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Andy Burnham: un indie merodeando el 10 de Downing Street

Hijo de un técnico de telecomunicaciones y una recepcionista, hincha del Everton, apasionado de las bandas indies de Manchester y del sonido Madchester y activista en favor de los derechos de los trabajadores desde su adolescencia.

UNA SERIE DE TELEVISIÓN QUE CAMBIÓ SU VIDA

Cuentan que en 1982 un niño de doce años llamado Andy Burnham se sentó frente a la tele en Orrell, una localidad obrera al norte de Liverpool, y vio Boys from the Blackstuff. La serie de Alan Bleasdale retrataba con una terrible crudeza a un grupo de trabajadores, asfaltadores y pavimentadores, desempleados afectados por los recortes en inversiones públicas en la era de la Dama de Hierro, Margaret Thatcher: y los retrataba humillados, desesperados, pero jamás hundidos o doblegados. Dos años después, con catorce, Burnham se afilió al Partido Laborista. No fue un simple gesto de rabia adolescente; fue toda una declaración de intenciones y la afirmación de su orgullo de clase.

Esa fuerza lo acompaña todavía. Cuando en las elecciones locales de mayo habló ante sus seguidores en Makerfield —una circunscripción de mineros reconvertidos en trabajadores de almacén y conductores de reparto—, no necesitó impostar su cercanía y su empatía, se hace entender y los trabajadores lo entienden y lo siente cercano.

THE SMITHS, THE STONE ROSES Y UNA IDENTIDAD POLÍTICA

La música no fue para Burnham, como para tantos otros de su generación. un hobby sino una brújula y un termómetro social. Creció en uno de los grandes polos magnéticos de la música popular en el mundo, en Manchester, a apenas treinta kilómetros de una ciudad que en los años ochenta estaba reinventando el rock desde sus ruinas industriales. The Smiths ponían letra a la melancolía y la indignación de clase obrera, The Stone Roses prometían una revolución que sabía a verano, y Oasis con los Gallagher a la cabeza llegarían después con la arrogancia norteña de los que nunca piden permiso. Pero antes hubo bandas en Manchester que ya eran míticas cuando Burnham empezaba a descubrir el ambiente musical de su ciudad como Joy Division, New Order, Happy Mondays, etc. «Mi creciente interés por la música de Manchester me dio una identidad y una ventaja», declaró en una entrevista, hablando de su carrera política como si ambas cosas —la música y la política— nacieran del mismo suelo y la misma rabia contenida.”

Y claro está que sabe usar esa identidad cultural a su favor. El vídeo de campaña para las elecciones parciales de Makerfield incluía dos himnos: Some Might Say, de Oasis, que evoca el abandono posindustrial del norte, y One Day Like This, de Elbow, una canción simple, jovial y sin trampas. Burnham no pone música de fondo en sus actos; pone música que habla de él y de los suyos. En octubre de 2025, participó en el congreso Beyond the Band junto al mánager de Oasis, Marcus Russell, para darle un empujón en la industria musical a jóvenes del norte de Inglaterra. Mientras otros políticos van a la ópera, él va a los conciertos de las bandas locales y se mezcla con los aficionados en las gradas del Everton, nunca en el palco. Es su sello, es accesible y arriesga.

LA LUCHA QUE NO HA DEJADO DE LIBRAR

La coherencia ideológica de Burnham se volvió a demostrar con la pandemia. En octubre de 2020, el gobierno de Boris Johnson impuso restricciones de nivel máximo a Manchester sin ofrecer compensación económica suficiente a sus trabajadores y empresas. Burnham se plantó en las escaleras del Ayuntamiento y rechazó el acuerdo en directo ante las cámaras. «Están tratando al norte con desprecio», dijo. No era retórica: eran 22 millones de libras de diferencia entre lo que Londres ofrecía y lo que los trabajadores de Manchester necesitaban. Fue el momento en que dejó de ser un alcalde competente para convertirse en un icono de la clase obrera.

Su mayor logro como alcalde fue convertir en empresa pública la Bee Network, fue la primera red de autobuses urbanos fuera de Londres recuperada para la gestión pública. En un país donde la privatización del transporte público hizo que durante décadas los trabajadores del extrarradio pagaran tarifas desorbitadas para desplazarse a sus puestos de trabajo, que la administración municipal recuperara los autobuses para la administración municipal y metropolitana fue un acto político de primera magnitud. Prometió acabar con la indigencia en el Gran Manchester para 2020 —pero eso no lo ha podido cumplir aún— pero tuvo el gesto de donar el 15% de su sueldo público a asociaciones de personas sin hogar. Los alquileres en Manchester, como en tantas otras ciudades europeas, se han disparado y las viviendas sociales disponibles siguen siendo insuficientes, es muy difícil luchar también contra el mercado y la inflación, pero ningún otro político británico de su nivel ha estado a su altura.

Burnham es, según las encuestas, el único político laborista relevante con valoración neta positiva en todo el Reino Unido, con lo cual es muy posible que lo veamos cambiar Manchester por Londres en breve.

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