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Mark Rutte; las zarpas de Trump en Europa

Rutte fue uno de los líderes más duros del bloque del norte de Europa (los llamados «frugales»). Alineado con la Alemania de Angela Merkel, él siempre con los que mandan de verdad, abanderó la ortodoxia fiscal y la austeridad radical.

Mark Rutte es un viejo conocido, sobre todo en los países a los que él, recurrentemente, nombró como PIGS, cerdos en inglés (Portugal, Ireland, Greece, Spain) siendo primer ministro de los Países Bajos y en plena crisis de la deuda soberana los años posteriores a la crisis de Lehman Brothers de 2008. Rutte se convirtió en primer ministro neerlandés en 2010, justo cuando la onda expansiva financiera se transformó en la crisis de la deuda soberana europea que tanto afectó a España, gobernada, para más inri, por el tándem Mariano Rajoy y Cristobal Montoro

Rutte fue uno de los líderes más duros del bloque del norte de Europa (los llamados «frugales»). Alineado con la Alemania de Angela Merkel, él siempre con los que mandan de verdad, abanderó la ortodoxia fiscal y la austeridad extrema. Sus políticas y discursos impactaron directamente en los entonces países periféricos que ahora le están —macroeconómicamente hablando—, ‘salvando el culo’ a Europa.

Exigió recortes severos, condicionó rescates financieros europeos a la aplicación de brutales reformas estructurales, impuso recortes de gasto público, sobre todo en sanidad, educación, servicios sociales y pensiones y a todo le dijeron ‘sí, bwana’, Rajoy y Montoro.

Por supuesto que se opuso firmemente a cualquier mutualización de la deuda con los llamados eurobonos y defendió que los PIGS debían asumir las consecuencias de sus desequilibrios fiscales antes de recibir ayuda solidaria. Ahora los que empiezan a necesitar ayuda son muchos países del norte, empezando por Alemania y Holanda. Merkel pidió perdón, pero cuando ya estaba fuera de su gobierno.

En España y Portugal, esta austeridad forzada disparó el desempleo a máximos históricos y ahogó el crecimiento económico a corto plazo. En Grecia e Irlanda, los hombres de negro (la Troika) intervinieron directamente las economías bajo condiciones draconianas que Rutte defendió.

Trump y Rutte / Foto: Pool OTAN

Rutte, antes de dedicarse a la política, trabajó para la multinacional Unilever, (la cantera de las multinacionales de EEUU es signo inequívoco de sumisión al Imperio y en concreto de los amos del imperio, caso también del canciller alemán Friedrich Merz, que trabajó para BlackRock. Gobernó los Países Bajos durante casi 14 años consecutivos con varias coaliciones de gobierno distintas. Su habilidad para salir ileso de las crisis políticas y los escándalos le valió el apodo de «Teflon Mark» (nada se le pegaba). Durante su gobierno obligó a 25.000 familias a devolver subsidios legales de cuidado infantil bajo falsas acusaciones de fraude, un escándalo que causó ruina financiera y emocional a muchas familias y, eso sí, forzó la dimisión del gobierno, pero el daño ya estaba hecho. ​Tras dejar la política neerlandesa en 2024 debido al colapso de su último gobierno por discrepancias en la política inmigratoria, dio el salto internacional asumiendo el cargo de Secretario General de la OTAN. Se le acusa de una actitud «extremadamente sumisa» y «servil» hacia Trump, al que llama ‘papi’. En su línea. Ahora, en su línea, se ha convertido en el brazo ejecutor de Trump y les exige a los nuevos PIGS —en los que otra vez está España—, más dinero para ‘papi’. Pero, el problema no está ahí, al menos no el problema principal. La Guerra Rusia-Ucrania no para de escalar y amenaza con convertirse en una nueva guerra europea a gran escala, otra más, una guerra Rusia-Europa, y, aunque parezca mentira, esta cuestión, que ocupa todos los días a los mejores analistas de geopolítica mundiales, ni siquiera está sobre la mesa de debate público. Cualquier día, alguien escribe, parafraseando a Kafka, eso de: Rusia ha declarado la guerra a Europa, por la tarde he ido a nadar.     

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