
La cirugía estética ha salido de las consultas: así crean nuevos estándares de belleza la televisión y las redes sociales
La medicina estética no es un fenómeno nuevo. Lo que sí ha cambiado de forma radical es la manera en que la sociedad accede a la información sobre estos procedimientos y construye su percepción sobre ellos. Ahora la primera toma de contacto ya no se limita al ámbito sanitario.
Hace apenas unos años la mayoría de los procedimientos de medicina estética quedaban en el ámbito privado de la consulta, entre el profesional y el paciente. Hoy basta con acceder a cualquier red social para encontrarse con cientos de publicaciones sobre estas intervenciones. Lo que antes era un acto sanitario, ahora también forma parte del contenido digital que consumimos cada día.
Este cambio va mucho más allá de una cuestión estética. Puede influir en cómo percibimos los beneficios de estos procedimientos, sus riesgos y, en última instancia, en las decisiones que tomamos sobre nuestra propia salud. ¿Estamos normalizando la medicina estética sin apenas darnos cuenta?
De la consulta a las redes sociales
La medicina estética no es un fenómeno nuevo. Lo que sí ha cambiado de forma radical es la manera en que la sociedad accede a la información sobre estos procedimientos y construye su percepción sobre ellos. Ahora la primera toma de contacto ya no se limita al ámbito sanitario.
Las redes sociales se han convertido en un escenario donde millones de usuarios se exponen a contenidos relacionados con la medicina estética. En los entornos digitales, personas influyentes, personajes televisivos y otros creadores de contenido comparten sus tratamientos, muestran sus resultados y relatan sus experiencias con un lenguaje cercano.
Todo esto crea el formato idóneo para captar la atención de la audiencia. Lo que antes parecía reservado a una minoría forma ahora parte de las conversaciones cotidianas.
El antes y el después: el foco en los resultados
Las redes sociales muestran una versión muy concreta de la medicina estética. Los procedimientos suelen presentarse a través de imágenes del antes y el después, con vídeos y relatos en primera persona que ponen el foco en los resultados estéticos. Este tipo de contenidos ayudan a moldear la percepción que la sociedad tiene de ellos.
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Esta tendencia se refleja en un reciente trabajo de fin de grado realizado en la Universidad de Zaragoza. En él se analizaron las publicaciones compartidas por los participantes de uno de los programas televisivos con mayor audiencia entre la población joven española: La isla de las tentaciones.
Los resultados mostraron que 7 de cada 10 participantes se habían sometido a procedimientos de medicina estética y habían compartido esa experiencia en sus redes sociales. Además, la mayoría de esos jóvenes (79 %) recurrieron a estos tratamientos en más de una ocasión, sobre todo en el caso de las mujeres. Las infiltraciones de ácido hialurónico fueron el procedimiento más frecuente: casi la mitad se había sometido a ellas (47 %).
Esta investigación también reveló que este tipo de contenidos era cada vez más frecuente entre las sucesivas ediciones analizadas. Tres cuartas partes de esas publicaciones estaban vinculadas a colaboraciones con clínicas estéticas.
¿Pero cómo se transmite el mensaje en las redes sociales? La mayoría de las publicaciones proyectan una imagen idealizada de los procedimientos de medicina estética, centradas casi exclusivamente en los cambios obtenidos. Y quedan relegados a un segundo plano otros aspectos igualmente esenciales, como los posibles efectos adversos.
Esta forma de comunicar resulta especialmente dañina en el ámbito de la salud. Una selección parcial o incompleta de la información puede influir en la manera en que las personas comprenden una enfermedad, valoran un tratamiento y toman decisiones relacionadas con su propia salud. También puede contribuir a normalizar estos procedimientos al presentarlos como prácticas sencillas, accesibles y rápidas, sin contextualizar adecuadamente los riesgos ni las limitaciones clínicas.
Lo que queda fuera del relato
Ninguna de las publicaciones analizadas hacía referencia a las posibles complicaciones, efectos adversos, limitaciones o cuidados posteriores asociados a estos procedimientos. Tampoco se explicaba que muchos de ellos requieren revisiones periódicas o futuras intervenciones para mantener los resultados a lo largo del tiempo.
Esta circunstancia cobra todavía mayor importancia si se tiene en cuenta que buena parte de los contenidos analizados respondían a colaboraciones promocionales con clínicas estéticas y eran difundidos por personas con una gran capacidad para influir en miles de seguidores, especialmente jóvenes.
Cuando un procedimiento sanitario se comunica con una finalidad predominantemente comercial, el equilibrio informativo deja de ser una cuestión deseable para convertirse en una responsabilidad. Presentar únicamente los beneficios y omitir los riesgos dificulta que las personas puedan tomar decisiones verdaderamente informadas sobre su propia salud.
Más allá de la estética
La creciente presencia de la medicina estética en las redes sociales refleja un cambio que va mucho más allá de la comunicación de unos determinados procedimientos. Cuando estas intervenciones pasan a formar parte del contenido digital que consumimos a diario también pueden influir en la construcción de los estándares de belleza, en la percepción del propio cuerpo y en las decisiones relacionadas con la salud.
En este escenario, conviene preguntarse hasta qué punto elegimos libremente. O si, sin apenas darnos cuenta, estamos normalizando modelos e ideales de belleza que el entorno digital presenta como cotidianos y deseables.
En este artículo ha participado Lorena Eizaguerri Burillo, graduada en Enfermería.

