
El humo de los incendios de Canadá desdibuja el ‘skyline’ de Nueva York
La ciudad espera la final de la Copa del Mundo con escasa visibilidad y un cielo contaminado. Como ya ocurrió en el verano de 2023, el humo ha reducido la visibilidad y ha deteriorado notablemente la calidad del aire en ciudades como Nueva York, Boston, Filadelfia y Washington.
La enorme nube de humo procedente de los incendios forestales que arrasan varias provincias de Canadá ha vuelto a cubrir el noreste de Estados Unidos, dejando imágenes de una Nueva York envuelta en humo grisáceo y con niveles de contaminación preocupantes. La situación ha obligado a emitir alertas sanitarias y ha generado incertidumbre a pocas horas de la final del Mundial de Fútbol 2026 entre España y Argentina, que se disputará en el estadio MetLife, en East Rutherford (Nueva Jersey), a escasos kilómetros de Manhattan. Los incendios, alimentados por las altas temperaturas y la sequía que afectan a amplias zonas de Canadá, han liberado millones de toneladas de partículas finas (PM2,5) que han sido arrastradas por los vientos hasta la costa este de Estados Unidos. Como ya ocurrió en el verano de 2023, el humo ha reducido la visibilidad y ha deteriorado notablemente la calidad del aire en ciudades como Nueva York, Boston, Filadelfia y Washington.

Durante las últimas horas, el índice de calidad del aire (AQI) en Nueva York ha alcanzado valores insalubres, lo que implica riesgos para toda la población. Las autoridades sanitarias han recomendado limitar las actividades al aire libre, mantener cerradas las ventanas y utilizar mascarillas con filtros adecuados si es necesario permanecer en el exterior. Las partículas procedentes del humo de los incendios son extremadamente pequeñas y pueden penetrar profundamente en los pulmones e incluso llegar al torrente sanguíneo. Su exposición puede provocar irritación ocular, tos, dificultad respiratoria y agravar enfermedades como el asma, la bronquitis o las patologías cardiovasculares. En personas mayores, niños y pacientes con enfermedades respiratorias, el riesgo es especialmente elevado.
La preocupación también se traslada al ámbito deportivo. La final del Mundial se disputará al aire libre y exigirá un esfuerzo físico extremo durante al menos 90 minutos. Diversos especialistas advierten de que respirar aire con elevadas concentraciones de partículas puede reducir la capacidad pulmonar, aumentar la frecuencia cardíaca y acelerar la fatiga, factores que podrían influir en el rendimiento de los jugadores si la calidad del aire no mejora antes del encuentro. El centrocampista español Mikel Merino reconoció que tanto él como sus compañeros podían percibir el olor a humo durante los entrenamientos, aunque aseguró que la selección intenta mantenerse al margen de las circunstancias externas y centrarse únicamente en el partido.
