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Zambras y polifonías para un emperador

Eduardo Paniagua y Música Antigua recuperaron anoche en el Auditorio Manuel de Falla la música de la Granada de 1526, el año en que la corte imperial escuchó zambras moriscas y acordó prohibirlas.

Eduardo Paniagua y Música Antigua recuperaron anoche en el Auditorio Manuel de Falla la música de la Granada de 1526, el año en que la corte imperial escuchó zambras moriscas y acordó prohibirlas.

El 7 de diciembre de 1526, Carlos V aprobó en Granada una serie de medidas para reprimir las costumbres de los moriscos. Entre ellas figuraban la prohibición de las zambras y las leilas, las fiestas con canto, baile y acompañamiento musical que habían animado la ciudad desde época nazarí. Seis meses antes, esas mismas zambras habían formado parte de los recibimientos de bienvenida para el emperador y su corte. Entre un acontecimiento y otro se escucharon en Granada estas mismas músicas del concierto Música cortesana y morisca en la Europa de Carlos V e Isabel de Portugal, que dirigió Paniagua y que abre el ciclo del V Centenario de la llegada de los emperadores a Granada.

Carlos V e Isabel de Portugal se habían casado en Sevilla en marzo de 1526 y llegaron a Granada a comienzos del verano. La visita, entre mayo y diciembre y en plena luna de miel, marcó un punto de inflexión. La ciudad era entonces una sociedad en transformación: los musulmanes granadinos llevaban dos décadas bautizados a la fuerza y la Corona buscaba integrarlos sin provocar una revuelta.

Eduardo Paniagua y Música Antigua

Durante los festejos de junio, las zambras moriscas ocuparon un lugar destacado en las recepciones reales y ceremonias diplomáticas. La zambra no era un entretenimiento marginal. Está documentada desde el siglo XIII, se asocia al reino nazarí y siguió practicándose tras la conquista cristiana, hasta el punto de integrarse en algunas celebraciones religiosas promovidas por fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada.

Una canción con apellido

El concierto se mueve entre ese mundo y el de la polifonía europea que acompañaba al emperador. Según la organización, el programa pone en diálogo la música secular de comienzos del siglo XVI con distintas tradiciones de raíz andalusí. Una de las obras anunciadas es Mille regretz, la llamada «Canción del Emperador».

Conviene precisar qué es esa canción. Es una chanson a cuatro voces sobre una despedida, con un texto de pesar por abandonar a la persona amada. Se atribuye a Josquin des Prez, aunque la autoría se discute. Su fama imperial procede de una fuente muy concreta. En 1538, el vihuelista Luis de Narváez la incluyó en Los seys libros del Delphín, publicados en Valladolid, con el subtítulo «La canción del Emperador». No es una variación sino una intabulación, es decir, la transcripción de una pieza vocal a la tablatura de la vihuela. El título sugiere que era una de las favoritas de Carlos V. Se ha apuntado que quizá le recordaba su juventud en la corte de Margarita de Austria, donde abundaban las chansons sobre el tema del pesar. Es una hipótesis, no un dato.

Narváez es además una buena puerta al ambiente musical que rodeaba a Isabel. Su nombre figura en documentos desde 1526, y ese mismo año, Antonio de Cabezón, ciego desde la infancia, entró como organista y clavicordista al servicio de la emperatriz. Cabezón y Narváez trabajarían después juntos en la corte de Felipe, hijo de ambos monarcas.

La música que se prohibió y se defendió

El título del concierto junta dos formas musicales que en 1526 chocaban. Cortesano era lo que se oía en palacio. Morisco era lo que se oía en las calles, en las bodas y en las fiestas de los barrios granadinos, y lo que estaba a punto de prohibirse.

El texto de la prohibición, tal como lo recoge la pragmática de 1567 que retomó las medidas de 1526, vetaba las zambras y las leilas, que son zambras nocturnas, y la música con instrumentos moriscos, incluso cuando no fuera contraria al cristianismo. La medida no llegó a aplicarse entonces: el emperador la suspendió a cambio de 80.000 ducados pagados por los moriscos granadinos. La prohibición se retomó en 1529.

Hay un detalle que complica la historia. En 1530, la emperatriz Isabel emitió una real cédula, que se conserva en la catedral de Granada, en la que intervenía en apoyo de las zambras moriscas. La misma corte que acordaba prohibir esa música la protegía cuando convenía, y la política cultural del imperio con Granada pasó por diversas fases. Las leilas acabaron prohibidas en la Junta de Toledo de 1539. En 1566, Felipe II volvió a vetar zambras y leilas, en el camino hacia la rebelión de las Alpujarras.

El arquitecto de las Cantigas

Paniagua es quizás el músico más adecuado para plantear ese diálogo. Nació en Madrid en 1952 y es arquitecto. A los 14 años ya tocaba flautas y percusión en Atrium Musicae, el conjunto de su hermano Gregorio, donde permaneció hasta 1983. En paralelo fundó Cálamus, centrado en la música medieval árabe y andalusí, y Hoquetus. En 1994 creó Música Antigua, dedicado a las Cantigas de Santa María de Alfonso X, y, junto al laudista Omar Metioui, el Ibn Báya Ensemble, para la música andalusí. Entre 1995 y 1998 grabó para Sony Classical la colección de música medieval Hispánica, y en total supera las 55 grabaciones. Su propio sello, Pneuma, publica buena parte de ellas. Suele dirigir con el qanún, las flautas, el pandero o el canto. Granada tampoco le es ajena. Su catálogo incluye La conquista de Granada: Isabel la Católica, siglos XV y XVI (2005) y Música cortesana en la Europa de Juana I de Castilla. El programa de anoche continúa esa serie con el siguiente reinado.

Lo que sigue en el ciclo

El ciclo Músicas para los emperadores Carlos V e Isabel, programado por el Patronato de la Alhambra y Generalife, continúa el 9 de octubre con 1526. Amor e Imperio en la Alhambra, una producción de música, teatro y danza, y cierra los días 10 y 11 con el estreno, en formato concierto, de La canción del Emperador, una ópera de nueva creación encargada con motivo del centenario.


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