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Latidos al límite: cómo prevenir la parada cardiaca y la muerte súbita en el deporte

La práctica de ejercicio físico constituye una de las estrategias básicas para mantener un estilo de vida saludable.

Sus beneficios para la salud son múltiples cuando se realiza de forma estructurada y planificada, siguiendo las recomendaciones de profesionales especializados.

Además, constituye una herramienta clave de salud pública dada su asociación con una menor mortalidad por todas las causas. Por ello, los casos de parada cardiaca súbita (PCS: interrupción brusca de la actividad cardiaca potencialmente reversible) o de muerte súbita cardiaca (MSC: fallecimiento secundario a una PCS no recuperada) en deportistas aparentemente sanos generan un gran impacto social cuando aparecen en los medios de comunicación.

Estas situaciones pueden producirse tanto en deportistas profesionales como en personas que practican deporte de forma recreativa. En ambos casos, el ejercicio físico puede actuar como desencadenante de una enfermedad cardiovascular previamente no diagnosticada, que puede manifestarse con una PCS o una MSC.

Múltiples factores de riesgo

Son acontecimientos poco frecuentes, pero con una gran repercusión y que obligan a establecer unas medidas preventivas por parte de los organismos responsables de la salud. Esta prevención se fundamenta en las posibles causas que desencadenan los episodios, que son variadas y complejas. Una de las mayores dificultades es identificar con precisión qué deportistas presentan un mayor riesgo, al ser colectivos tan amplios y heterogéneos.

Entre los factores de riesgo asociados a la PCS y la MSC están la edad, el sexo, el origen étnico, el tipo de deporte que se practica, la intensidad del ejercicio físico o la existencia de enfermedades cardiovasculares previas. La evidencia científica muestra que, en mayores de 35 años, la principal causa es la enfermedad coronaria aterosclerótica, mientras que en menores de 35 años predominan las dolencias hereditarias o estructurales del corazón, aunque en algunos casos no llega a identificarse una causa concreta.

No podemos olvidar otros factores relacionados como son las condiciones medioambientales extremas, la commotio cordis –traumatismo directo sobre el tórax que desencadena una arritmia potencialmente mortal– o el dopaje. El conocimiento de estos factores es clave para determinar de forma más específica en qué grupos de población hay que intervenir de forma preventiva y qué medidas son las más adecuadas en cada situación y colectivo.

Este artículo fue publicado originalmente en The Conversation. Lea el original.

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