
Ana Vázquez, la diputada ‘especial’ del PP que se pasa media vida en los bazares de Leganitos y Silva, cerca del Congreso, y los findes en Cobo Calleja
«Yo no he vaciado nada en el baño». Claro, porque ¿quién podría pensar que una diputada del partido que gobierna en media España iba a entrar en un baño del Congreso con un espray tóxico en la mano?
EL HAZMERREÍR
Cuando tus jefes, Feijóo y Miguel Tellado, te encargan que aportes ideas, y atrezo, al agrio debate político, haces dos cosas: visitas las tertulias televisivas y los bazares chinos. En las tertulias ‘políticas’ puedes decir las mayores sandeces sin que llames especialmente la atención por idiota, porque abunda la especie y porque se entiende que digas sandeces si estás dentro de la disciplina del PP y defiendes irracionalmente a tu ‘empresa’, que es la que te da de comer. Si no lo hicieras sería como estar dentro de la disciplina de Barça o de la Selección española actuales y jugaras de pena. La otra fórmula mágica para ‘conseguir’ ideas es ir a los bazares chinos. Que ves un Maneki neko de esos, dices que Feijóo va a traer más prosperidad que un gato japonés y que Perro Xanxe es gafe, que ves un bote de gas pimienta, o se lo echas a la ensalada, con una pizca de sal, o lo llevas al Congreso para subrayar enfáticamente que los niños ceutíes en vez de plumieres llevan gas pimienta en la mochila. Que se habla de alarmas y balizas, pues ahí que lleva una, que se habla de jaimas, pues ahí lleva una jaima para decir que de jaimas nada, ni en en Ceuta ni en ninguna parte, que se acabó lo de mandar a los inmigrantes de Madrid al poniente de Almería como en época de Aznar regalándoles el billete de ida, solo de ida. Pronto llevará globos rellenos de helio para decir que los precios de la gasolina están por las nubes y montará piñatas en los pasillos del Congreso o en el baño, etc.
El incidente del espray
Por lo visto alguien vació un espray tóxico en unos baños del edificio de ampliación, provocando el precintado de comedores, cocinas y hasta despachos de Vox y Bildu. Una mujer de una delegación de Mauritania tuvo que ser atendida, otras personas sintieron picores, y la Policía se puso a revisar las cámaras de seguridad para averiguar qué había ocurrido.
Ana Vázquez, que casualmente acababa de debatir con el ministro del Interior justo antes de que saltara la alarma, salió rápidamente a desmarcarse del asunto. «Yo no he vaciado nada en el baño». Claro, porque ¿quién podría pensar que una diputada del partido que gobierna en media España iba a entrar en un baño del Congreso con un espray tóxico en la mano? Eso sería tan absurdo como pensar que Ana Vázquez se pasa media vida recorriendo bazares, porque otro vicio no se le conoce, y Madrid, depende de quien seas, depende, puede resultar muy aburrido. Ana Vázquez tiene surtidos de fundas de móvil, calcetines a tres euros la docena sacacorchos, juguetes para los sobrinos y hasta lámparas de araña por menos de diez euros a todo el PP, eso se sabe. Y no es una compra compulsiva, es estudio de mercado y tomar el pulso a la realidad a diario.
No hay mejor sitio para conocer la realidad de un país que sus bazares
Ana Vázquez es una diputada diferente, vamos a llamarla especial, que lleva los cumpleaños al dedillo y que siempre tiene a mano un detalle para regalar. En carnavales igual aparece por el Congreso con una pistola simulada y un tricornio, ella es así, especial, y sabemos que no se droga, como la mayoría. ¿Qué daño hace ‘humanizando’ el Congreso con objetos de la realidad cotidiana de los españoles?

