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Entretejiendo maldades. El que pueda hacer que haga

El mismo día en que Pedro Sánchez anunció el adelanto electoral, José María Aznar decidió que no hacía falta esperar a la campaña para hacer lo que mejor hace: el botarate.

OPINIÓN

En las jornadas «1936: La guerra que perdimos todos», en la Fundación Cajasol de Sevilla, calificó el 29 de noviembre como las elecciones más importantes desde el inicio de la Transición y sostuvo que, si Sánchez vuelve a gobernar, peligran la Constitución, la unidad de España y la monarquía. No por esperada, una barbaridad semejante se puede quedar sin contestar.

Las elecciones decisivas, históricas e irrepetibles se han vuelto un género en sí mismo, y Aznar es un habitual de este género de literatura ‘idiota’. A Aznar, como expresidente, no se le puede perdonar que pueda decir tan pancho que, de mantenerse la actual coalición de gobierno, supondría el final del sistema constitucional, o que hay que frenar un cambio de sistema o el fin de la monarquía, etc. Cuando cada cita electoral es la última oportunidad de salvar España, la advertencia pierde valor y el que suelta semejantes boutades gana en al tómbola mediática los calificativos de pánfilo, idiota y botarate con todo el mérito.

Preguntado el botarate Aznar por si el supuesto proceso constituyente desembocaría en una república, Aznar respondió con un categórico «Absolutamente, está claro». También dijo que la república sería «el gran sueño» de quien ha convocado las elecciones y cosas parecidas. Como si fuera ilegítimo o como si nada de esto estuviera ahora mismo encima de la mesa o de la agenda política de nadie, como si el problema de la vivienda no fuera lo suficientemente urgente, pero es obvio que se trata precisamente de eso, que los de derechas que no encuentran alquileres asequibles o pisos a precios razonable para comprar se preocupen más por el advenimiento de la III República.

Aznar alertó además de un posible riesgo de «alteración del censo electoral», en referencia a medidas como la llamada «ley de nietos», y afirmó que quien lo hizo en su casa es capaz de hacerlo en la casa de todos. Un expresidente, además presidente de honor del PP, debería medir el efecto de sus palabras sobre la confianza en las instituciones electorales. Pero un presidente botarate se lo puede permitir. Si hay una irregularidad concreta, debe denunciarla ante quien corresponda, ¿no?

Curiosamente planteó también el reto, a día de hoy imposible para el PP, de conseguir 165 escaños, así, dicho a tontas y a locas, como buen botarate que es. Dijo que la «reconstrucción» de España solo sería viable con una proporción holgada de 165 escaños del PP frente a 35 de Vox, de modo que cualquier resultado inferior, y Feijóo tiene todos los números para que lo sea, se leerá como un fracaso, de manera que queda en las manos del botarate Aznar fijar la estrategia futura, imaginaria de momento, de un gobierno nacionalcatólico PP/Vox y la ruta, del bacalao, a seguir.

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