Dosier: Rodrigo Alonso, de concejal de Hacienda del PP en Antas a número dos de Vox por Almería

Dosier sobre el diputado andaluz, exlíder del sindicato Solidaridad, candidato al Congreso y en la práctica número uno de Vox en Almería en cuanto a la dirección de su partido y elección de cuadros.

Rodrigo Alonso se ha apuntado a hacerse un experto en Agricultura, sobre todo intensiva, como ya lo hicieron Carmen Crespo, o Fernández-Pacheco, sin tener ningún especial vínculo con la misma ni verdaderos conocimientos, salvo el de haber nacido en la provincia de Almería. Ser de Almería ya te convierte en un experto en agricultura, como ser vasco te hace un gran cocinero, ser gitano en cantante o bailaor flamenco o ser negro te hace llevar el ritmo en el cuerpo, o hacer los 100 metros lisos en menos de 10 segundos, o machacar el aro como quien aplasta una hormiga. Así es como se progresa en política, y eso vale para los tres impostores citados, pero muy especialmente para Alonso, que va sentando cátedra allá por donde va. Con estos expertos la agricultura intensiva almeriense, y del sudeste, y la española en general, jamás estuvo en un peligro más cierto, pero eso solo se sabrá si se cumplen los peores vaticinios, cuando ya sea demasiado tarde.

Pero antes, Alonso fue el concejal de Hacienda de Antas, un ayuntamiento que pasó años sin ingresar a la Seguridad Social las cuotas de sus empleados, también fue el diputado que tiró a la papelera los carteles de un sindicato en el Parlamento andaluz y el dirigente de un sindicato propio nacido entre acusaciones de apropiarse de una idea ajena. Vox lo vuelve a poner en primera línea, porque en esta clase de partido ascienden precisamente este tipo de personajes: y será el número dos de la lista de Almería para el 29 de noviembre, detrás de Rocío de Meer, cuyo discurso sobre inmigración sus detractores califican de xenófobo y supremacista y a quien critican por tensar la convivencia en territorios como Almería o Murcia.

Antas, el origen del problema

Alonso nació en Antas en 1980. Según ha contado él mismo, empezó a trabajar a los ocho años, y eso sin exagerar, estudió Administración y Dirección de Empresas en Granada y llevó una tienda de móviles antes de entrar en política de la mano del PP. Fue concejal de Hacienda y Deportes de su pueblo durante dos mandatos, de 2007 a 2015, y esa etapa, que habría tachado para siempre a cualquiera, a él parece no afectarle en exceso.

El Ayuntamiento acumuló entre 2008 y 2012 una deuda con la Seguridad Social de 514.072,55 euros, que se cerró con un aplazamiento firmado el 23 de marzo de 2013. El mismo medio recuerda que el consistorio había cerrado 2007 con 180.406 euros en el banco, lo que cuestiona la versión de que no había liquidez y sugiere que el gasto se orientó a otras partidas. La deuda pública creció un 161 % durante su gestión, y la oposición socialista sostuvo que hubo que devolver 200.000 euros a la Consejería de Turismo por una piscina municipal que nunca se construyó.

Alonso lo niega. En un derecho de rectificación explicó que heredó del anterior gobierno socialista una deuda oculta de 1,1 millones, que recibió las arcas con 40.000 euros cuando la plantilla costaba 75.000 al mes y que por eso hubo que negociar con la Seguridad Social. Añadió que renunció a la mitad de su sueldo y, los dos últimos años, a cobrar, y que su empresa se creó dos años después de dejar el Ayuntamiento. En 2015 pasó a ser suplente en la lista del PP. Fuentes populares locales aseguran que no fue un castigo y que él mismo decía que solo estaría ocho años. Queda la ‘paradoja ‘coherencia’: el futuro defensor de las pensiones y los derechos laborales dirigió las finanzas de un ayuntamiento que dejó de pagar las cuotas de sus empleados.

Los ricos son ricos por naturaleza

Alonso se afilió a Vox y fue uno de los doce diputados con los que el partido irrumpió en el Parlamento andaluz en 2018. En su discurso contra un impuesto a la banca propuesto por Adelante Andalucía dejó una frase que le ha acompañado desde entonces: «Los ricos son ricos por naturaleza y no podemos hacer nada». En octubre de 2019, durante la exhumación de Franco, afirmó desde la tribuna, según Diario16, que ese día se daba «una patada a la Transición», y habló de progres y comunistas que fomentan el enfrentamiento.

En enero de 2020 arrancó dos carteles de la CGT del tablón sindical de la Cámara y los tiró a la basura. La Mesa de la Diputación Permanente acordó reprochar su actuación el 24 de enero. La reprobación fue unánime, con el voto del representante de su propio partido. La CGT, que consideró que se vulneraba la libertad sindical, lo denunció ante la Fiscalía del TSJA y pidió sin éxito un régimen disciplinario más severo. Los más críticos le reprocharon también que, durante el estado de alarma, entre el 14 de marzo y el 26 de abril, su aportación se limitara a las redes sociales.

En agosto de 2022, tras la salida por sorpresa de Macarena Olona, fue nombrado portavoz adjunto junto a Javier Cortés, con Manuel Gavira como portavoz. Desde ahí atacó con la misma energía a PSOE y PP: en mayo de 2025 acusó a Juanma Moreno de haber «hecho fijos a los enchufados socialistas» tras el informe de la UCO sobre la FAFFE.

Solidaridad: un sindicato bajo sospecha

En septiembre de 2020, Vox le encargó dirigir Solidaridad, su sindicato afín. La Asamblea lo eligió el 5 de diciembre con 338 votos a favor y 10 en contra, según la propia organización. El estreno fue accidentado. Tres almerienses, dos de ellos militantes del partido, aseguraron a elDiario.es que le habían presentado meses antes, a través de la asociación Trabajadores de España (TRAES), un proyecto de sindicato estatal, y que Alonso lo trasladó a la dirección sin reconocer su autoría. Alonso, que presidía entonces la gestora de Vox en Almería, no respondió a ese medio, y uno de los afectados lo llamó «manzana podrida». El sindicato Solidaridad Obrera, por su parte, denunció al nuevo por plagio del nombre.

Alonso tenía entonces un grupo de detractores entre los 650 afiliados almerienses del partido, aunque también apoyos: un antiguo militante lo describió como alguien «muy espabilado» que «se arrimó a quien tuvo que hacerlo». Sectores críticos de la militancia denunciaron la imposición de candidaturas tuteladas desde Madrid y la salida progresiva de militantes históricos y concejales en municipios como Roquetas de Mar o El Ejido. Según esas mismas voces, tras la marcha de Olona la dirección provincial afrontó dimisiones en varios comités locales, y acusaron a la cúpula de Alonso de ejercer un férreo control interno.

Los estatutos de Solidaridad concentraban gran poder en el secretario general, que aprobaba las secciones sindicales y elegía al comité que controlaba las sanciones, y admitían donaciones y subvenciones pese a que el discurso público hablaba solo de cuotas. Alonso dijo que dedicaría a Solidaridad su tiempo libre y mantendría su escaño, y el sindicato aseguró que no cobraba por el cargo. Según la información que ha circulado, los servicios jurídicos del Parlamento condicionaron esa compatibilidad a que no percibiera salario alguno de la organización, y su retribución como diputado se cifra en torno a 60.000 euros brutos anuales.

Su retórica fue siempre la misma: contra la «agenda criminal y globalista 2030», contra PP y PSOE, a los que en un mitin del 1 de Mayo de 2023 describió como «el mismo perro, mismo dueño y mismo collar», y contra una inmigración ilegal y masiva que, según él, erosiona salarios y derechos. Solidaridad presumió de 9.700 afiliados en un mes y de haber ganado a UGT y CCOO en algunas empresas de Madrid y Zaragoza. Sin embargo es una organización fake e irrelevante con menos del 0,1 % de los trabajadores, y la huelga general que convocó el 24 de noviembre de 2023 contra la ley de amnistía no cambió esa impresión. Su discurso contra las élites tampoco casa con el hecho de que Vox votó en el Congreso contra el impuesto a las tecnológicas, ni con su defensa del libre mercado. En marzo de 2025 no se presentó a la reelección y le sustituyó Jordi de la Fuente.

El candidato de 2026

En las autonómicas de mayo, Alonso encabezó la lista de Vox en Almería. El partido mantuvo sus tres escaños con el 23,17 % de los votos y superó por primera vez al PSOE en la provincia. Su campaña tuvo el tono de siempre: según la web de su partido, dijo en El Ejido que «el extranjero que venga de forma ilegal, a delinquir y a vivir de las ayudas se va fuera», una frase de campaña que reduce a un eslogan un debate complejo sobre prestaciones y residencia, y pidió el voto a la «prioridad nacional».

Con Vox ya en el Gobierno andaluz junto al PP, ha seguido alternando el discurso duro con las causas del campo. En octubre denunció que el parvispinus afecta al 100 % del pimiento almeriense y acusó al Gobierno de Sánchez y al ministro Planas de desentenderse y defendió el rechazo de su grupo a una comisión de investigación sobre el incendio de Los Gallardos, que dejó quince víctimas, con el argumento de que la izquierda solo busca rédito político, demostrando una vez más su cinismo, su impostura y su falta de la ética más elemental. Si resulta elegido en noviembre, tendrá que decidir entre su acta en el Congreso y su escaño andaluz. Rodrigo Alonso es uno de esos políticos que, pese a su pasado, se sabe subir a la ola en el momento adecuado y que cumple a rajatabla los designios del ‘supremo’ y su camarilla, de manera que se hace con el control territorial, en este caso de Almería, con ascendiente en el ámbito andaluz también, con muy pocos nombres y un discurso facilón que por lo general es un insulto a la inteligencia y que, por eso mismo, tiene tantos partidarios.

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