
Lío, lío, que yo no he ‘sio’
En el PP no hay ideología como tal, al contrario, lo que más les sorprende a los peperos es que la gente tenga ideología, que más bien consideran una especie de defecto, en todo caso una cosa así antigua como la teología, de corsé doctrinal. Los del PP no creen en nada, tampoco en Dios, aunque seguramente sí en el santo de referencia de su pueblo y en la Virgen del Rocío, que probablemente se venere ya desde varios siglos antes de Jesucristo. Hablo en general, habrá de todo, seguro.
Hay que dar una mala noticia: el niño bueno saliendo de misa (aunque urdiendo el copago sanitario a toda prisa) de la canción de la campaña electoral de las autonómicas andaluzas acaba de entrar, y muy de lleno, en la pubertad. El traje de primera comunión se le ha quedado pequeño y ahora se junta con unos golferas que, si bien son ‘de los nuestros’, en depende de qué cosas tienen aún menos escrúpulos que los ‘nuestros’. Ahí está el tal Gavira, que tiene ese perfil típico del acosador de barrio, pero con un corazón mu grande, ole, y ya le han abierto los brazos los grandes anfitriones del partido, empezando por Carolina España Reina (no se puede tener un nombre y unos apellidos más acogedores), que tratarán de, sin necesidad de rejonearlo, a Gavira, digo, asimilarlo a los usos y costumbres del PP. Porque el PP es eso: usos y costumbres y pasarlo bien. El PP no es, no podría ser de ninguna manera, ‘un estado mental’, porque la azotea se usa poco o incluso nada en ese partido, lo suyo es maquinar para sacarle el máximo rendimiento a todo, en todo caso podría ser un estado postural, o una actitud estética. Tampoco podríamos hablar de liquidez, no en el sentido de la Modernidad Líquida, la Vida líquida, y el Amor líquido de Zygmunt Bauman, ni siquiera en el de Bruce Lee; ‘Be water, my friend’, aunque sí en lo de la liquidez económica, que es la que realmente importa.
En el PP no hay ideología como tal, al contrario, lo que más les sorprende a los peperos es que la gente tenga ideología, que más bien consideran una especie de defecto, en todo caso una cosa así antigua como la teología, de corsé doctrinal. Los del PP no creen en nada, tampoco en Dios, aunque seguramente sí en el santo de referencia de su pueblo y en la Virgen del Rocío, que probablemente se venere ya desde varios siglos antes de Jesucristo. Hablo en general, habrá de todo, seguro. De hecho, en Almería tenemos a un exvicepresidente de la Diputación que cuando estaba en los calabozos por asuntillos de corrupción sin importancia pidió un rosario. Como dice el Romance del prisionero: ‘Cárcel tengo por fuera, cárcel por dentro, voy vagando y vagando, puerta no encuentro’.

La ‘mayoría natural’ que preconizaba Fraga, el fundador, era eso, un estado acomodaticio y nacionalcatólico en el que todo el mundo, salvo los cuatro chalaos conflictivos, pertenece o quiere pertenecer al mismo club guay de afectos al régimen y gentes respetuosas con la jerarquía, una patria de partido ganador único con apariencia democrática donde estuvieran representados los grandes poderes del Estado, los legales y legítimos y los otros. El problema del PP es que, como también decía la famosa copla del Gran Combo de Puerto Rico, ‘No hay cama pa tanta gente’. En el PP sin dinero, sin sueldazos, sin comisiones, sin mamandurrias, sin colocaciones de familiares, sin favores extralegales, etc., no hay rock and roll. Y no hay pa tos, porque son muchos los llamados y pocos los elegidos, y los elegidos no parece que lo sean precisamente por sus virtudes.
La fundación de Vox fue fruto de eso: un pequeño círculo de disidentes de derechas en la era M. Rajoy más a la derecha que el PP más de derechas, influidos quién sabe si por las nuevas tendencias trumpistas, sionistas, anarcoliberales o simplemente por los que pusieron la pasta, se habla del exilio iraní (estamos hablando probablemente del MOSAD), o influenciados quizá por esa respuesta católica a la hegemonía evangélica del ‘dinero y la alta condición social son regalos de Dios, y por algo será, por voluntad divina, por qué va a ser si no’, que son el Opus, el Yunque, Abogados Cristianos, Hazte Oír y todo los demás—, que ahora parecen haber abandonado a Vox y que están a la busca de otras siglas, veremos sin con Espinosa de los Monteros y la señora de Clegg, el exlíder liberal inglés, la española que ha registrado el partido Democracia 21. PP y Vox no son, por tanto, dos; son uno y trino. La tercera parte de la Santísima Trinidad es el dinero, que es realmente, perdónenme la herejía, el Padre Eterno y el núcleo mismo del Sistema Mundo también conocido como Dios.
Bajando de nuevo al suelo; digámoslo claro: el guion ya estaba escrito: mientras Vox con ayuda de los algoritmos raspaba y raspaba votos entre las rentas bajas, hasta que han tocado techo, el PP debía jugar a la moderación, sobre todo en Andalucía, porque a la Niña del Exorcista (Díaz Ayuso) la tienen dislocá con todo esto de que a su maromo, el señor Quirón, por culpa del dinerillo que parece que tienen a medias para sus gastillos, lo pueden meter en la cárcel, aunque la Justicia les está echando una mano, eso sí. Qué menos. Es que los de Ayuso hasta ponen en cuestión la legitimidad democrática, con lo cual no cabe ninguna duda que el PP del Radial Madrid necesitaba un contrapeso sólido en una comunidad autónoma grande como Andalucía, pero ahora todos a una, Fuenteovejuna.
Sin la posibilidad de conseguir la mayoría absoluta, sin la aparente y calculada moderación, Moreno Bonilla —incluso con la ingente cantidad de dinero puesto en prensa del régimen y propaganda, postureo, pompa y circunstancia— probablemente no habría ganado las elecciones. Bueno, también han sabido aprovecharse de los errores ajenos, porque sacar a la candidata rival, María Jesús Montero, dos meses antes del Consejo de Ministros y mandarla a luchar a Andalucía con tan poco tiempo contra los elementos, y menudos elementos, también tiene su mérito. La cuestión es que los del PP andaluz cumplieron su papel y casi estuvieron a punto de superar las expectativas, porque al PP las campañas les funcionan, incluso con un candidato sin capacidad dialéctica alguna y sin ni un gramo de inteligencia política que, en los debates, demostró realmente su nulidad, pero con el que se ‘compadecieron’ muchos de sus votantes. Nunca subestimes el poder blando, blandengue, en la política, my friend, a muchos lo que más les gusta es chupar el helado derretido (alusión a la ilustración de este artículo).
Sabían que si no alcanzaban la mayoría absoluta, habría lío, pero poco, que tendrían que duplicar las reuniones importantes, unas con Gavira, las oficiales, otras sin Gavira, que es una pesadez, que habrá que repartir, que habrá que tener más cuidado con las cosas que se dicen y que circulan por los pasillos (de ahí limitar el número de consejeros de Vox hasta el mínimo: uno, pero trino) aunque, la verdad, al final nos movemos por los mismos círculos, y las grandes rentabilidades que proporcionan determinadas actividades se lavan por los mismos sitios y con los mismos mecanismos: inversión inmobiliaria, fest latinos, fest griegos, fest arameos, cateticos fest, casetas, ferias y fiestas, centros comerciales, hostelería… Por cierto, ¿cómo se podría llamar un libro tipo Fariña en Andalucía? Yo lo llamaría ¡Hay caaaaal! Lo que puede ocurrir a partir de ahora te sorprenderá.

