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En todo hay una grieta, así es como entra la oscuridad

El BSW, el partido que lleva el nombre de su líder, Sarah Wagenknecht, con cinco diputados, que ahora llaman rojipardos, anunció que votaría al candidato de la AfD, Tobias Rausch, para presidir la Cámara.


Hubo un tiempo en que Sahra Wagenknecht, que se educó en la antigua RDA en el marxismo más ortodoxo y militó en el SED, Partido Socialista Unificado de Alemania, el partido único del régimen comunista que estaba a punto de colapsar fue la cabeza visible de la izquierda más anticapitalista y sus mismos compañeros la llegaron a calificar de nostálgica de la RDA. Ingresó en el partido único de la RDA en 1989, el mismo año que cayó el muro de Berlín, y perteneció después de la unificación alemana a la Plataforma Comunista de la izquierda poscomunista alemana y durante años fue la voz más reconocible de Die Linke (La izquierda).

Sirva este brevísimo esbozo biográfico para explicar de dónde viene la líder política que acaba de abrirle las puertas del parlamento de la Alta Sajonia a Alternativa por Alemania (AfD), partido de extrema derecha que unos califican abiertamente de neonazi y otros de criptonazi. Tras las pasadas elecciones del 6 de septiembre, la AfD tiene 39 de los 83 escaños del Parlamento de Sajonia-Anhalt, sin mayoría propia, frente a otros 39 que suman CDU, SPD, Verdes e Izquierda.

El BSW, el partido que lleva el nombre de su líder, Sarah Wagenknecht, con cinco diputados, que ahora llaman rojipardos, anunció que votaría al candidato de la AfD, Tobias Rausch, para presidir la Cámara. Wagenknecht defendió la decisión apelando a la costumbre parlamentaria de que presida el parlamento regional un miembro del partido más votado. Y añadió además que con esto el BSW acaba con la «idiotez del cortafuegos», refiriéndose al cordón sanitario en torno a la extrema derecha. El resultado final en la elección del presidente del parlamento del estado de Sajonia Anhalt fue de 48 votos a favor y 19 en contra, con 82 diputados presentes: por primera vez un parlamentario de extrema derecha preside un Parlamento regional alemán.

Hay un detalle que se pasa por alto: AfD y BSW suman solo 44 escaños, así que al menos cuatro votos vinieron prestados por la CDU. El BSW no era, por sí solo, imprescindible. Su aportación fue simbólica, y por eso pesa tanto: sirvió para que la ruptura del consenso tuviera una firma de izquierda, es decir fueron los tontos útiles en toda esta historia.

No obstante, la respuesta decisiva al enigma en diciembre, cuando el candidato de AfD, Ulrich Siegmund, aspire a una mayoría holgada y necesite los votos del BSW. Entre la coalición estable de ‘neonazis’ y ‘rojipardos’ y los acuerdos puntuales que permitan gobernar cuatro años a AfD hay un territorio inexplorado que es muy probable que se acabe por descubrir y ensanche la base de AfD y acabe a la vez con BSW desaparecido y a su líder en la peor de las ignominias, pero eso está por ver, aunque es cuento viejo ese de los tontos útiles, los puritanos y dogmáticos que acaban por abrirle las puertas a los bárbaros y el de los acuerdos con la extrema derecha se convierten en papel mojado en el momento que se ven con suficiente fuerza para traspasar los límites de la democracia liberal, el parlamentarismo y el constitucionalismo, pero claro, cuando se quiere acabar con el capitalismo no hay mejor idea que aliarse con los herederos de los nazis.

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