9% de media.

El cuadro de escenarios, articulado en torno al precio del crudo, dibuja un horizonte bifurcado:

EscenarioPrecio del crudoInflación 2026Inflación 2027
Central (descenso del crudo)75 $ a fin de año3,3%2,6%
Adverso (tensión persistente)115 $3,6%3,7%

Riesgos al alza

  • Enquistamiento del conflicto en Irán y mantenimiento del cierre del estrecho de Ormuz, que mantendría la presión sobre el crudo y los carburantes.
  • Subida del precio del petróleo hasta 115 dólares, escenario en el que la inflación se dispararía al 3,6% en 2026 y al 3,7% en 2027.abc
  • Retirada de las bonificaciones fiscales y normalización del Impuesto sobre Hidrocarburos, que trasladaría el precio pleno a los consumidores.
  • Transmisión al segundo round: si la inflación energética se traslada a salarios y precios de servicios, la subyacente podría repuntar y cronificar el fenómeno.

Riesgos a la baja

  • Descenso del crudo hasta 75 dólares a final de año, que recortaría la inflación media hasta el 3,3%.
  • Recuperación de la bonificación de 20 céntimos sobre el diésel en septiembre, que podría moderar el dato de octubre.rtve
  • Moderación de los alimentos, cuya tasa interanual cayó hasta el 1,6% en el último dato disponible.
  • El efecto base: al comparar con meses de 2025 en los que los combustibles ya subían, las presiones interanuales podrían diluirse en los próximos trimestres.

La inflación del 4,3% de agosto es, ante todo, el reflejo de un shock energético de origen geopolítico y no de un sobrecalentamiento de la economía española. Lo confirma la moderación de la subyacente al 2,9% y la contención del componente de alimentos. El problema es que los shocks energéticos, si se prolongan, tienden a filtrarse al núcleo del sistema de precios a través de salarios, costes de transporte y expectativas, alimentando una inflación más persistente.

El consenso de organismos —BCE, Banco de España y Funcas— coincide en que la inflación se mantendrá por encima del objetivo del 2% durante el resto de 2026, con una media anual en torno al 3,3%-3,6%, antes de una lenta convergencia hacia el objetivo en 2027. La pregunta clave no es si la inflación repuntará —ya lo ha hecho—, sino si el repunte será transitorio, ligado a la evolución del conflicto en Irán, o si se convertirá en un fenómeno enquistado que obligue al BCE a mantener una política monetaria restrictiva durante más tiempo del deseado. La respuesta dependerá, en gran medida, de lo que ocurra en el estrecho de Ormuz.

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