Wembley puso a prueba a la campeona del mundo
España ganó 3-2 en Wembley, pero el resultado final oculta lo incómodo que resultó el partido para España. Hubo un tramo, entre el final de la primera parte y el arranque de la segunda, en el que Inglaterra estuvo más cerca de dar la gran sorpresa que España de sentenciar el partido.
El partido empezó con la mejor versión posible para los intereses españoles. En el segundo minuto, Lamine Yamal adelantó a su equipo con una acción resuelta con la sencillez de quien ya no se sorprende de sí mismo. Wembley, que había recibido a los suyos con el ambiente propio de un estreno de temporada, se quedó en silencio antes de tiempo.
Ese silencio, sin embargo, duró poco. Inglaterra fue ganando terreno y confianza a medida que se iba asentando en el campo hasta que llegó el empate en el minuto 36, con Anthony Gordon aprovechando un error de posicionamiento en la línea defensiva española. Cuatro minutos después, Harry Kane repitió la jugada por la misma vía y puso el 2-1 con el que se llegó al descanso. Dos goles casi idénticos en su origen, señal de que no fue un despiste puntual, sino una debilidad que el técnico inglés supo detectar y explotar con paciencia.
España volvió del vestuario con otra cara. Luis de la Fuente movió el banquillo con la entrada de Oyarzabal y Baena, en busca de más movilidad en ataque, y el cambio empezó a notarse casi de inmediato. Mediada la segunda parte llegó el momento que pudo cambiar el rumbo del partido en sentido contrario: Inglaterra dispuso de un penalti que habría puesto tierra de por medio en el marcador, pero Harry Kane estrelló el balón en el travesaño. Fue la ocasión más clara para sentenciar el encuentro a favor de los locales.
España aprovechó el respiro. En el minuto 60, Álex Baena empató con un disparo ajustado desde la frontal del área, y a partir de ahí el partido cambió de dueño. Con Inglaterra obligada a reorganizarse tras el mazazo anímico, España tomó el control que le había faltado en la primera mitad. El tercer gol llegó en el 74, obra de Mikel Oyarzabal, que definió con una vaselina por encima del portero James Trafford para cerrar el 3-2 definitivo.
Inglaterra mostró capacidad para golpear con precisión en los minutos en los que decidió apretar, pero bajó el ritmo tras el 2-1 y no supo aprovechar la ocasión del penalti para asegurar el encuentro. España, por su parte, confirmó que sigue teniendo margen de mejora en la contención defensiva y en la definición en ocasiones claras como las dos que tuvo Ferrán, pero también que conserva la capacidad de corregir sobre la marcha y de decidir los partidos con los recursos individuales de su plantilla.
El próximo compromiso llega el martes en Sevilla, frente a Croacia. Servirá para comprobar si los ajustes hechos en Wembley se consolidan o si la fragilidad mostrada en la primera mitad vuelve a aparecer ante un rival distinto.


