
Óscar Puente: el ministro que no se calla ni debajo de agua
‘En pleno luto por los fallecidos en el incendio de Los Gallardos (Almería), Puente relacionó al líder del PP con la imagen de un «Caudillo bajo Palio», rematando con un «spoiler» sarcástico sobre que ni así llegaría a presidente.’
OPINIÓN
Pocos ministros lo que Óscar Puente ha logrado en X: convertir una cuenta personal en un actor político de primer orden, capaz de marcar la agenda informativa casi a diario. Con más de 300.000 seguidores y una actividad que suma decenas de miles de publicaciones desde que abrió su perfil en 2010, el ministro de Transportes ha hecho de las redes sociales una extensión —y para muchos, un arma— de su cargo.
Un hábil espadachín dialéctico
Lo que distingue a Puente de la mayoría de sus compañeros de Gabinete es su habilidad y el tono sarcástico. Frente al perfil institucional y aséptico que suelen cultivar los altos cargos, Puente ha optado por el sarcasmo, la réplica inmediata y el «zasca» como herramienta política frente a una derecha y una extrema derecha con pocos escrúpulos en la lucha mediática. Él mismo ha defendido este estilo sin complejos, explicando que su forma de expresar la indignación pasa por la ironía, y que piensa seguir ejerciendo su derecho a expresarse con libertad.
Esa combinación de inmediatez y mordacidad le ha permitido algo que pocos ministros consiguen: que sus tuits, por sí solos, se conviertan en noticia y en tema de conversación nacional durante a diario.
Sus mejores golpes de efecto
- La pulla a Mazón por la DANA. Cuando la AEMET emitió una alerta roja por lluvias torrenciales en la Comunidad Valenciana, Puente recordó la ausencia del president del CECOPI el día de la tragedia, preguntando con sorna si ya había reservado mesa en El Ventorro. En una sola frase condensó una crítica política que otros habrían necesitado un comunicado entero para formular.
- El dardo envenenado a Feijóo por Los Gallardos. En pleno luto por los fallecidos en el incendio de Los Gallardos (Almería), Puente relacionó al líder del PP con la imagen de un «Caudillo bajo Palio», rematando con un «spoiler» sarcástico sobre que ni así llegaría a presidente. Es quizá el ejemplo más nítido de su estilo: una sola frase, cargada de ironía histórica, capaz de acaparar la conversación política durante días.
- El choque con Juanma Moreno. Ante la ausencia del presidente andaluz durante los incendios de la Mezquita de Córdoba y Tarifa (Cádiz), Puente se preguntó públicamente dónde estaba Juanma, que no había aparecido por ninguno de los dos frentes, y de paso señaló el silencio de la prensa andaluza que sí solía ser especialmente crítica con él.
- El ‘mamarracha’ a Ayuso. En medio de la gestión del peor incendio de la historia de la Comunidad de Madrid, y tras acusar a los gobiernos del PP de recortar en extinción de incendios para luego pedir auxilio al Estado, Puente zanjó el cruce de reproches con la presidenta madrileña sentenciando que si había una mamarracha en España, esa era ella. Un cierre lapidario, de los que se recuerdan.
- La réplica a Susanna Griso durante su baja de paternidad. Cuando el programa de Griso señaló su hiperactividad en redes durante el permiso, Puente respondió con una captura irónica del propio programa, comentando con humor que sus seguidores siempre le tienen en sus oraciones. Un ejemplo perfecto de cómo convierte la crítica en contenido viral a su favor.
- El bloqueo a Almeida. Puente llevó su estilo beligerante también al terreno de la gestión de bloqueos, vetando en X al alcalde de Madrid en plena polémica por Cercanías —un gesto que, lejos de pasar desapercibido, terminó siendo comentado hasta por el propio Pedro Sánchez, y que reforzó su imagen de ministro que no se calla ni ante sus rivales de mayor perfil institucional.
Por qué funciona
La razón por la que este estilo genera adhesión entre parte del electorado y refuerza su perfil público es sencilla: en un panorama político frecuentemente anestesiado por la corrección institucional, Puente ofrece algo distinto —una voz que parece hablar sin intermediarios, sin nota de prensa previa, sin filtro de gabinete. Esa autenticidad percibida, unida a su rapidez de reflejos, ha hecho que incluso episodios que empezaron como crisis de gestión —como el caos ferroviario del verano de 2024— pudieran reconducirse comunicativamente gracias a su presencia constante en redes durante la DANA de octubre de ese año, donde pasó de ser blanco de la ira tuitera a protagonista de una narrativa de gestión eficaz.
La otra cara de la moneda
Conviene no perder de vista que este estilo tiene también sus detractores, y no son pocos. Críticos y parte de la prensa, de derechas, le reprochan bloqueos masivos a periodistas y cargos públicos, un tono que en ocasiones roza el insulto personal, y el uso de tragedias —los incendios, la propia DANA— para atacar a rivales políticos, según ellos mismos. El tuit sobre Feijóo y Los Gallardos, por ejemplo, generó una fuerte reacción del PP, que le acusó de «dar vergüenza ajena» en pleno luto nacional, demostrando una vez que lso ‘destroyers’ por excelencia tienen la piel muy fina.

