HUMOR: El Grinch de Roquetas
Rafael Torres, el portavoz del PSOE en el consistorio roquetero, denunciaba esta semana que de alguna manera Roquetas había perdido su alma de pueblo costero, festivo, abierto y participativo, y que todo se hace sin cariño, sin ideas, en definitiva: sin alma.
Y no es solo el caso de Gabriel Amat y Roquetas, aunque sí es cierto que, junto a la capital y a El Ejido, son los sitios en los que la pérdida de identidad y de alma precisamente en tiempos en que los que derecha y extrema derecha dice defender ‘nuestra costumbres’, es más sensible. Nuestras costumbres no pueden ser una piedra más para lanzársela a los que supuestamente no tienen ‘nuestras costumbres’, pero sí es cierto que hace falta una defensa sincera de lo que tienen ‘nuestras tradiciones’ menos impostadas de positivo.
Para el PP todo está supeditado al dinero y a los votos, que son los que les permiten manejar el dinero y facilitar los negocios a quienes los ponen, al margen de los votos, de manera que hay una auténtica okupación intensiva de todo lo que pueda dar eso: dinero y votos, y están obsesionados por el ‘control social’, por eso prefieren que no exista sociedad civil a que exista, pero no la puedan controlar. De ahí la manipulación y exaltación municipal de todo lo que tenga que ver con ‘religiosidad popular’, porque la tienen muy controlada, aunque ya amenaza, por pura saturación de subidas, bajadas, coronaciones, aniversarios y años santos, a las propias tradiciones religiosas populares más arraigadas, pero por mero cansancio, por puro agotamiento. No parece muy buena idea convertir los municipios, sobre todo los más pequeños, en parques temáticos de la religión popular porque la vida de una comunidad, la que sea, es más rica y compleja que todo eso, pero lo hacen.
Pero es que también en municipios de rápido crecimiento como Roquetas una especie de élite ‘santera’ se ha hecho con el control de las fiestas, según reconocen muchos roqueteros, y entre unos y otros están acabando con las celebraciones de gran arraigo popular, de manera que los aspectos lúdicos y festivos están simplemente desapareciendo.
Populismo es también darle al pueblo lo que supuestamente quiere, lo fácil, aunque lo rechace con su falta de implicación y su incomparecencia, y el elevar el listón y crear el gusto cultural y festivo cuesta, pero crea público de gustos más elevados y, como decían en aquello de La lengua de las mariposas, cuando una sola generación se crie en libertad…aunque ni de eso estamos ya tan seguros; con tanto vender el alma de los pueblos y ciudades y de la gente y fomentar el odio y los instintos más bajos y no la convivencia pacífica y la celebración festiva con alma se lo están llevando todo por delante.

