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Salve, Javier Aureliano García Molina

‘Javier Aureliano, en plena juventud y en pleno ejercicio de sus funciones, dejó que bautizaran con su nombre dos instalaciones municipales, una en Fines, y otra en Balanegra, como hemos dicho, algo que ha reduplicado el ridículo, ya caído en desgracia, pero que en su día le sirvió para crear una cierta aura de invencibilidad de victorioso general romano en tierras de bárbaros que, sumada a su mesianismo supramunicipal y a su prima de jueza instructora del Caso Mascarillas, parecía garantizarle no ya la inmunidad sino la inmortalidad’

DE ESPALDAS AL PUEBLO, por José Nicolás González


Balanegra, actualmente municipio número 103 de la provincia de Almería, precisamente el 103, y antes de 2015 núcleo ultraperiférico de Berja, el único con salida al mar, fue, como todo el Poniente almeriense, la tierra de promisión para muchas familias del sur de Sierra Nevada, Alpujarra más bien granadina, y de la Sierra de Gádor occidental (igualmente Alpujarra, pero almeriense). Para cuando Javier Aureliano vino al mundo, ese mundo, ya era un mundo bajo plástico y en general próspero para los propietarios de los invernaderos más hacendosos y con más suerte, porque en el camino se quedaron muchos, ahogados por los altos tipos de interés y las onerosas comisiones de Cajamar, antes Caja Rural de Almería, y por las circunstancias y los elementos. No fue la familia de Javier Aureliano ni mucho menos una excepción a la regla en Balanegra y en el Poniente, solo que todos sabemos que a la sombra de la Iglesia y de la política las prosperidades y las influencias sociales son otras.

Curiosamente, a Javier Aureliano García, expresidente de Diputación se le situó siempre del lado de los llamados ‘Niños de La Salle’, jóvenes capitalinos que heredaron la tierra y los votos de los padres fundadores del PP almeriense, empezando por el padrino particular (PP) de Javier Aureliano, Gabriel Amat Ayllón. Pero en realidad su casta, la casta de Aureliano, era otra: como tantos otros era fruto de la diáspora alpujarreña y la fundación de la nueva Jerusalén bajo plástico, que no bajo palio, en el Poniente almeriense y no de la clase media y media/alta de la capital.


Hay una hermandad entre buena parte del Poniente almeriense (Campo de Dalías) y la costa granadina más oriental que a la mayoría de los almerienses se le escapa, y ahí Gabriel Amat debió de encontrarse mucho más a gusto con un joven de Nuevas Generaciones que después de pasar por una escuela agraria ponientina, —y estar siempre muy pegado a las cosas de la Iglesia en su primer y difuso periodo formativo lejos de Balanegra, según cuentan excompañeros—, que con los Niños de La Salle capitalinos o de los extraños Reinos de Taifas levantinos. De hecho, a Gabriel se le sigue viendo muchas veces meditabundo y algo melancólico cuando alguno de esos nuevos políticos roqueteros de la nueva ola muy vinculados a la Junta hablan con la ese en un acto público. Gabriel sabe que, aunque los más autóctonos de los roqueteros prefieran a alguien arraigado en el pueblo al menos desde el inicio del nuevo desarrollo, y se resistan, Roquetas caerá en manos de los que hablan con la ese más temprano que tarde y ahí se acabará en cierta manera el cuento y el hecho diferencial roquetero dentro de la estructura del PP, no olvidemos que Amat ha estado casi más protegido contra las inclemencias judiciales que el rey emérito. Javier Aureliano tenía claro que el Poniente era territorio de Amat, salvo la parte que pelean como hienas los de El Ejido, y las empresas afines que pagan y exigen grandes obras de municipios, diputaciones y Junta, parte esta que parece que se le va a escapar al juez instructor del Caso Mascarillas, Rey Bellot, salvo milagro de última hora. No es extraño, pues, que Javier Aureliano prefiriera hincarle el diente a lo que fueran maquinando o fueran sirviendo más en petit comité, con compartimentos estancos o más o menos estancos, del Levante, y siempre con sus grandes amigos, los ‘naranjitosÓscar Liria y Fernando Giménez y sin los grandes tiburones presentes en el festín, los del Poniente y los de Almería, muy implicados ahora en sacarle al ‘bancal’ de la Junta todo el rendimiento posible, de ahí la tremenda importancia que ha adquirido Pablo Venzal en la Junta de Andalucía, alguien con una experiencia de años y años en los asuntos económicos e inmobiliarios de la capital almeriense.


Pero hablábamos de Javier Aureliano. García Molina ha ‘actuado’, en silencio, hoy en la Ciudad de la Justicia ante el juez instructor Rey Bellot. Un emperador ante un Rey. Él y sus familiares (sus hermanos) y algunos empresarios. Seguramente se acogerán a su derecho a no declarar, o solo contestarán a las preguntas de su abogado, el de la defensa, como ya lo hizo el propio Javier Aureliano en sus declaraciones en sede judicial el día de su detención. Si todo lo que tienen contra él, que no creo, es lo que se dedicó a desmenuzar concienzudamente, más con con sus preguntas su abogado que el propio Aureliano con sus respuestas, que fueron las de un niño asustado que repite una y otra vez el consabido ‘yo no he sido’, escúchese el audio completo que adjuntamos, lo del expresidente de Diputación se podría quedar en agua de borrajas, y más siendo del PP. Solo que su posición jerárquica en el vértice de Diputación y de la presunta trama de corrupción le puede complicar la vida, porque las posibilidades de que la madeja se vaya deshaciendo son altas, aunque con la Justicia española nunca se sabe.


Me he dado cuenta de que con las condenas y la cárcel pasa como con las caídas, que a la mitad de las personas les resultan cómicas y a la otra mitad dramáticas. A mí las caídas ajenas jamás me han hecho ninguna gracia, ni siquiera las del primer cine cómico, las de Humor Amarillo o las de los vídeos especializados en el género. Eso, claro está, no te hace ni mejor persona ni más empático. A los de ‘que se pudran en la cárcel por corruptos’ tampoco les hace peor gente, ni más justicieros ni menos empáticos. En el fondo, es posible que sean más crédulos, más prosistema, más ‘democráticos’, si se quiere. Creen en el monopolio de la violencia por parte del Estado y creen en la ‘coacción’ de la Justicia, también monopolio del Estado, a pesar de todo. Yo, personalmente, me conformo con que los corruptos sean apartados lo antes posible de las instituciones, y a ser posible por los propios compañeros de partido, por la denuncia de la oposición, o con el voto de los ciudadanos, y sin que tenga que mediar acción coercitiva de la Justicia, ni cárcel ni nada.


Decía Javier Aureliano García Molina en su declaración cuando fue detenido que, después de cinco años de caso Mascarillas, estaba cansado. Y se entiende. Es que una justicia lenta es como una lista de espera médica: mortal. Javier Aureliano creo que pudo sobrellevar esos años atribuyéndose a sí mismo ciertos poderes mesiánicos, y como buen mesías, acabó crucificado. ¡Malditos romanos! A Javier Aureliano le encantaba hacer travesías a pie, ir de romerías y peregrinaciones y ser recibido por los alcaldes propios con la reverencia y el servilismo que solo suelen poseer los que tienen una idea de la jerarquía social y política muy clara. Al reconocimiento mesiánico también le añadió un cierto reconocimiento imperial romano dejándose agasajar en el pueblo de sus socios y en el suyo propio dejando que, en plena juventud y en pleno ejercicio de sus funciones, bautizaran con su nombre dos instalaciones municipales, una en Fines, y otra en Balanegra, como hemos dicho. Algo que ha reduplicado el ridículo, ya caído en desgracia, pero que en su día le sirvió para crear una cierta aura de invencibilidad de victorioso general romano en tierras de bárbaros que, sumada a su mesianismo supramunicipal y a su prima de jueza instructora del caso Mascarillas, parecía garantizarle no ya la inmunidad sino la inmortalidad.


Hay procesos como el de la Operación Poniente que van ya por los 16 años, que se dice pronto. Pero también me he dado cuenta de una cosa, aparte de que la visita ‘preventiva’ a la cárcel, salvo excepciones, solo se reserva para políticos no peperos: los del PP, que son especialmente crueles e inquisitoriales en la oposición y en los asuntos judiciales, incluso a sabiendas de que buena parte de los casos se han urdido artificialmente en sus cocinas, en las cocinas del PP, tienen la piel extremadamente delicada y hasta se extrañan de las filtraciones, los ataques políticos y mediáticos y hasta de la sátira, ellos que han convertido el PP en una fábrica de memes. Eso significa que algo está haciendo muy mal el PSOE, desde el municipio más pequeño hasta en las más altas instituciones del Radial Madrid; en política es un error no pagar con la misma moneda, porque el rival lo interpreta siempre como miedo. Bastante handicap supone no tener ni la décima parte de la ascendencia del PP sobre los jueces, ni la centésima parte de su dinero, ni la milésima parte de fontaneros y cloaqueros a su disposición.

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