Bayra: la ciudad andalusí que el terremoto de 1518 sepultó y la arqueología está resucitando

En lo alto del Cerro del Espíritu Santo, en el término municipal de Vera (Almería), un equipo de arqueólogos lleva varios años sacando a la luz los restos de Bayra, una medina andalusí que durante seiscientos años fue el centro administrativo, económico y militar de toda la comarca hasta que, en una sola noche, la naturaleza decidió borrarla del mapa.

Bayra tuvo su origen en torno al siglo IX y llegó a convertirse en un enclave primordial de Al-Andalus, situado en un punto estratégico que le permitió actuar como última frontera del reino nazarí antes de la conquista castellana. La ciudad fue fundada por los árabes hacia el siglo IX como centro administrativo de la comarca y fue tomada por las tropas de los Reyes Católicos en 1488, pasando así del dominio islámico al castellano apenas treinta años antes de su destrucción.

Durante esos siglos, Bayra desarrolló toda la complejidad de una verdadera ciudad amurallada: contaba con alcazaba, viviendas, silos, aljibes, murallas y espacios productivos, es decir, todos los elementos propios de un núcleo urbano capaz de sostener a una población numerosa y de gestionar sus propios recursos de agua, grano y defensa.

La noche en que todo se derrumbó

El punto de inflexión llegó en el invierno de 1518, cuando un fuerte terremoto derrumbó la ciudad medieval e hispano-musulmana. No fue un temblor cualquiera: según los registros de la época, el seísmo se produjo el 9 de noviembre de 1518 hacia el final del día y, de acuerdo con algunos estudios, se cobró unas 150 vidas, en torno a un 10% de la población de la localidad a principios del siglo XVI.

El relato más estremecedor de aquella catástrofe lo dejó por escrito el propio alcalde de la villa, Íñigo de Gevara, quien describió cómo todas las casas habían quedado asoladas y destruidas hasta los cimientos, sin que quedara de ellas otra memoria que la piedra, la tierra y la madera caídas. Según su testimonio, apenas sobrevivió en pie un aljibe de toda la ciudad. La destrucción fue tan absoluta que el asentamiento quedó abandonado, cayendo en el olvido de la historia durante los siguientes cinco siglos, mientras la población superviviente se trasladaba al llano para fundar la Vera moderna.

Estructuras encontradas recientemente

Medio milenio bajo tierra, y ahora a la luz

El silencio de Bayra se rompió a partir de 2021, cuando el Grupo de Investigación PRINMA («Producción, Intercambio y Materialidad») de la Universidad de Granada, bajo la dirección del profesor Alberto García Porras, inició un proyecto arqueológico a largo plazo sobre el yacimiento, catalogado como Zona Arqueológica.

Las primeras campañas ya permitieron sacar a la luz los vestigios de la alcazaba de la ciudad —en concreto su entrada—, distintos complejos estructurales de ámbito doméstico y materiales arqueológicos de diversa índole, con muros domésticos que en algunos tramos alcanzan los dos metros de altura. Entre los hallazgos más singulares documentados por el equipo destacan piezas cotidianas como una jarrita del siglo XIII o, de forma curiosa, la huella de un gato marcada sobre una baldosa cerámica, pequeños detalles que devuelven una imagen muy humana de la vida en la medina antes del desastre.

El proyecto no se ha detenido: la intervención se encuentra ya en su Fase V, con campañas anuales de excavación, laboratorio y restauración financiadas por el Ayuntamiento de Vera. La cuarta campaña, desarrollada en 2025, se centró en cuatro frentes de trabajo —la alcazaba fortificada, el acceso occidental, la zona doméstica del arrabal oriental y un tramo de muralla pendiente de restauración—, y en 2026 se han abierto nuevos turnos de inscripción para estudiantes universitarios que quieran sumarse a las labores de excavación durante los meses de verano y otoño.

Arqueólogos trabajando in situ

Un yacimiento que se abre a la ciudadanía

Más allá del trabajo estrictamente científico, el proyecto Bayra tiene también una clara vocación divulgativa: se organizan visitas guiadas por las áreas defensivas, los sectores de hábitat y las estructuras hidráulicas del cerro, en las que se explica al público tanto la evolución histórica de la ciudad como el propio método arqueológico —excavación estratigráfica, registro, interpretación y conservación— empleado para reconstruirla. El Ayuntamiento de Vera ha impulsado incluso una recreación audiovisual con tecnología de realidad virtual y diseño 3D para devolver a los vecinos, aunque sea de forma digital, la imagen de la ciudad que sus antepasados perdieron aquella noche de noviembre de 1518.

Cada nueva campaña añade una pieza más al rompecabezas de Bayra: una ciudad próspera, fronteriza y multicultural que la historia había reducido a una nota a pie de página, y que la arqueología está devolviendo, muro a muro, a la memoria colectiva de Almería.

Las campañas más recientes han elevado notablemente el perfil internacional de Bayra. En la tercera fase de excavación, el equipo se amplió con la incorporación de María José Peregrina como codirectora, y en las excavaciones llegaron a participar unos 30 estudiantes y unos 8 arqueólogos procedentes no solo de Almería y Granada, sino también de Barcelona, Madrid, Asturias y universidades de Portugal, Holanda, Italia, Brasil, China y Emiratos Árabes, lo que da una idea de la proyección que ha alcanzado el proyecto. Esos sondeos sacaron a la luz las primeras murallas de la ciudad y estructuras aún en estudio para determinar si corresponden a viviendas urbanas, a construcciones adosadas a la muralla o a algún elemento vinculado a una puerta de acceso, junto con evidencias cada vez más claras de viviendas reocupadas tras el terremoto.

Cerro del Espiritu Santo

Los resultados de esa campaña incluyeron hallazgos especialmente llamativos: restos de nuevas estructuras, fragmentos de yesería con inscripciones y objetos completos en muy buen estado de conservación, entre ellos un plato hallado intacto en el interior de una de las viviendas. Fue precisamente esa capacidad de conservar objetos cotidianos «congelados» en el momento del desastre lo que atrajo la atención de la revista National Geographic, que llegó a comparar la singularidad de Bayra con la de Pompeya, describiéndola como una ciudad encapsulada en el tiempo tras el terremoto que la sepultó durante siglos.

En el plano científico, este mismo año se ha publicado en los Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad de Granada un estudio de prospección arquitectónica centrado en delimitar con precisión el alcázar, la alcazaba y la propia medina a partir de las estructuras visibles en superficie, identificando los recintos amurallados, los aljibes y las zonas de mayor densidad de ocupación de la ciudad. Se han encontrado 174 estructuras y una red de aljibes con capacidad para más de 650.000 litros en el Cerro del Espíritu Santo de Vera, lo que confirma la relevancia urbana y defensiva del yacimiento entre los siglos XI y XVI.

Sobre el terreno, la Campaña Bayra 2026 —ya en la Fase V del proyecto— se ha organizado en varios turnos abiertos a estudiantes universitarios, con un tercer turno previsto entre el 7 de septiembre y el 2 de octubre, combinando trabajo de campo por las mañanas con tratamiento y clasificación de materiales en laboratorio por las tardes. El objetivo del equipo sigue siendo el mismo desde 2021: ampliar el conocimiento sobre la evolución de Bayra entre los siglos XI y XVI hasta reconstruir, pieza a pieza, la vida cotidiana de una de las ciudades fronterizas más importantes del antiguo Reino Nazarí.

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