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Almería: ¿Quienes fueron ‘los coloraos’?

La epopeya liberal que marcó a fuego la historia de Almería

Un desembarco desesperado en plena Década Ominosa

En la noche del 6 de agosto de 1824, cuarenta y nueve voluntarios zarparon de Gibraltar a bordo del bergantín inglés Federico con un objetivo tan ambicioso como temerario: desembarcar en las costas de Almería y encender la mecha de un levantamiento liberal contra el régimen absolutista de Fernando VII. Corría lo que la historiografía conoce como la Década Ominosa, el periodo de dura represión que el monarca impuso tras la caída del Trienio Liberal (1820-1823), con el apoyo militar de los Cien Mil Hijos de San Luis. En ese contexto de persecución, el exilio se había convertido en la única vía de supervivencia para buena parte de los liberales españoles, muchos de los cuales se refugiaron en Gibraltar, Londres o Francia con la esperanza de regresar armados a restaurar la Constitución de Cádiz de 1812.

Al frente de la expedición figuraba el coronel Pablo Iglesias González, veterano del constitucionalismo español. Le acompañaba un grupo heterogéneo de correligionarios extranjeros que da buena muestra del carácter internacional que había adquirido la causa liberal española: el antiguo general del ejército francés Cugnet de Montarlot, los activistas irlandeses Thomas Reiss y William Gusty, y el periodista Benigno Morales, editor del combativo periódico madrileño El Zurriago.

El origen del apodo

Los expedicionarios vestían camisas de color rojo, un detalle que dio origen al sobrenombre con el que la tradición popular almeriense los recuerda hasta hoy: los Coloraos. Esta es la explicación más extendida del apodo, aunque conviene señalar que no es la única lectura que se ha propuesto sobre su origen; la propia historiadora Carmen Ravassa Lao, en su obra El «colorao» no es rojo (2016), invita a matizar esa asociación directa entre el término y el color de las camisolas, apuntando a otras posibles raíces del apelativo. Se trata de un buen ejemplo de cómo, incluso en episodios bien documentados, quedan flecos por resolver para la investigación histórica.

Foto recreación Los Coloraos | Juanfra Colomina

El fracaso militar y la represión

El desembarco no salió como estaba previsto. Las fuerzas realistas, alertadas y muy superiores en número, cercaron rápidamente a los insurrectos. Una parte del grupo, con el capitán Pedro Valdés al frente, logró escapar en lanchas hasta Tánger, evitando así la captura. Quienes no consiguieron huir corrieron peor suerte: los liberales apresados en la zona de Tarifa fueron sometidos a un juicio sumarísimo y fusilados junto a las tapias del cementerio de Algeciras.

En Almería, veintidós de los expedicionarios capturados fueron condenados a muerte y ejecutados junto a la Rambla de Belén, a la altura de lo que hoy es la calle Granada. Su sacrificio, lejos de caer en el olvido, terminaría convirtiéndose con el paso de las décadas en uno de los episodios fundacionales de la memoria liberal de la ciudad.

Del oprobio a la reivindicación: el Pingurucho

La suerte póstuma de los Coloraos fue tan azarosa como su gesta. Ejecutados como reos por el poder absolutista, su figura tardaría poco más de una década en ser rehabilitada: con el triunfo del liberalismo, en 1837 se erigió en la Plaza Vieja de Almería un obelisco en su memoria, el llamado Monumento a los Mártires de la Libertad, conocido cariñosamente por los almerienses como «el Pingurucho».

El monumento se convirtió, con el tiempo, en un termómetro político de la propia ciudad. Fue derribado durante la dictadura de Primo de Rivera y, más tarde, en 1943, las autoridades franquistas volvieron a demolerlo coincidiendo con la primera visita del general Franco a Almería, al considerarlo un símbolo subversivo. No sería repuesto hasta 1987, cuando sectores progresistas de la ciudad impulsaron su restitución y recuperaron, junto a ella, el homenaje institucional que cada 24 de agosto recuerda a los fusilados.

Una memoria viva doscientos años después

El episodio de los Coloraos ha cobrado renovado protagonismo con motivo de su bicentenario. En los últimos años, el Ayuntamiento de Almería y la Asociación por el Bicentenario de Los Coloraos han impulsado exhumaciones de los restos de los veintidós liberales fusilados y han organizado recreaciones históricas de la sentencia y el fusilamiento, que recorren cada agosto las calles del centro histórico —desde la Puerta Purchena hasta la Plaza Vieja— con decenas de actores y figurantes, muchos de ellos procedentes de asociaciones liberales de otros puntos de Andalucía. Estas actividades se enmarcan en la programación de la Feria y Fiestas en honor a la Virgen del Mar y culminan en el tradicional acto institucional del 24 de agosto.

Doscientos años después de aquel desembarco fallido, los Coloraos siguen ocupando un lugar central en la identidad histórica de Almería: un episodio que resume, en apenas unas horas de agosto de 1824, las tensiones, las esperanzas y los sacrificios de toda una generación de liberales españoles.

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