¿El final de la Roquetas faraónica?

‘Estamos hablando de 3000 años de historia. En Roquetas solo hablamos de 30 años, pero a algunos les habrán parecido 3000, la verdad. 30 años eternos bajo el purpúreo manto protector de un único y divinizado faraón: Gabriel Amat.’

OPINIÓN

Los historiadores parecen estar de acuerdo en que el Egipto de los faraones ha sido el reino, y después imperio, más estático, inalterable e inamovible de la historia. Egipto, al final del Imperio Medio, durante la dinastía XIII, padeció su primera gran crisis existencial y el comienzo del dominio extranjero de los hicsos. Luego vino la reconquista desde el sur de Egipto y el gran periodo de esplendor, el Imperio Nuevo, y siglos después el posterior dominio de sirios, persas, griegos y finalmente romanos. Los últimos faraones fueron los de la dinastía Ptolemaica (de origen macedonio, Ptolomeo fue un general de Alejandro Magno) con Cleopatra como última representante, como hemos podido ver todos en las pelis de romanos.

Estamos hablando de 3000 años de historia. En Roquetas solo hablamos de 30 años, pero a algunos les habrán parecido 3000, la verdad. 30 años eternos bajo el purpúreo manto protector de un único y divinizado faraón: Gabriel Amat.

¿Ha llegado Roquetas al culmen de su crecimiento, hay agostamiento, un agotamiento de la forma de gobierno de la época ‘arcaica’, como dice el candidato del PSOE de Roquetas Rafael Torres? Lo cierto es que parece que sí. Hasta ahora Almería capital, Roquetas y El Ejido, también otros municipios del Poniente, han sido vasos comunicantes. No es casualidad que el gran tirón residencial de Roquetas se produjera justo después de la Operación Poniente y el frenazo en seco en El Ejido, o que la capital, siempre con más tensiones especulativas que otros municipios y precios de las viviendas sensiblemente más altos, crezca tan solo un raquítico 1% a día de hoy, lo que viene a ser un crecimiento 0 en cuanto a población.

Roquetas ha absorbido a buena parte de la población a Levante y a Poniente estos años, pero parece que, pese al empeño de seguir cubriendo cada metro de terreno, muchas veces a costa del terreno productivo agrícola que queda (atentos al POU y al PGOM en todos los municipios), la industria residencial roquetera está tocando fondo, y más ahora que con el AVE que recorre el Levante de Almería y toda la costa de Almería, Níjar y Carboneras a tiro de piedra de aeropuerto, puertos y estaciones de AVE y los macroproyectos de todopoderosos de las encimeras, la construcción y el arte como Cosentino en municipios como Mojácar (Playa Mácenas) parecen estar desplazando el centro de gravedad hacia el sol naciente.

Durante años se le ha atribuido a la agricultura intensiva la virtud de sostener toda la economía almeriense. Pero no es cierto, la agricultura fue solo la base de la pirámide (nunca mejor traído), pero la banqueta de la economía del Poniente, en concreto, tenía cuatro patas: la agricultura, la construcción de invernaderos, la construcción residencial e industrial, y el turismo. Cuando decayó la construcción de invernaderos porque ni se construían nuevos por simple ‘madurez’ del sector, ni se reformaban las estructuras a un ritmo alegre, se produjo un parón del consumo financiero, un menor trasvase y distribución del capital, con mayor acumulación en los propietarios de los invernaderos, e inversión en otros sectores (principalmente en la vivienda) y una dinámica de consumo menos localizada y por tanto menos redistribuida en la zona.

La crisis financiera de Lehman Brothers de 2008 paralizó la industria de la construcción de vivienda, si bien podemos decir que si en sitios como El Ejido esa crisis constructiva, salvo excepciones muy puntuales, continúa, porque oferta y demanda no acaban de casar, en Almería capital y en Roquetas se salió con mayor celeridad y con más fuerza y, por tanto, si El Ejido se quedó con un sector promotor y constructor, y también de comercio y servicios, extremadamente débil, y ahora solo se sostiene en la pata de la agricultura y la manipulación de frutas y hortalizas, en Roquetas particularmente se apostó por la industria ‘residencial’ de la mano de Gabriel Amat, muy ligado desde siempre a este sector. De hecho, para Amat no parece existir otra cosa, salvo, si acaso, un turismo ya con clarísimos síntomas de asfixia. No obstante, si hasta ahora hay un hecho incontestable es que una gran mayoría de la clase media-baja (en alquiler), media (alquiler y compra), y media-alta (mayoritariamente compra), prefiere vivir en Roquetas que en municipios aledaños.

El crecimiento poblacional de Roquetas no se debe solo, como dicen las malas lenguas, a un empadronamiento masivo de gente que en realidad vive en otros municipios, sino a una clase media funcionarial y a empleados con trabajos estables que se han ido a vivir al municipio roquetero, desde la capital, Poniente, y desde fuera de la provincia, de ahí que esa selección económica haya supuesto un distanciamiento de la renta media con respecto a El Ejido y otros municipios de la Almería bajo plástico de bastante más de 3000 euros, y una cierta paridad con Almería capital. Pero, ¿es suficiente con seguir con las mismas políticas en Roquetas y continuar apostando por seguir construyendo para uso residencial cada metro de terreno?

Roquetas, con más de 100.000 habitantes censados, como bien dice el candidato socialista Rafael Torres, tiene unos servicios para los ciudadanos que se corresponderían con un municipio con la mitad escasa de la población que realmente vive allí, si acaso, con una oferta cultural penosa y dirigida exclusivamente a una pequeña burguesía local que copa los abonos del auditorio, de alguna manera subvencionada, porque los espectáculos, todos, son altamente deficitarios, con unos servicios sociales prácticamente inexistentes, problemas enquistados como las 200 viviendas, desde las grandes y excelentes relaciones con el Ministerio del Interior de los gobiernos Aznar y los acuerdos para acoger a inmigrantes subsaharianos procedentes de Madrid y otros lugares sin la atención social ni educativa ni de inserción adecuadas, con un empecinamiento en la permanencia de la Guardia Civil que ha evitado que no existiera comisaría de la Policía Nacional en una zona de alta densidad urbana, un caso inédito en toda España, y unos servicios sanitarios y de salud lamentables.

Servicios sanitarios de mala calidad que se van a hacer especialmente patentes con un hospital o mediohospital que debió estar finalizado hace años y que encima ha costado el doble de lo que se licitó, con problemas estructurales graves y que está muy lejos de estar dotado de medios y personal para que se produzca su apertura completa en breve. A pesar de eso, el propio Gabriel Amat no para de alabarlo de cara a los medios, aunque en la visita del vicepresidente y consejero Antonio Sanz todos pudimos constatar que el ambiente era más bien de duelo: el recién nacido (al que todavía no se puede visitar, y parece que va para largo) Hospital de Alta Resolución de Roquetas tiene gravísimos problemas de salud y s eteme por su vida. Es una auténtica chapuza, y parece claro que Amat que ya no tiene el mismo ascendiente con Juanma Moreno que tenía con Javier Arenas, claro que Javier Arenas no gobernaba y estaba para servirse, no para servir. A Amat los suyos, en la Junta, lo están dejando con los mocos colgando, como parece que a todos los de más, porque la gestión hace aguas. De donde no hay ni siquiera capacidad no se pueden sacar hechos.

Habla también el socialista Rafael Torres de una manera de hacer política ‘arcaica’, y el calificativo va obviamente dirigido al veterano Gabriel Amat, vencedor de cien batallas y decenas de procesos judiciales y a la espera de que le pueda o no le pueda salpicar el Caso Diputación, o Caso Mascarillas, dado que se incluyen en las investigaciones algunos años de su mandato como presidente de la Diputación de Almería. Pero si no arcaico, sí rancio, es el calificativo que se le podría atribuir también al modo de hacer política de buena parte de las concejalías roqueteras; parece impropio de un municipio dinámico y de construcción moderna que además recibe a miles de turistas cada año, que se haya quedado tan anclado en el pasado.

Y de ahí, de ese inmovilismo, de esa incapacidad, podrían derivar los problemas futuros del municipio si los roqueteros vuelven a depositar su confianza en el mismo, los mismos y lo mismo; quienes no se den cuenta de que los equilibrios dentro de la provincia de Almería -con un Levante al alza, y una capital que si no crece en cantidad y en calidad es por una pésima gestión, porque mimbres económicos y sociales hay-, han cambiado, tienen muchas posibilidades de llevar a sus municipios a auténticos callejones sin salida.

El Ejido todavía no ha salido, de hecho sigue intervenido por Hacienda, Roquetas, de seguir la misma senda, puede caer en la misma trampa, pero sin casi industria agroalimentaria privada que sostenga mínimamente el tinglado, con lo cual, o se plantean alternativas, sobre todo económicas y estructurales y estructurantes, de futuro, y se vuelve a repensar el Poniente y Almería en serio, o esto tiene muy mala pinta, y más con unos pésimos gestores en la Junta en el poder. No quiero ni pensar en Feijóo en La Moncloa y en Abascal de vicepresidente, no me gustan las pelis de terror.

Cuando no hay oposición o no existe una oposición adecuada y fuerte, el espacio del que ostenta el poder, sea quien sea, y más si está dopado económicamente, tiende a ensancharse. No cabe ninguna duda de que durante años, la oposición del PSOE en Almería, en Roquetas, o en El Ejido no ha funcionado como debía. A veces no es cuestión de capacidad, es también cuestión de carácter. Recuerdo muy bien una escena en un pleno de Roquetas en la que que Manolo García iniciaba su intervención con un, cito de memoria, ‘ como decía el poeta Pablo Neruda’, a lo que Gabriel Amat respondía, interrumpiéndole: ¡Je, vaya hombre!. No quiero ni pensar lo que le habría soltado alguien con los dientes más afilados que el bueno de Manolo, porque esa clase de chulerías garrulas hay que cortarlas de raíz, pero desde el cariño y el respeto institucional, eso sí. Y es solo una pequeña anécdota, porque ha habido escenas más propias de pelis de gangsteres.

Juan Pablo Yakubiuk y Ricardo Fernández hicieron esa clase de tándems, uno con una preparación en urbanismo y en otras áreas excepcional, y el otro con amplio conocimiento local y trato directo con la militancia y la gente joven de Roquetas, que pone contra las cuerdas a los rivales más correosos, caso de Amat. Por supuesto que fueron a por ellos y a por su economía y modo de vida, esta gente no tiene escrúpulos. Por eso el PP se merece siempre la mejor oposición, la más dura y concienzuda, porque la piden a voces.

Pero a veces el votante medio, en plena borrachera de ‘crecimiento y orgullo loocal mal entendido’ y con todos los medios a favor del que manda, sobre todo si es del PP, no ve más allá de sus narices. Creo sinceramente que algo importante ha cambiado con la llegada de Rafael Torres a la portavocía en el ayuntamiento de Roquetas y con su candidatura, y espero que la izquierda a la izquierda del PSOE reverdezca viejos laureles. Vox ha demostrado de sobra, y muy especialmente en Roquetas, lo que es, pero sus votantes votan básicamente en contra de no se sabe qué, y lo seguirán haciendo. Y qué decir del PP en estos 30 largos y faraónicos años de Gabriel Amat. Lo primero es preguntarse ¿dónde se han metido, en qué se han invertido los recursos que ha generado un crecimiento que ya no va a volver jamás a repetirse en Roquetas? ¿Dónde? ¿En qué?

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