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Sulayr: mucho más que música en los tinaos de Pampaneira

El festival Sulayr, que se celebra en Pampaneira, en pleno Valle del Poqueira, en La Alpujarra, llega a su XI edición celebrando ‘lo raro’.

Sulayr es uno de esos nombres de larga data que con variaciones toponímicas y adaptaciones idiomáticas atraviesa siglos, culturas y lenguas. Monte del sol, Montaña del sol o el aire y otras variantes semánticas para dar nombre a Sierra Nevada y, por extensión, a toda el área que ahora conocemos por La Alpujarra, al sur de Granada. Y eso al menos desde época romana, y quién sabe si de épocas anteriores, hasta el periodo andalusí, y que refleja, y nunca mejor dicho, la importancia de estas montañas como referencia y guía para los viajeros que atravesaban el Mediterráneo. El nombre, que ahora vuelve a resurgir y denomina todo tipo de cosas, desde empresas a senderos de montaña —a alturas que solo se pueden encontrar en Los Alpes— dentro de Europa, a este festival tan singular que se ha convertido en tan solo 11 años en una cita imprescindible en el ámbito cultural andaluz. Pampaneira vuelve a demostrar que un pequeño pueblo —una aldea, como le gustaba llamar a la escritora Adelaida García Morales a la vecina y hermana Capileira, ‘mi aldea’ la llamaba en El silencio de las sirenaspuede situarse en el corazón mismo del mapa cultural andaluz con un modelo que combina patrimonio, artes visuales y escénicas, música, compromiso y participación ciudadana.

Cartel Sulayr 2026

Desde hace ya más de una década, Pampaneira ha ido consolidando una propuesta cultural que escapa de los modelos convencionales de los grandes eventos estivales para convertir la arquitectura popular de la Alpujarra en un escenario expandido donde el mapa es el territorio y viceversa, donde lo programado y lo vivido, la obra y la vida son indistinguibles . En su undécima edición, el Festival Sulayr propone una reflexión sobre «lo raro» como espacio de resistencia, creatividad y diversidad.

Un proyecto a escala humana

El festival nació con una reivindicación de los pequeños espacios vitales y para demostrar que la cultura contemporánea no es patrimonio exclusivo de las capitales ni a los grandes auditorios. Desde sus primeras ediciones apostaron por usar como escenarios los tinaos, lavaderos, plazas, jardines, iglesias y calles de Pampaneira, convirtiendo el propio casco histórico en parte contextual de la programación y ahí siguen empeñados.

Balateabajo / Foto: Patricia Sánchez

El festival ha mantenido una línea constante y coherente vinculada a las músicas de raíz y las expresiones artísticas y tradiciones inmateriales ligadas al patrimonio inmaterial de la Humanidad, una orientación que ha ido ampliándose progresivamente con disciplinas como el teatro, el circo contemporáneo, la danza, las instalaciones, el arte público, la literatura o la reflexión sobre temas medioambientales, arquitectónicos y paisajísticos, y todo vinculado a eso tan literario y tan filosófico como el paseo. Toda la programación está en realidad ligada a la experiencia del paseo: el paseante no ‘consume’ espectáculos de manera sucesiva, los vive y los disfruta de manera orgánica mientras pasea y va descubriendo pequeñas actuaciones repartidas por el pueblo, en patios, tinaos o jardines donde artistas y público son uno.

Injerto / Foto: Patricia Sánchez

Reivindicar «lo raro»

La edición de Sulayr de 2026 celebra «Lo raro». Pero lejos de entender la rareza como excentricidad, la organización del festival lo quiere plantear como una celebración de la diferencia, ‘de aquello que escapa a la homogeneización cultural y social. La programación combina música, performances, debates, talleres y acciones artísticas que exploran cuestiones como la diversidad, el arraigo rural, la ecología, la memoria o las nuevas formas de convivencia’.

La cantautora Yolan Postigo / Foto: Patricia Sánchez

Este año el tradicional repique de campanas dio paso a un recorrido colectivo por las calles de Pampaneira acompañado por Batukeira, mientras el histórico Lavadero acogía una intervención artística de Conchi Jiménez, junto a Bele y Omín, que reinterpretaron uno de los espacios simbólicos del municipio con una instalación dedicada a la memoria textil y al trabajo de las mujeres de la Alpujarra. La jornada se completó con la danza contemporánea de Colab Movimiento, la propuesta performativa Ritual d’Òc y la experiencia sonora inmersiva de NØDO, una de las producciones más experimentales del cartel de este verano.

El sonido de los oficios, saberes encarnados / Foto: Ángel Pérez

Una programación inclasificable

Más que organizar un festival musical, Sulayr propone una culturización total del espacio público. ‘Los conciertos nocturnos del escenario principal reúnen algunas de las actuaciones más esperadas de esta edición, entre ellas Ursária, Balateabajo, Delameseta y Urbàlia Rurana, grupos que exploran distintas tradiciones musicales ibéricas y mediterráneas desde perspectivas contemporáneas’.

Ursária / Foto: Patricia Sánchez

Pero buena parte del interés del festival está fuera de los pequeños grandes escenarios del pueblo. Los tinaos de Pampaneira vuelven a llenarse de pequeños formatos musicales con propuestas como Fernandevich & Friends, Dúo Musso-Naveiro, Shannon OG, Raízes, Alpujarra Ukestra, La Solana o Dúo Caelum, mientras el circo contemporáneo aparece por cualquier rincón con las Píldoras de Circo, las intervenciones de Tasha, Maxi o Solana, y espectáculos familiares como El tren de los sueños perdidos, de Camaleomima.

A ello se suman propuestas teatrales como El hombre garabato o El animal más peligroso, instalaciones de arte público, rutas patrimoniales, exposiciones y experiencias participativas que convierten prácticamente cualquier rincón del municipio en un escenario.

Sulayr Festival

Pensamiento, ecología y reivindicación del territorio

‘Uno de los rasgos diferenciales del Festival Sulayr respecto a otros festivales veraniegos es el peso que adquieren la reflexión y el pensamiento. La programación incorpora conversaciones sobre los bosques de la Alpujarra, talleres de ecología profunda, actividades desarrolladas junto a Greenpeace, encuentros sobre masculinidades contemporáneas, diversidad sexual en el medio rural o presentaciones editoriales, ampliando el concepto de festival hasta acercarlo al de un foro ciudadano. No se trata únicamente de ofrecer actividades paralelas, sino de construir un discurso coherente donde el patrimonio natural y cultural aparece como eje vertebrador’.

Danza aérea de Maxi / Foto: Indalecio Jiménez

Un modelo singular dentro del panorama andaluz

En un contexto donde muchos festivales compiten por atraer grandes nombres internacionales, Sulayr ha optado por un camino diferente: fortalecer la identidad de los pequeños espacios. La apuesta por los espacios históricos, el contacto directo entre artistas y público, la dispersión de escenarios y la mezcla de disciplinas artísticas convierten la experiencia del visitante en algo más cercano al descubrimiento que al consumo cultural. Ese modelo ha permitido al festival consolidarse como una de las iniciativas culturales más originales surgidas en la Alpujarra durante la última década y convertirse en un referente para quienes defienden que la innovación cultural también puede nacer desde el ámbito rural.

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