Las regiones europeas, entre ellas Andalucía, sellan en Bolonia una alianza para poner el agua en el centro de la agenda de la UE
Bolonia ha acogido esta semana un encuentro llamado a marcar un punto de inflexión en la forma en que Europa aborda su seguridad hídrica: la reunión de la Alianza de Regiones Europeas para la Resiliencia Hídrica, un foro nacido hace apenas seis meses y que ha dado en esta cita un paso decisivo hacia su consolidación como interlocutor formal ante las instituciones comunitarias.
A diferencia de otros encuentros de carácter puramente consultivo, la reunión de Bolonia se ha estructurado en dos partes bien diferenciadas: una sesión técnica y otra de naturaleza política, en la que las regiones participantes han formalizado su adhesión a la Alianza mediante la firma de un documento de acuerdo que recoge objetivos comunes y una hoja de ruta compartida. Esa hoja de ruta se sostiene sobre tres pilares concretos: contribuir activamente a la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica y a la normativa que se derive de ella, movilizar financiación europea —incluidas inversiones del Banco Europeo de Inversiones— para proyectos vinculados al agua, y facilitar el intercambio de conocimiento y experiencias entre territorios con retos hídricos similares, aunque de naturaleza muy distinta entre sí.
El origen: un dictamen nacido en el Comité Europeo de las Regiones
La Alianza no ha surgido de la nada. Se constituyó formalmente el pasado mes de marzo en Bruselas, coincidiendo con un pleno del Comité Europeo de las Regiones en el que se votó la propuesta de Dictamen sobre la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica, cuyos ponentes fueron el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, y la presidenta de la Cámara de las Regiones, Kata Tutto. Aquel dictamen se enmarca, a su vez, en la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica que la Comisión Europea presentó formalmente al Parlamento, al Consejo y a los comités consultivos comunitarios, un documento que arranca de un diagnóstico contundente: Europa es el continente donde las temperaturas suben con mayor rapidez a causa del cambio climático, lo que está poniendo en jaque un suministro de agua de calidad que durante décadas se dio por garantizado, con efectos directos sobre la economía, la seguridad alimentaria y energética y la calidad de vida de la ciudadanía.
Un mosaico de regiones con problemas de agua muy distintos
Lo que hace singular a esta Alianza es la heterogeneidad de sus miembros. En Bolonia han coincidido regiones con realidades hídricas radicalmente distintas: desde comunidades mediterráneas marcadas por la escasez estructural y la alternancia entre sequías severas e inundaciones repentinas, hasta territorios de clima atlántico con modelos de gestión del agua muy diferentes, como el Principado de Asturias, que ha acudido al encuentro para exponer su propio modelo de gestión innovadora y sostenible. Esa diversidad es, precisamente, uno de los argumentos centrales que ha defendido la Alianza como valor añadido: la posibilidad de tejer una red de territorios que comparten la convicción de que la seguridad hídrica será uno de los pilares del desarrollo sostenible, la cohesión territorial y la prosperidad económica de Europa en las próximas décadas, pese a partir de puntos de partida muy diferentes.
La reivindicación de fondo: subsidiariedad y financiación a medida
El eje argumental que ha recorrido las distintas intervenciones en Bolonia ha sido de naturaleza institucional: reclamar que las políticas europeas de agua se diseñen conforme al principio de subsidiariedad, partiendo de las condiciones reales de cada territorio y apoyadas en criterios técnicos sólidos, en lugar de aplicarse de manera uniforme a realidades hidrológicas tan dispares como las que conviven dentro de la Unión. La secretaria general del Agua de la Junta de Andalucía, María Luisa López, expresó esa idea con claridad al defender que «Europa necesita políticas de agua robustas, pero también suficientemente flexibles para adaptarse a las características de cada territorio», y reivindicó que la voz de las regiones «sea escuchada» y su experiencia técnica aprovechada en beneficio del conjunto de la Unión.
En el terreno de la financiación, uno de los debates más concretos planteados en el encuentro fue la necesidad de ampliar el catálogo de actuaciones elegibles para fondos europeos, incorporando explícitamente proyectos como la desalación alimentada con energías renovables, presentada por varias delegaciones como una herramienta especialmente útil para favorecer la recuperación de acuíferos en territorios sin alternativas de suministro. La propia López puso como ejemplo el caso andaluz, una región que ha combinado en apenas unos años una sequía extrema, entre 2018 y 2024, con episodios posteriores de precipitaciones históricas e inundaciones, como muestra de la variabilidad hídrica que, a su juicio, deberían contemplar mejor los instrumentos financieros comunitarios.
Qué viene después de Bolonia
Con el acuerdo ya firmado, la Alianza afronta ahora la tarea de trasladar a Bruselas las conclusiones técnicas y políticas surgidas de este encuentro, en un momento en el que la Estrategia Europea de Resiliencia Hídrica se encuentra todavía en pleno proceso de desarrollo normativo. El objetivo declarado del foro es consolidarse como un interlocutor permanente y cualificado en ese proceso, aportando a la Comisión y al resto de instituciones comunitarias una perspectiva construida desde la experiencia directa de gestión del agua sobre el terreno, en lugar de limitarse a recibir una normativa diseñada exclusivamente desde una perspectiva centralizada.

