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Hacer amigos en la universidad: más difícil de lo que parece, pero no tanto como crees

La universidad es un entorno peculiar. Por un lado, estás rodeado de miles de personas en una situación similar a la tuya: lejos de casa, con ganas de conocer gente, compartiendo clases, residencias o actividades.

Llegar a la universidad con la idea de que vas a hacer amigos para toda la vida en cuestión de semanas es como irse de vacaciones esperando que todo salga perfecto: una expectativa que, más que ayudarte, te pone una presión innecesaria. El artículo publicado en The Conversation por los autores originales (cuyo análisis se basa en evidencia psicológica y sociológica reciente) pone los pies en la tierra y explica por qué hacer amigos en la universidad se siente más difícil de lo que realmente es, y cómo esa percepción puede estar jugando en nuestra contra.

Lo primero que deja claro el texto es que hacer amigos, ya sea en la universidad o en cualquier otra etapa de la vida, requiere tiempo e interacciones repetidas. No es algo que ocurra de la noche a la mañana, por mucho que las películas y las series nos hayan vendido lo contrario. El problema es que tendemos a malinterpretar y sobreanalizar lo bien que lo estamos haciendo. Si no has conectado con nadie en la primera semana, es fácil pensar que algo va mal contigo, cuando en realidad lo que ocurre es que simplemente necesitas más tiempo.

En teoría, es el escenario perfecto para hacer amistades. Pero en la práctica, hay factores que lo complican. Los horarios son más flexibles que en el instituto, las clases son masivas y es fácil sentirse uno más entre la multitud, las rutinas son distintas para cada cual y, para colmo, muchos llegan con sus amigos del cole ya hechos, lo que dificulta integrarse en grupos nuevos.

A eso se suman las barreras psicológicas. El miedo al rechazo, la timidez, la introversión o la ansiedad social pueden hacer que dar el primer paso resulte intimidante. Muchos estudiantes, sobre todo los más jóvenes, se sienten inseguros sobre sus habilidades sociales y temen quedar en ridículo si intentan entablar conversación. Otros, simplemente, no saben cómo abordar a alguien sin parecer raros o pesados. Y luego está el factor cultural: los estudiantes internacionales o aquellos con backgrounds muy diferentes pueden encontrar dificultades añadidas por las barreras lingüísticas o las diferencias de costumbres.

Pero aquí viene la parte esperanzadora del análisis: a pesar de todas estas dificultades, la mayoría de los estudiantes acaban haciendo amigos. No siempre en la primera semana, ni siquiera en el primer trimestre, pero lo hacen. La clave está en entender que la amistad no es un interruptor que se enciende de golpe, sino un proceso que se construye poco a poco. Las interacciones breves y repetidas en clase, en la biblioteca, en las actividades extraescolares o en las residencias van sumando y, con el tiempo, algunas de esas conexiones superficiales se convierten en amistades de verdad.

El artículo también apunta a un fenómeno curioso: la soledad puede convertirse en una profecía autocumplida. Si te sientes solo, es normal que quieras ser más social, pero paradójicamente, esa misma sensación puede llevarte a evitar situaciones sociales por miedo a ser rechazado o a no encajar. El resultado es que te aíslas aún más, lo que refuerza la sensación de soledad. Romper ese círculo requiere esfuerzo, pero es posible. Pequeños gestos, como recordar el nombre de alguien y usarlo la próxima vez que lo veas, preguntar por una clase compartida o apuntarse a una sociedad o club universitario, pueden marcar la diferencia.

Otro punto importante es que no todas las amistades tienen el mismo peso. En la universidad es común tener conocidos con los que compartes apuntes, compañeros de piso con los que convives sin mucha intimidad, y luego unos pocos amigos de confianza con los que realmente conectas. Y está bien que sea así. No hace falta ser el alma de la fiesta ni tener un grupo enorme para sentirte integrado. A veces, basta con una o dos personas con las que puedas ser tú mismo.

Artículo original: Why making friends at university feels harder than it really is

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