Un nuevo modelo mejora el cálculo del riesgo sísmico en Almería

Entre las fallas estudiadas figuran las de Carboneras y Palomares, junto a otras relacionadas con Lorca, Murcia, Vera y Torrevieja.

Una investigación científica internacional ha puesto a prueba una nueva forma de estimar el peligro sísmico en el sureste de España, incluida Almería. El estudio concluye que los modelos basados en la física de las fallas pueden reproducir mejor los terremotos observados y el movimiento del suelo que los métodos tradicionales en esta zona de alta complejidad tectónica.

El trabajo, publicado en la revista Natural Hazards and Earth System Sciences, analiza la Zona de Cizalla de las Béticas Orientales, un sistema de fallas activas que se extiende por el sureste peninsular y alcanza el entorno de Almería. Entre las fallas estudiadas figuran las de Carboneras y Palomares, junto a otras relacionadas con Lorca, Murcia, Vera y Torrevieja.

Un área sísmicamente activa

Almería se encuentra a unos 20 kilómetros de las fallas consideradas en el modelo de la Zona de Cizalla de las Béticas Orientales. Los investigadores la incluyeron, junto a Lorca, Murcia, Torrevieja y Vera, entre las localidades utilizadas para contrastar las estimaciones del modelo con los registros históricos de intensidad de terremotos.

El sistema analizado tiene aproximadamente 400 kilómetros de extensión y está formado por 16 segmentos de fallas, situados a profundidades sísmicas de entre 8 y 12 kilómetros. Son estructuras que se desplazan principalmente de forma lateral, aunque algunas incorporan también movimiento inverso, capaz de elevar un bloque sobre otro.

La investigación no afirma que vaya a producirse un terremoto concreto ni permite anticipar cuándo ocurrirá. Su objetivo es distinto: calcular, a largo plazo, la probabilidad de que se supere un determinado nivel de sacudida del terreno, una información útil para la planificación urbana, las normas de construcción, los seguros y la preparación ante emergencias.

Los métodos convencionales de evaluación del peligro sísmico emplean catálogos de terremotos pasados, información geológica sobre las fallas y modelos estadísticos para calcular escenarios probables. El problema es que los registros instrumentales e históricos son breves si se comparan con los ciclos sísmicos de las fallas, que pueden durar miles de años.

Para reducir esa limitación, el equipo científico utilizó RSQSim, un simulador que recrea decenas de miles de años de actividad sísmica. El programa incorpora la geometría de las fallas, la fricción entre los bloques rocosos, las tensiones acumuladas y la interacción entre diferentes tramos de falla.

En otras palabras, en vez de limitarse a proyectar el pasado, el modelo intenta reproducir el comportamiento físico de una falla: cómo acumula energía, cómo puede romper y cómo un movimiento puede influir en estructuras cercanas. Los investigadores analizaron catálogos sintéticos de 100.000 años y emplearon 50.000 años de simulaciones estables para sus cálculos de peligro sísmico.

Mejor ajuste a los datos

El estudio comparó dos simulaciones físicas con un modelo convencional que trata los terremotos como si se distribuyeran de manera más uniforme por una amplia zona. Después contrastó las predicciones con datos históricos de intensidad sísmica y con registros instrumentales de aceleración del terreno en diez puntos.

La simulación con mejor comportamiento, denominada Cat-21, ofreció la mayor coincidencia global con las observaciones disponibles. Superó tanto a la otra simulación evaluada como al modelo tradicional basado en fuentes de área.

Este resultado es relevante porque las fallas no actúan siempre de manera aislada ni rompen de forma idéntica en toda su longitud. Los terremotos pueden afectar a varios segmentos de falla, concentrar la ruptura en determinados sectores o estar condicionados por las tensiones generadas por sismos anteriores. Los modelos físicos permiten incorporar esas interacciones sin tener que simplificarlas en exceso desde el inicio.

Qué significa para Almería

La principal aportación para Almería es una herramienta potencialmente más precisa para conocer cómo puede distribuirse la sacudida sísmica en el territorio. No implica que la ciudad vaya a sufrir un terremoto inminente, sino que permite estimar mejor el riesgo a largo plazo y, con ello, orientar decisiones de prevención.

Este tipo de análisis puede ayudar a actualizar mapas de peligrosidad, mejorar los criterios de diseño sismorresistente de los edificios, identificar infraestructuras prioritarias y preparar protocolos de emergencia. El propio estudio destaca que estos modelos son especialmente útiles para analizar eventos de baja probabilidad, pero con consecuencias potencialmente graves.nhess.copernicus

Los autores defienden, no obstante, combinar los nuevos simuladores con los métodos clásicos. La razón es que existen incertidumbres: los catálogos sísmicos no son completos, las características de las fallas pueden conocerse de forma desigual y el comportamiento del subsuelo varía de un punto a otro.

Ciencia para anticiparse

La investigación ha sido desarrollada por Octavi Gómez-Novell, Francesco Visini, Paula Herrero-Barbero, José A. Álvarez-Gómez y Julián García-Mayordomo, vinculados al Instituto Geológico y Minero de España-CSIC, la Universidad de Barcelona, la Universidad Complutense de Madrid y el Instituto Nacional de Geofísica y Vulcanología de Italia. Fue publicada el 10 de junio de 2026.

El estudio es uno de los primeros en Europa que contrasta de forma sistemática estimaciones de peligro sísmico procedentes de simuladores físicos con observaciones reales. Sus resultados respaldan la incorporación progresiva de estos modelos en las futuras evaluaciones del riesgo sísmico, particularmente en territorios como el sureste peninsular, donde las fallas activas conviven con poblaciones, infraestructuras y un registro histórico necesariamente limitado.

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