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¿Está Almería lista para la feria?

‘Solo a la señora Vázquez se le ocurre empantanar la Puerta Purchena en agosto, cortando el tráfico, con la Feria a la vuelta de la esquina, fastidiando a comerciantes, turistas y vecinos y sin soluciones alternativas. Todo lo que toca lo convierte en una gestión caótica.’

Juanfra Colomina, el Secretario General del PSOE de la capital almeriense, publicaba en redes, al pie de la foto que acompaña este artículo: ‘Solo a la señora Vázquez se le ocurre empantanar la Puerta Purchena en agosto, cortando el tráfico, con la Feria a la vuelta de la esquina, fastidiando a comerciantes, turistas y vecinos y sin soluciones alternativas. Todo lo que toca lo convierte en una gestión caótica.’

Pero las críticas a la gestión en las obras en Almería, las del centro urbano, que parece eternizarse y están absolutamente fuera de plazo, o las de unos barrios ‘abandonados’ que según los denunciantes, por parte del PSOE de Almería: Colomina, Ruano o Fátima Herrera.

El Paseo de nunca acabar

El Paseo de Almería lleva camino de convertirse en una especie de catedral gótica del siglo XXI, pero seguramente sin la espectacularidad de estas, que nadie espere que los turistas ‘arquitectónicos’ y urbanísticos acudan en masa como acuden a ver la Sagrada Familia de Barcelona ya acabada. O quizás es una especie de eterna opus in fieri y no acabamos de asimilar el concepto. Las obras de remodelación se adjudicaron en diciembre de 2024 por 11.195.914 euros y un plazo de ejecución de doce meses, es decir, deberían haber concluido a mediados de enero de 2026. Año y medio después de que se pusiera la primera piedra, el proyecto sigue en marcha: primero se concedió una prórroga de cuatro meses y medio, después otra de dieciocho semanas adicionales, y la última fecha fijada por la Gerencia Municipal de Urbanismo sitúa el final de los trabajos el 30 de septiembre de 2026, casi nueve meses después de lo previsto y una vez pasada la feria y la con los niños en el cole.

Las razones argüidas desde la gerencia municipal van desde los problemas en la producción del pavimento de piedra natural procedente de una cantera de Alhama de Almería, el hallazgo de una losa de protección arqueológica en la Puerta de Purchena, interferencias con canalizaciones y la necesidad de trasladar un centro de transformación eléctrica en la plaza Juan Cassinello. El Ayuntamiento las califica de «causas sobrevenidas y no imputables» a la empresa adjudicataria; la oposición, de excusas que se repiten obra tras obra.

El centro de Almería, qué corte

Más allá del calendario, lo que más ha desgastado la paciencia vecinal es la sucesión de cortes de tráfico en el nudo de la Puerta de Purchena, el cruce más transitado de la ciudad. En julio, el corte se mantuvo de forma continua entre el día 7 y el 24, obligando a modificar el recorrido de varias líneas de autobús urbano y dejando fuera de servicio cinco paradas. Apenas dos semanas después, el Ayuntamiento ha anunciado nuevos trabajos de asfaltado nocturno en la Puerta de Purchena y la Avenida Reina Regente para la noche del 9 al 10 de agosto, con cortes puntuales ya registrados los días previos por las labores de fresado. La coincidencia de estas obras con la proximidad de la Feria de Almería, que se celebra a finales de mes, ha reavivado las quejas de comerciantes y hosteleros del centro, que llevan meses reclamando información clara sobre plazos y alternativas de circulación.

La portavoz socialista en el Ayuntamiento, Fátima Herrera, resumió esa sensación de agotamiento al calificar los presupuestos municipales de 2026 como «los presupuestos del agotamiento» y sostener que la intervención en el Paseo «ha puesto patas arriba el centro», con comerciantes «asfixiados económicamente» y sin explicaciones claras sobre los retrasos. El equipo de gobierno, con la alcaldesa María del Mar Vázquez al frente y la concejala de Urbanismo, Vivienda y Fiestas Mayores, Eloísa Cabrera, como responsable directa del área, ha respondido acusando a la oposición de «obstaculizar en lugar de sumar» y defendiendo que se trata de «una de las más transformadoras» actuaciones que vive la ciudad. Entre la reivindicación institucional y el malestar comercial, quien sostiene el coste real de la obra —en tiempo, ingresos y paciencia— es el vecino y el pequeño negocio del centro, que ve cómo cada verano se reabre una zanja distinta en el mismo punto neurálgico.

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