
Dosier Brasil: Victoria con la ayuda de los evangélicos y los algoritmos
Tres factores explican el resultado: cierto descontento con el Gobierno en cuestiones económicas, una base evangélica muy controlada por la derecha y un ‘apoyo’ más que evidente de las grandes compañías tecnológicas.
Flávio Bolsonaro, senador del Partido Liberal (PL) e hijo mayor del expresidente Jair Bolsonaro, ganó la primera vuelta presidencial con el 47,04 % de los votos, frente al 45,15 % del presidente Luiz Inácio Lula da Silva, según el Tribunal Superior Electoral (TSE) con el 99,97 % del censo escrutado. Como ninguno superó el 50 % que exige la ley, ambos se enfrentarán en un balotaje, la segunda vuelta entre los dos más votados, el 25 de octubre. El resto de candidatos quedó muy lejos: el psiquiatra Augusto Cury sumó un 2,89 %, el ultraderechista Renan Santos un 2,24 %, el conservador Ronaldo Caiado un 2,18 % y el liberal Romeu Zema, un 0,27 %. La abstención fue del 21 %, pese a que el voto es obligatorio.
Tres factores explican el resultado: cierto descontento con el Gobierno en cuestiones económicas, una base evangélica muy controlada por la derecha y un ‘apoyo’ más que evidente de las grandes compañías tecnológicas. Hay pruebas de redes de amplificación y de fallos de las plataformas, de granjas de bots, y lo de que los algoritmos favorezcan deliberadamente a determinados partidos de derecha es ya una ‘verdad universal’ ampliamente publicada.
Los números de una remontada que se quedó corta
Flávio, de 45 años, superó los 55 millones de votos. Lideró el recuento desde el principio y rozó la victoria sin necesidad de segunda vuelta, pero su ventaja se redujo conforme llegaban los votos del noreste, el feudo tradicional del PT. Obtuvo casi cuatro puntos más que el 43,2 % de su padre en la primera vuelta de 2022, mientras que Lula retrocedió del 48,4 % de aquel año al 45,15 %. En el entorno del presidente ya se advertía, antes del escrutinio, de que necesitaba al menos cuatro puntos de margen para llegar al balotaje con cierta calma, algo que no ocurrió.
Los sondeos fallaron. El último Datafolha previo daba a Lula un 40 % y a Flávio un 36 % en la primera vuelta, y ni Datafolha ni Quaest, las dos principales firmas del país, anticiparon que el senador quedaría primero. Lo que sí apuntaban las encuestas de las últimas semanas era un avance suyo y un empate técnico para la segunda vuelta. Lula reconoció que estaba convencido de ganar en la primera vuelta y calificó el resultado de inesperado.
Un mapa partido en dos y un Senado que cambia de dueño
Lula dominó en el Norte y el Nordeste, mientras que Flávio arrasó en el Sur y el Centro-Oeste, y ganó São Paulo y Minas Gerais. El dato de Minas pesa más de lo que parece: ese estado ha votado al ganador en todas las presidenciales desde 1989, y Lula bajó allí del 48,3 % de 2022 al 43,21 %.
Lo más grave para el partido en el Gobierno está en el Senado. El PL pasó de 15 a 28 escaños en el Senado y tendrá, desde 2027, más de un tercio de la Cámara alta, el 34,6 %. Brasil eligió 20 gobernadores en primera vuelta: el PL fue la principal fuerza, con seis, y el PT conservó peso en el Nordeste con victorias en Piauí, Bahía y Ceará. La familia Bolsonaro amplió además su presencia en la Cámara alta: Michelle Bolsonaro ganó un escaño por el Distrito Federal y Carlos Bolsonaro fue elegido senador por Santa Catarina. El efecto práctico es sencillo: un presidente de izquierda con este Senado gobierna a base de pactos y vetos, y uno de derecha con el mismo Senado puede, sencillamente, legislar.
Por qué Lula perdió tanto terreno
Los analistas señalan varios factores, y ninguno resulta cómodo para el PT. El primero es la valoración del Gobierno: el analista Alberto Almeida atribuye el retroceso a la mala evaluación de la gestión de Lula, que casi la mitad de los brasileños desaprueba. El segundo es el bolsillo y la seguridad: la percepción negativa sobre el poder adquisitivo y la preocupación por el crimen, eje de la campaña de Flávio, restaron votos al presidente. La inducción a crear un malestar mayor del real a base de propaganda es una rama que la derecha usa en todo el mundo cuando gobierna la izquierda.
El tercero son los escándalos, que, como suele ser habitual, afectan más a la izquierda que a la derecha. La politóloga Luciana Santana señala la crisis del Supremo Tribunal Federal, con varios jueces salpicados por un caso de corrupción, como un factor que pudo dañar a Lula. Flávio también cargaba con los suyos: estaba bajo investigación por presuntas irregularidades vinculadas al financiamiento de la película Dark Horse, sobre su padre. Aun así, consiguió convertir la elección en una revuelta contra el sistema que juzgó y encarceló a Jair Bolsonaro. El escándalo no penalizó a quien se presentó como víctima del Sistema habiendo dado un auténtico golpe de estado.
El cuarto es la abstención. Llegó al 21,08 %, unos 33,5 millones de electores sobre 159 millones, una de las más altas de los últimos procesos, y se estima que perjudicó a Lula. La derecha, que en 2022 se presentó unida, llegó esta vez fragmentada, pero Flávio apeló al voto útil y fue absorbiendo apoyos de sus rivales conservadores en las últimas semanas.
El voto evangélico
Los evangélicos son una de las bases de la candidatura de Flávio. Según datos de Quaest recogidos para el Instituto de Estudios de la Religión (ISER), el 50 % de los brasileños de 16 años o más se declara católico y el 29 %, evangélico. Votan de forma casi opuesta. En el último Datafolha previo a la votación, de finales de septiembre, Flávio alcanzaba el 47 % de la intención de voto entre los evangélicos y Lula, el 27 %, aunque el presidente lideraba en el conjunto de la muestra, por 40 % a 36 %. Quaest daba un 46 % a 27 % a favor de Flávio el 28 de septiembre. En el escenario de segunda vuelta, Quaest medía un 54 % para Flávio y un 30 % para Lula entre los evangélicos, frente a un 50 % para Lula y un 37 % para Flávio entre los católicos. El evangelismo es un auténtico caballo de Troya dentro de las clases más humildes.
Frente a 2022, la brecha es algo menor, pero sigue siendo amplia: en la última encuesta Quaest previa a aquella primera vuelta, Jair Bolsonaro tenía el 48 % del voto evangélico y una ventaja de 24 puntos sobre Lula, que marcaba el 24 %. El punto de partida de la izquierda ha sido siempre bajo: en 2018, Haddad tenía solo el 15 % entre los evangélicos, según Datafolha.
¿Por qué pesa tanto este bloque? Victor Araújo, profesor de Política Comparada en la Universidad de Reading, apunta que el rechazo a Lula se concentra en la vertiente pentecostal, la más numerosa del país. La campaña de Flávio lo tuvo claro: creó un núcleo para trabajar cuerpo a cuerpo con este electorado y frenar el avance de Lula tras caer en algunas encuestas. Y la aritmética de una elección reñida lo agranda: según un experto citado por la BBC, para inclinar el resultado no hacen falta diez puntos de cambio dentro del segmento, bastan entre uno y tres.
El bloque, con todo, no es monolítico. El sociólogo Clemir Fernandes, del ISER, señala que entre los evangélicos negros el apoyo a Lula es mayor que entre los blancos, y una parte de los propios evangélicos rechaza la intervención política directa de las iglesias. Hay también señales de que el voto responde a medidas concretas. Tras la polémica en torno a Nuestra Señora y la prohibición de las apuestas en línea, vigente desde el 25 de septiembre, Quaest registró una subida de Lula del 23 % al 27 % entre los evangélicos en una semana, y el ISER indica que el 93 % de los evangélicos cree que las apuestas generan adicción y destruyen familias. Aun así, algunos aliados del presidente admiten que el cálculo electoral dio prioridad a los católicos y que conquistar el voto evangélico resulta difícil. Todos estos datos proceden de encuestas anteriores a la jornada: no se ha publicado todavía un desglose del voto real por religión, de modo que no puede afirmarse que los evangélicos decidieran la primera vuelta, sino que son la base estructural de Flávio y el factor que más condicionará la segunda.
Las redes sociales y los algoritmos
La campaña se libró también en las pantallas, y ahí la derecha parte con ventaja. La ventaja de partida es clara. Antes de que empezara la campaña oficial, un ranking de los políticos brasileños más influyentes en Instagram situaba a la derecha y a la centroderecha en 76 de los cien perfiles con mayor engagement medio, frente a un 16 % de la izquierda y la centroizquierda, con el PL en ocho de los diez primeros puestos. Durante la campaña, un estudio de HypeAuditor sobre Instagram y TikTok, entre el 24 de agosto y el 23 de septiembre, concluyó que Lula tiene más audiencia, pero que Flávio registra mayor crecimiento y más menciones.
El PT llevó al TSE una red de 324 perfiles de Instagram, con 492 publicaciones colaborativas (las collabs, una función que permite a varios perfiles publicar conjuntamente una misma pieza), que ampliaría contenidos favorables a Flávio; a esto se suman las granjas de contenido con inteligencia artificial. Un informe del Instituto Democracia em Xeque, analizado por Aos Fatos, identificó una red de 255 cuentas de Instagram que difundió 1.204 publicaciones generadas con IA y alcanzó 58 millones de visualizaciones en un mes. Flávio es la figura más etiquetada en esas publicaciones, con 34 menciones desde su perfil oficial, y las pocas que declaraban el uso de IA concentraron el 44 % de todo el engagement. En X, Aos Fatos documentó al menos 11 cuentas extranjeras con mensajes de pago favorables a Bolsonaro que usaban las cuotas de Polymarket como supuesto indicador de intención de voto.
El propio candidato también recurrió a la IA. Un estudio del Observatório IA nas Eleições lo identificó como el político que más contenidos políticos con IA publicó, 13 publicaciones, y halló que el 81 % de los contenidos de IA detectados eran manipulaciones de imagen o voz en las que Lula era el principal objetivo. Chequeado documentó que Flávio publicó en Instagram propaganda generada artificialmente sin etiquetar, pese a que la norma electoral exige indicar el uso de IA.
La prueba más cercana a un sesgo algorítmico es la auditoría de TikTok del NetLab de la Universidade Federal do Rio de Janeiro, y es más matizada de lo que podría esperarse. En tres días de pruebas, los investigadores registraron 24 recomendaciones de vídeos de 11 cuentas de candidatos que la resolución del TSE obliga a excluir de los sistemas de recomendación: cinco de Flávio, cuatro de Lucas Pavanato, cuatro de Nikolas Ferreira y dos de Lula. Los perfiles del PL concentran la mayoría, pero el fallo afecta a candidatos de varios partidos, y la nota técnica advierte de que los resultados no permiten describir de forma exhaustiva el funcionamiento del algoritmo. Lo que se constata es que la plataforma incumplió, en esas condiciones, el compromiso presentado a la Justicia Electoral.
Lo que está en juego
Jair Bolsonaro cumple prisión domiciliaria, condenado a 27 años por el intento de golpe de Estado contra Lula tras las elecciones de 2022, después de que el asalto de enero de 2023 evidenciara la presión de sus seguidores. Su hijo promete indultarlo y enfrentarse al Supremo Tribunal Federal, que lo juzgó. El presidente argentino, Javier Milei, felicitó a Flávio por quedar primero. La segunda vuelta es el 25 de octubre. La última encuesta previa daba a Lula un 47 % frente a un 46 % para Flávio. Hay un precedente que obliga a la cautela en ambos sentidos: en 2022, Lula ganó la primera vuelta con el 48,43 % contra el 43,20 % de Jair Bolsonaro y luego se impuso por 50,90 % a 49,10 %.
La suma del 2,89 % de Cury, el 2,24 % de Santos, el 2,18 % de Caiado y el 0,27 % de Zema da un 7,58 %, que añadido al 47,04 % de Flávio llegaría al 54,6 %. Es solo aritmética, porque los votos no se transfieren mecánicamente, pero explica por qué la ventaja inicial pesa. Lula, por su parte, depende de recuperar a parte de los 33,5 millones de electores que se quedaron en casa y de reconquistar Minas Gerais y el sureste. Flávio proclamó el fin de la era del PT, y Lula apeló a combatir su pasado tenebroso.
El largo camino hasta el 4 de octubre de 2026
El ciclo arranca con la segunda vuelta de 2022, en la que Lula venció por el 50,90 %. Jair Bolsonaro fue después condenado, inhabilitado para presentarse antes de 2030 y arrestado en 2025, y señaló a su hijo Flávio como heredero. El PL lo nominó oficialmente el 25 de julio de 2026. La campaña comenzó oficialmente el 16 de agosto. El 22 de septiembre, el TSE admitió la acción contra Flávio por las collabs; el 24, Datafolha publicó su último sondeo previo, con Lula al 40 % y Flávio al 36 %; y el 25 entró en vigor la prohibición de las apuestas en línea. El 4 de octubre se votó, y el 25 se decide la presidencia.

