
Christine Lagarde: «No podemos permitirnos perder también la revolución de la Inteligencia Artificial»
«Europa se perdió la primera revolución digital, no podemos permitirnos repetir esa experiencia con la Inteligencia Artificial, la segunda revolución digital».
La presidenta del Banco Central Europeo, Christine Lagarde, ha pronunciado este miércoles uno de los discursos más duros de su mandato. Ante el Consejo Internacional de Negocios del Foro Económico Mundial, reunido en Ginebra, ha dejado un aviso sin rodeos: «Europa se perdió la primera revolución digital, no podemos permitirnos repetir esa experiencia con la Inteligencia Artificial, la segunda revolución digital».
No fue una comparecencia técnica al uso. Fue un toque de atención dirigido a empresarios y gobiernos europeos, en la línea de lo que ya han venido advirtiendo Mario Draghi o Enrico Letta en sus respectivos informes: la Unión Europea tiene el tamaño y las herramientas suficientes para competir de tú a tú con Estados Unidos y China, pero lleva años sin hacer los deberes.
Tres pilares que se vienen abajo
Lagarde ha explicado que el modelo de crecimiento europeo se sostenía sobre tres pilares, y los tres están ahora tocados. El primero es el comercio mundial, debilitado por la política arancelaria de Donald Trump: el año pasado se impusieron más de 2.500 restricciones comerciales en todo el planeta. «La expansión del comercio mundial ya no se puede dar por hecho», ha resumido.
El segundo pilar es la industria, que dependía de una energía barata que ya no existe. Esa ventaja ha desaparecido con la pérdida del gas ruso: la industria europea que más electricidad consume paga hoy más del doble que la estadounidense, y un 50% más que la china. A eso se suma el avance de China, que ya compite directamente con la zona euro en cerca del 40% de los sectores donde Europa tenía ventaja, frente al 25% de hace veinte años.
El tercero es el orden internacional basado en normas, que las tensiones geopolíticas actuales han puesto patas arriba, con una Europa que además afronta amenazas de seguridad en su propia frontera. La conclusión de Lagarde es tajante: «El modelo de crecimiento europeo se está erosionando».
Urge una Inteligencia Artificial europea
Sobre ese fondo ya complicado, Lagarde sitúa un desafío que corre prisa: la carrera de la Inteligencia Artificial, donde Estados Unidos y China ya han cogido delantera. La comparación con internet no es casual: Europa nunca logró crear sus propios gigantes tecnológicos y hoy sigue dependiendo de plataformas ajenas. Si se repite el patrón, el continente corre el riesgo de quedarse fuera también de esta partida.
Para Lagarde, el problema no es de talento ni de dinero puntual, sino de estructura. Señala dos frenos concretos: la fragmentación del mercado único, con 27 países compitiendo entre sí en lugar de actuar como un solo bloque, y la fragmentación del mercado de capitales, que impide a las empresas europeas financiarse con la agilidad necesaria para crecer fuera de sus fronteras. El resultado ya se nota: según Lagarde, un 12% de las empresas de la Unión Europea acaba marchándose fuera, sobre todo a Estados Unidos, donde encuentran capital más accesible y una regulación más homogénea.
EU Inc.
Frente a ese diagnóstico, Lagarde ha vuelto a defender una idea que el BCE lleva tiempo impulsando: EU Inc., una figura jurídica opcional que permitiría a cualquier empresa registrarse una sola vez y operar con las mismas reglas en los 27 Estados miembros, sin tener que adaptarse a la normativa de cada país por separado. El objetivo es que una empresa europea pueda nacer y crecer a escala continental desde el primer día.
Pero Lagarde ha sido clara: eso no basta. Junto a esa reforma reclama avanzar hacia una verdadera unión de los mercados de capitales, de modo que el dinero circule sin trabas entre países. Ha recordado que los líderes europeos se han comprometido a cerrar un acuerdo sobre este plan antes de que acabe 2026, lo que supondría, en sus palabras, «un paso decisivo hacia un mercado de capitales verdaderamente único».
Un aviso, no una rendición
Pese a la dureza del diagnóstico, Lagarde ha evitado el tono catastrofista. Ha recordado que Europa cuenta con la red de acuerdos comerciales más amplia del mundo, en plena expansión gracias a pactos recientes o muy avanzados con India, Indonesia, Australia, México y Mercosur. Y sobre todo, dispone de un mercado interior de 450 millones de consumidores en 27 países, el mayor de todas las economías avanzadas.
También ha apelado a los datos recientes como motivo de cierto optimismo: la zona euro creció un 1,5% el año pasado, tirando únicamente de la demanda interna, y ha seguido creciendo en 2026 pese al golpe energético, con un avance del 0,4% en el segundo trimestre.
Una advertencia que ya se ha oído antes
La invasión rusa de Ucrania dejó al descubierto las debilidades energéticas y de seguridad del continente. El informe de Draghi sobre competitividad o los llamamientos de Letta a completar el mercado único apuntaban ya en la misma dirección que ahora repite la presidenta del BCE: Europa tiene el tamaño y los recursos para competir, pero solo si derriba las barreras que la mantienen dividida en 27 mercados en lugar de funcionar como uno solo.
Parece, no obstante, que, como suele ser habitual, la Europa llegará tarde, y que ni siquiera está ni mucho menos claro que vaya a haber consenso ni siquiera a medio plazo y se empiecen a tomar medidas decisivas y estructurales.

