El Ayuntamiento de Almería presenta un avance de anteproyecto para la antigua Estación de Ferrocarril de Almería.

El documento se trasladará a Adif, propietaria del inmueble, como base para negociar su cesión. Atrás quedan la polémica decisión de demoler el Toblerone y la construcción de unas torres de gran altura que rompieron el skyline del entorno de la estación de fachada modernista, uno de los edificios más emblemáticos de la capital.

DOSIER

El Ayuntamiento de Almería presentó el lunes 28 de septiembre el avance de un anteproyecto para transformar la antigua Estación de Ferrocarril en un ‘espacio cultural, turístico, gastronómico y de encuentro ciudadano’. La alcaldesa, María del Mar Vázquez, lo definió como ‘punto de partida’ para negociar con Adif, propietaria tanto del edificio como de los terrenos.

Qué plantea el documento

El anteproyecto reparte los nuevos usos entre el interior del edificio, su cubierta y el entorno exterior:

  • Planta baja: un gran espacio central polivalente, sala de proyecciones, galerías culturales, zonas expositivas y espacios de restauración.
  • Antiguo andén: recuperado como espacio cultural y terraza cubierta, reincorporado a la vida cotidiana de la ciudad.
  • Planta superior: una sala multiusos y un Centro de Interpretación Ferroviaria, pensado para explicar el papel del tren en la historia económica y social de Almería. Esta propuesta responde, según el Ayuntamiento, a una petición de los colectivos ferroviarios de la provincia.
  • Azotea: también con un uso vinculado a la restauración.
  • Parte trasera: la zona hoy ocupada por instalaciones provisionales de la estación de autobuses, antiguo espacio de andenes, se convertiría en una zona verde y peatonal que conecte con el Parque de la Estación y el Cable Inglés, formando un eje urbano continuo entre patrimonio, naturaleza y actividad económica.

El Consistorio insiste en que la intervención será «poco invasiva», dado que el edificio cuenta con el máximo nivel de protección patrimonial, y que se limitará a recuperar espacios hoy sin uso público sin alterar sus elementos originales.

Una negociación con Adif todavía por empezar

El anteproyecto se plantea como documento de trabajo, no como un proyecto cerrado. Vázquez explicó que, si el diálogo con Adif desemboca en un acuerdo y se produce la cesión del inmueble, el Ayuntamiento estaría dispuesto a asumir tanto la actuación como su financiación. «No pedimos que acepten sin más nuestra propuesta […] queremos explicar qué necesita la ciudad, conocer también qué plantea Adif y aproximar posiciones», resumió la alcaldesa.

Para encauzar esa negociación, el Ayuntamiento solicitó el viernes anterior una reunión directa con el presidente de Adif, Luis Pedro Marco de la Peña, después de haber pedido sin éxito una cita al Ministerio de Transportes y Movilidad Sostenible. En ese encuentro se abordaría también el futuro de los terrenos ferroviarios liberados por el soterramiento, y Vázquez reiteró su intención de que el futuro centro de control de tráfico ferroviario permanezca en Almería capital, ofreciendo incluso estudiar una ubicación municipal alternativa si no puede instalarse en la nueva terminal.

Parte de una planificación más amplia

La presentación llega pocos días después de que el Ayuntamiento diera a conocer el avance de la modificación del Plan Especial Ferroviario, que abre un proceso de participación sobre la ordenación de los terrenos que quedarán libres tras la integración ferroviaria. Para la alcaldesa, ambos documentos forman parte de «una misma conversación» sobre el futuro de la ciudad: anticipar qué ocurrirá en una zona llamada a convertirse en una de las principales puertas de entrada a Almería con la llegada de la Alta Velocidad. «Todavía no somos capaces de dimensionar completamente la trascendencia que va a tener [el AVE] para la ciudad y para todo este entorno», señaló.

Un edificio con historia

La antigua estación, construida en 1893, es una de las más singulares de Andalucía por su estructura de hierro y cristal, con similitudes arquitectónicas con la estación de Madrid-Delicias. Durante décadas fue punto clave para el transporte de minerales de la provincia hacia el puerto. Permanece con su fachada restaurada, pero su interior sigue cerrado al público, a la espera de un uso que le devuelva la vida.

Antecedentes: qué ha pasado con otras estaciones históricas

La reconversión de viejas estaciones ferroviarias, sobre todo las que perdieron su función original tras un soterramiento, una nueva línea de alta velocidad o el traslado del servicio a otro edificio, es un fenómeno recurrente en España y especialmente en Andalucía. Estos son algunos de los precedentes más relevantes:

Plaza de Armas, Sevilla (la ‘Estación de Córdoba’). Es quizás el paralelismo más cercano y más instructivo. Inaugurada en 1901 con un diseño neomudéjar de hierro y cristal, dejó de prestar servicio ferroviario el 29 de septiembre de 1990, cuando el tráfico se trasladó a la nueva estación de Santa Justa. Tras servir como Pabellón de Sevilla durante la Expo 92, el edificio permaneció sin uso claro varios años hasta que en 1999 se reconvirtió en un centro comercial y de ocio, con cines y locales de restauración, respetando su fachada y su gran arco acristalado. Declarada Bien de Interés Cultural en 1990, sigue siendo propiedad de Adif, y desde 2024 el Ayuntamiento de Sevilla mantiene conversaciones —hasta ahora sin éxito— para conseguir su titularidad municipal y darle «nuevos contenidos», en una negociación con paralelismos evidentes con la que ahora inicia Almería.

Estación de Madrid, Linares (Jaén). Un ejemplo mucho más modesto, pero geográficamente próximo: esta antigua estación de estilo neomudéjar de principios del siglo XX, construida para el transporte de mineral y viajeros, fue reconvertida por el Ayuntamiento de Linares en sede institucional. Su salón principal, presidido por los bustos de los marqueses de Linares, acoge hoy los plenos de la Corporación Municipal, ruedas de prensa y actos protocolarios.

Estación Internacional de Canfranc (Huesca). El caso más mediático de recuperación patrimonial ferroviaria en España. Inaugurada en 1928 y cerrada al tráfico internacional en 1970, permaneció décadas en ruinas hasta que, declarada Bien de Interés Cultural en 2002, fue rehabilitada como un hotel de cinco estrellas, el Canfranc Estación by Barceló, inaugurado en 2023. El proyecto respetó la fachada original y ambientó el interior en la estética de los años veinte, mientras que en la parte trasera del edificio se habilitó un parque público con elementos de la antigua actividad ferroviaria, en un planteamiento —zona hotelera y comercial en el edificio, espacio verde público alrededor— no muy distinto al que ahora dibuja Almería para su estación y el entorno del Cable Inglés.

Museo del Ferrocarril de Madrid, en la antigua estación de Delicias. Otro modelo habitual es la musealización directa: la primera estación construida en Madrid, inaugurada en 1880, es desde 1984 la sede del Museo del Ferrocarril, que exhibe material rodante histórico bajo su gran nave de hierro y cristal. Es el ejemplo más directo de un uso centrado por completo en la memoria ferroviaria, la misma función que el anteproyecto almeriense reserva a su futuro Centro de Interpretación Ferroviaria, aunque a una escala mucho menor.

Estos precedentes muestran que las fórmulas de reconversión oscilan entre dos extremos: la explotación económica intensiva (centro comercial, hotel de lujo) y la función puramente cultural o institucional (museo, sede municipal). El anteproyecto de Almería, con su mezcla de exposiciones, restauración, sala multiusos y centro de interpretación, se sitúa en un punto intermedio entre ambos modelos, y su viabilidad dependerá, como en Sevilla, de que la negociación con Adif llegue a buen puerto.

El precedente más polémico: la demolición del Toblerone

El propio entorno de la estación de Almería vivió, hace poco más de una década, uno de los episodios urbanísticos más controvertidos de la ciudad, y conviene tenerlo presente al valorar cualquier nueva intervención en la zona.

Junto a la antigua estación se alzaba desde 1973 un silo de mineral de hierro construido por la Compañía Andaluza de Minas para el almacenamiento y la exportación de mineral procedente de las minas de Alquife. Su forma triangular le valió el apodo popular de «Toblerone», y con el tiempo se convirtió en una de las siluetas más reconocibles del paisaje ferroviario de la capital, pese a haber quedado en desuso desde los años noventa.

El Ayuntamiento aprobó su derribo ya en el Plan General de Ordenación Urbana de 1998, pero la demolición no se ejecutó hasta el verano de 2013, en un proceso que generó una fuerte contestación social. Se constituyeron dos plataformas ciudadanas, Salvemos el Toblerone y Toblerone Vivo, y la coordinadora andaluza de patrimonio industrial Fabricando el Sur llegó a presentar una denuncia ante la Consejería de Cultura pidiendo la paralización cautelar de las obras, alegando que se trataba de una pieza única para entender el sistema minero de la provincia. Las críticas señalaron además que el derribo se inició un domingo, de forma que las máquinas ya habían empezado a actuar cuando trascendió la noticia. El edificio estaba incluido en el catálogo de patrimonio industrial, pero nunca llegó a declararse Bien de Interés Cultural.

El Plan Especial del Soterramiento aprobado por la Junta de Andalucía justificó el derribo por la edificabilidad que liberaba —unos 75.000 metros cuadrados— y por representar, según sus defensores, una barrera visual entre la ciudad y el mar. En su lugar se proyectaron torres de viviendas de entre 12 y 16 plantas.

El resultado de aquella operación es, todavía hoy, objeto de crítica. En los terrenos donde estuvo el Toblerone se han levantado dos grandes torres de fuerte impacto visual que, según distintas voces y colectivos ciudadanos, contrastan de forma abrupta con la escala y el carácter histórico del entorno de la estación, precisamente la zona que el nuevo anteproyecto municipal aspira ahora a poner en valor. Medios de opinión de la ciudad han llegado a comparar el caso con otras polémicas urbanísticas de la provincia, como El Algarrobico, y a señalar la escasa contestación mediática que recibió en su momento pese a la magnitud del cambio en el perfil urbano de la zona. El episodio se suma, en la memoria reciente de la ciudad, a otro derribo controvertido en el entorno portuario, el de la conocida Torre Trino en 1998, y contrasta con la posterior defensa vecinal de otros elementos patrimoniales cercanos, como el propio Cable Inglés y la antigua estación, que sí lograron mantenerse en pie gracias a la presión ciudadana.

Ese antecedente explica, en parte, la sensibilidad con la que hoy se sigue cualquier anuncio sobre el futuro del entorno ferroviario de Almería, y sitúa al anteproyecto presentado por el Ayuntamiento ante una exigencia añadida: demostrar que la recuperación de la antigua estación y su corredor verde hacia el Cable Inglés no repite fórmulas urbanísticas que, en el pasado reciente, ya generaron un fuerte rechazo social en el mismo entorno.

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