
Alemania: por qué la AfD ganó en Sajonia-Anhalt y cómo pinta ahora el panorama
La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se quedó a un paso de lograr la mayoría absoluta, con un 43,8% de los votos, cuatro puntos por encima de lo que marcaban las encuestas.
Los resultados de las elecciones regionales en Sajonia-Anhalt del 6 de septiembre han sido mucho peores de lo que temían los partidos tradicionales alemanes. La ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD) se quedó a un paso de lograr la mayoría absoluta, con un 43,8% de los votos, cuatro puntos por encima de lo que marcaban las encuestas. En cambio, el apoyo a la conservadora Unión Demócrata Cristiana (CDU) se desplomó: el partido gobernante se quedó en un 17,2%, muy lejos del 37,1% obtenido en 2021 y por debajo de todas las previsiones.
La participación aumentó notablemente, hasta casi el 78%, frente a los comicios de 2021, y ese incremento benefició claramente a la AfD. Los análisis apuntan a que su crecimiento procedió sobre todo de antiguos abstencionistas, a los que se sumaron numerosos exvotantes de la CDU. La campaña estuvo muy polarizada: antes de votar, un 41% de los encuestados prefería un gobierno liderado por la AfD y un 46% uno encabezado por la CDU. Este clima tuvo efectos sorprendentes, como el relativo buen resultado, en términos comparativos, de los socialdemócratas del SPD y de Los Verdes. Ambos partidos recibieron apoyo “táctico” de votantes de la CDU y de La Izquierda para asegurar que superaran el umbral del 5% y obtuvieran escaños en el Landtag.
Escenarios de gobierno
La AfD había anunciado que solo intentaría gobernar si lograba la mayoría absoluta. Ahora, sin embargo, tiene varias vías para que su candidato, Ulrich Siegmund, sea elegido ministro-presidente de Sajonia-Anhalt. La opción más probable es un acuerdo con el Bündnis Sahra Wagenknecht (BSW), una formación que combina políticas económicas de izquierdas con posturas conservadoras en materias como la migración.
La noche electoral, el BSW dejó claro que compartía “puntos en común” con la AfD en cuestiones clave y consideró “totalmente antidemocrático” excluir por completo a la AfD del gobierno. Si esa vía no cuaja, otra posibilidad sería lograr el apoyo de algunos diputados de la CDU. La elección del ministro-presidente es secreta, y varios diputados reelegidos de la CDU llevan tiempo defendiendo mayor apertura para colaborar con la AfD.
Una victoria transversal: clase trabajadora, jóvenes y descontento económico
A la AfD le fue especialmente bien entre los votantes de clase trabajadora (59%), los de menor nivel educativo (57%) y quienes percibían su situación económica como mala (65%). Pero incluso entre universitarios (30%) y votantes que se consideraban en buena situación económica (37%), obtuvo resultados notables. También superó el 40% de apoyo en todos los grupos de edad, excepto entre los mayores de 70 años (31%). Con estos datos, la AfD puede presentarse como una Volkspartei, un “partido del pueblo”, con respaldo en todos los estratos sociales y en todo el territorio regional.
Más allá de la inmigración
No fue una elección de un solo tema. Las encuestas a pie de urna revelaron que la inmigración fue un factor clave para los votantes de la AfD: un 91% de ellos se mostraba muy preocupado por “que vivieran demasiados extranjeros en Alemania”. Pero también pesaron la seguridad y la economía. Existía un descontento generalizado (66% del electorado) con el gobierno regional, liderado por la CDU desde 2002. Sin embargo, la valoración del gobierno federal de Friedrich Merz en Berlín fue aún peor: un 83% consideraba que no se preocupaba lo suficiente por los problemas de la gente corriente. Solo un 20% de los votantes en Sajonia-Anhalt confía en que la situación del país mejore sustancialmente en los próximos años.
A estos sentimientos, presentes en toda Alemania aunque más intensos en los estados del este, se suma un malestar específicamente oriental: el 73% de los votantes en Sajonia-Anhalt cree que los orientales siguen siendo tratados como ciudadanos de segunda en muchas situaciones. Esta opinión la comparten el 83% de los votantes de la AfD. La formación ha sabido movilizar quejas sobre la reunificación y cierta nostalgia por la época de la Alemania Oriental comunista.
Si la AfD gobierna
Si la AfD logra formar gobierno, habrá una estrecha vigilancia sobre hasta qué punto puede implementar su programa de ultraderecha y si confirma la valoración de los servicios de inteligencia alemanes de que el partido es claramente “extremista de derechas” en el estado. En áreas como educación, cultura, orden público y radiotelevisión pública, la AfD avanzará con determinación, aunque es probable que las medidas más radicales enfrenten desafíos legales persistentes. Entre ellas, intentos de obligar al profesorado a representar posiciones ideológicas concretas en las escuelas.
La AfD también aprovechará su posición para ganar visibilidad. Cada vez que los tribunales u otros partidos le impidan cumplir sus objetivos, podrá presentarse como víctima de “conjuras del establishment”, una táctica populista muy habitual.
Consecuencias para Merz y para el sistema de partidos
Los resultados complican aún más la posición de Friedrich Merz. Ya tan impopular como cualquier canciller en la historia reciente de Alemania, no puede esperar ningún impulso de las elecciones estatales en Mecklemburgo-Pomerania Occidental del 20 de septiembre, que se perfilan como un pulso directo entre la AfD y el SPD.
El mismo día, en Berlín, con su panorama político muy fragmentado, la CDU de Merz podría quedar en primer lugar, pero con un porcentaje de votos bajo. Eso no sería un cambio de juego.
Lo crucial es que muchos diputados de la CDU exigirán cambios. La mayoría empujará hacia un desplazamiento a la derecha para cerrar un flanco que la AfD puede explotar, algo difícil de lograr en coalición con su socio actual, el SPD. Otros presionarán para reabrir grandes paquetes de reformas, como el de las pensiones, previsto para decidirse en otoño, señalando la pérdida de apoyo entre los votantes de clase trabajadora. Sin embargo, eso chocaría con el análisis de Merz sobre lo que Alemania necesita para reactivar su economía.
¿Hacia un sistema ingobernable?
Sajonia-Anhalt plantea una pregunta incómoda no solo a Merz, sino a la sociedad alemana: ¿está el país tan fragmentado políticamente que se está volviendo casi ingobernable?
Las coaliciones “fáciles” (demócratacristianos con liberales o socialdemócratas con verdes) apenas sumarían un 25% en unas elecciones federales. Así, los partidos tradicionales se ven obligados a formar gobiernos con formaciones con las que discrepan de fondo, simplemente para mantener fuera a la AfD.
Estos gobiernos discuten, posponen decisiones por falta de acuerdo y, en ocasiones, colapsan. De esa dinámica negativa, la AfD es capaz de sacar provecho.

