Opinión

Sumar y guardar la ropa

Asamblea de Movimiento Sumar

Llega en un momento decisivo para un espacio político que, apenas tres años después de irrumpir como la gran apuesta para reorganizar la izquierda a la izquierda del PSOE, atraviesa su mayor crisis desde su creación. La asamblea convocada hoy de Movimiento Sumar pretende, precisamente, cerrar una etapa marcada por dimisiones, conflictos internos y malos resultados electorales. La candidatura de unidad encabezada por la portavoz parlamentaria Verónica Barbero y la secretaria de Estado Rosa Martínez, con un marcado perfil ‘socialista/laborista’ pretende justamente eso, superar la grisura de los últimos años. Tras la salida de Yolanda Díaz del liderazgo político y la reciente crisis interna del partido, el propósito inmediato no parece ser tanto redefinir el proyecto como articularlo para que sea operativo.


De Unidas Podemos a Sumar
Para comprender la complejidad actual convendría retroceder algunos años. La izquierda a la izquierda del PSOE nunca fue la misma tras la aparición de Podemos, cuya falta de estructura territorial definida pareció compensarse con su unión estratégica y electoral con Izquierda Unida que dotó a Unidas Podemos de cierto esqueleto. Aquella alianza permitió entrar, por primera vez en España, a la izquierda a la izquierda del PSOE en un gobierno de coalición e impulsar avances sociales significativos como la reforma laboral, la subida del salario mínimo, la ley de vivienda o la ampliación de derechos laborales y sociales. Con el ejercicio del gobierno, las tensiones provocadas por la persecución por tierra, mar y aire a Podemos por parte de las cloacas del Estado y las no menos cloacas mediáticas, y las discrepancias políticas, se sumaron tensiones organizativas, debates sobre los liderazgos y hasta un cruce de reproches por no defender lo suficiente a los entonces acosados y perseguidos judicialmente, y también hasta la puerta de su casa, Pablo Iglesias e Irene Montero, esta última en el centro de las polémicas por las discrepancias en el seno del gobierno con las leyes propuestas desde su ministerio, el de Igualdad. En ese contexto nació Sumar en 2023, impulsado por Yolanda Díaz con una idea relativamente sencilla pero ambiciosa: superar la lógica de los partidos para construir un espacio amplio donde convivieran organizaciones políticas, movimientos sociales, sindicatos y personas independientes. Pero un proyecto electoral es eso, un proyecto, una lista electoral, no un partido ni una coalición ni nada tangible, estructurado, jerarquizado y operativo.

Sumar sumó y gobernó con el PSOE

El proyecto consiguió reunir inicialmente a diecisiete organizaciones políticas bajo una misma candidatura electoral, algo que pocos meses antes parecía improbable. Aquella imagen de unidad permitió mantener una representación decisiva para la formación del actual Gobierno de coalición. Desde sus primeros pasos, sin embargo, Sumar arrastró algunas fragilidades. La negociación con Podemos fue especialmente complicada y terminó desembocando, pocos meses después de las elecciones generales, en la salida de sus diputados del grupo parlamentario. Paralelamente, Movimiento Sumar apenas tuvo tiempo para construir una organización territorial sólida, dependiendo en gran medida del liderazgo personal de Yolanda Díaz y poco más. Mientras Izquierda Unida, los Comuns o Más Madrid disponían de estructuras consolidadas en sus respectivos territorios, Movimiento Sumar seguía siendo un partido sin implantación municipal y autonómica. Y en estas llegó Maillo y mandó parar, así que, cuando Yolanda Díaz anunció que daría un paso atrás esa debilidad se hizo aún más patente al no tener ni siquiera el soporte de Izquierda Unida

Un mapa, una brújula y una marca, para el laberinto de siglas
Se dice que uno de los grandes problemas para el electorado de izquierdas es el de no disponer de un mapa y una brújula para no perderse en el laberinto de siglas. En torno a Sumar orbitan organizaciones de larga trayectoria como Izquierda Unida; proyectos territoriales como Más Madrid o Catalunya en Comú; formaciones ecologistas; partidos de ámbito autonómico y numerosos colectivos ciudadanos. Esta pluralidad constituye, al mismo tiempo, una riqueza y una dificultad. Conseguir que un conjunto más o menos heterogéneo de partidos, organizaciones y movimientos de izquierdas se unan, aunque solo sea electoralmente, ya es un éxito, pero muchas veces el problema está en elaborar esas listas, en definir liderazgos y en articular la ‘marca’ política y que esta sea reconocible. No obstante, Izquierda Unida, Movimiento Sumar, Más Madrid y los Comuns llevan meses trabajando en la construcción de una nueva fórmula de cooperación que permita concurrir unidos a las próximas elecciones generales. La idea ya no consiste en que una sola organización actúe como eje del proyecto, sino en construir una alianza más horizontal entre fuerzas políticas con identidad propia. O sea, que es la estructura territorial, la subdivisión, lo que prevalece. Con Podemos las relaciones siguen siendo complejas después de varios años de desencuentros, si no imposibles, aunque numerosos dirigentes de distintas organizaciones reconocen públicamente que una mayor cooperación aumentaría las posibilidades de representación parlamentaria de todo el espacio progresista. Las experiencias recientes, especialmente en algunos procesos autonómicos, han mostrado que la fragmentación penaliza electoralmente a la izquierda alternativa debido al funcionamiento del sistema electoral español, pero la unión no garantiza el éxito. En las recientes elecciones andaluzas se ha podido demostrar cómo una fuerza ‘que no suma’ como Adelante Andalucía, puede beneficiarse electoralmente de su independencia, aunque en las provincias en las que no ha obtenido representación sin duda ha restado. Y ahí es donde entra la propuesta de Gabriel Rufián: dejar de competir entre fuerzas políticas afines en aquellas provincias donde la fragmentación del voto beneficia a la derecha y articular una estrategia conjunta que permita obtener el mayor número posible de escaños. El objetivo sería pactar un programa básico compartido y decidir, provincia por provincia, qué candidatura tiene más opciones de obtener representación, evitando que varias listas progresistas dividan el voto y pierdan escaños a consecuencia de las particularidades de la Ley D’Hondt. Pero, si ya sumar, o nadar, es complicado, sumar y guardar la ropa se antoja quimérico.

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