Un oasis en lo inhabitable
Mayte Beltrán y Kasia Ozog convierten en danza la luz del desierto almeriense en «A través del desierto», estrenada ante un Teatro Apolo lleno
Hay paisajes que no se miran: se atraviesan. El Desierto de Tabernas, que ha fascinado a pintores, cineastas y escritores, es uno de ellos, y su luz es la materia de la que beben Mayte Beltrán y Kasia Ozog en «A través del desierto», la pieza que estrenaron el sábado por la noche en el Teatro Apolo de Almería, con la sala llena.
La propuesta se aleja del relato lineal. Movimiento, composición, música y recursos visuales se funden en un paisaje abierto en el que cada espectador puede encontrar su propia lectura. Y desde el primer minuto queda clara la intención: las dos bailarinas, sin vestuario que distraiga, depositan arena sobre el escenario y juegan con ella, divagan, enlazan los primeros gestos. Es una reflexión sobre la belleza de lo inhabitable, donde el desierto funciona como metáfora de los espacios interiores, de los momentos de búsqueda y de la posibilidad de hallar, incluso en el lugar más árido, un oasis inesperado.
A partir de ahí la obra va sumando elementos narrativos en una coreografía muy sensorial en la que todos los lenguajes escénicos remiten a un mismo fin. La música dialoga con el movimiento, con los silencios y con los ritmos del cuerpo. La iluminación construye una atmósfera envolvente. El vestuario, de tonos tierra, acompaña cada desplazamiento y, en un momento dado, se desborda en color con una bata de cola que es de los instantes más memorables de la noche. El audiovisual refuerza el mensaje sin apropiarse de él. El resultado es una pieza cuidada, de factura visual muy limpia, donde ningún recurso parece puesto por decoración.
En el centro están dos intérpretes que hablan idiomas distintos y se enriquecen mutuamente. Beltrán aporta su raíz flamenca y una expresividad corporal de gran presencia; Ozog, la investigación del movimiento propia de la danza contemporánea. Su encuentro trasciende los códigos tradicionales de ambos géneros para convertir el cuerpo en vehículo de exploración emocional y transformar el desierto en un paisaje interior. Se compenetran con precisión sobre las tablas y dejan momentos de gran belleza: cuerpos, gestos y trayectorias construyen una narración que no necesita palabras para sugerir emociones, tensiones y cambios.
Detrás hay un equipo artístico sólido. Ozog firma la idea original, la creación y la coreografía, y Beltrán comparte creación y coreografía. La producción musical corre a cargo de Juan Manuel Cidrón y Yessi Yacobi, con la colaboración especial de Paco Cañizares y Rocío Zamora; Yacobi se ocupa también del sonido. Fernando Cabeo diseña la iluminación, Piotr Słodkowicz las proyecciones, grabadas en Raxiid Studio, y Cañizares firma el vestuario. La fotografía es de Bogdam y el cartel, de Daniel Ortega. La obra se enmarca en el programa de otoño del Ayuntamiento de Almería.
Cuando caen los aplausos, la pieza no se acaba. El viaje sigue en la cabeza del público, que sale del Apolo con la sensación de haber aprendido, quizás, a disfrutar un poco más del día a día. Porque hasta en el paisaje más inhóspito, viene a decir «A través del desierto», se puede encontrar belleza.

