
La final/el final de Trump
Las exageradas medidas de seguridad desplegadas en torno al mandatario estadounidense condicionaron la distribución del palco hasta el punto de relegar a representantes de otras delegaciones, entre ellas la representación española, fuera de la zona central reservada a los principales invitados. Ese fuel caso de la princesa Leonor y la infanta. En una final del Mundial, el protagonista, se supone, debe ser el fútbol. Sin embargo, y como suele ser habitual, la presencia de Trump se convierte en el verdadero espectáculo, hasta el punto de que se saltaron todos los protocolos habituales en este tipo de acontecimientos deportivos.

España, desplazada en su propia final
La selección española disputaba la final contra Argentina y una nutrida representación institucional española acudió a apoyar a la selección. Pero vistas y repasadas las imágenes difundidas la representación española quedó completamente eclipsada.
La sobriedad de los mandatarios de México y Canadá
El contraste fue especialmente llamativo con la actitud mostrada por los representantes de México y Canadá, los otros dos países organizadores del Mundial. Ambos presidentes mantuvieron un perfil institucional discreto durante final. Su presencia fue la esperable en una gran cita deportiva: representar a sus países, saludar a las delegaciones y dejar que el protagonismo a los futbolistas.

La escenificación política como espectáculo
Para los asesores de Donald Trump la comunicación muy visual es esencial y en cada aparición pública del ‘presidente naranja’ quieren proyectar centralidad y liderazgo mundial, a la par que se remarca la subsidiariedad de sus acompañantes. No hay imágenes más elocuentes y que expliquen mejor la necesidad infantil de atención permanente de Donald Trump que la del capitán de la Selección Española, Rodri, esperando a que Trump abandone el centro de la escena para elevar la Copa del Mundo y celebrar la victoria. Trump, sencillamente, no se quería ir del foco de la cámara.

