
150.000 israelíes, según Financial Times, 268.000 según el líder de la oposición de Israel, han abandonado el país en tres años
Un reportaje reciente del Financial Times ha puesto cifras, a la baja, a un fenómeno que las autoridades israelíes y varios centros de investigación llevaban tiempo documentando.
Según la cobertura del diario británico, el volumen de salidas es modesto si se compara con estándares internacionales, pero la tendencia resulta muy inusual para Israel. El Irish Times coincide en que se trata de una ola de 150.000 israelíes, muchos de ellos con altos ingresos, que han dejado el país en los últimos tres años en medio de la agitación política y la guerra.
El origen de la tendencia se sitúa en dos momentos concretos. Por un lado, a comienzos de 2023 el gobierno de Benjamin Netanyahu impulsó una controvertida reforma del poder judicial que provocó la crisis interna más profunda en casi 80 años de historia del país. Por otro, el ataque de Hamás del 7 de octubre sumió a Israel en un conflicto que acabó convirtiéndose en una guerra regional de varios años, con la implicación de Irán y grupos aliados desde Líbano hasta Yemen. El impacto del ataque fue inmediato: distintas fuentes citan que solo en octubre de 2023 salieron del país unas 14.000 personas.
Lo que dicen los datos oficiales
Las estadísticas del gobierno israelí matizan y a la vez confirman la magnitud del fenómeno. Un informe presentado ante la Comisión de Inmigración de la Knéset mostró que entre comienzos de 2022 y mediados de 2024 salieron del país más de 125.000 ciudadanos, la mayor pérdida de capital humano registrada en un periodo tan corto. El presidente de esa comisión, Gilad Kariv, describió el fenómeno como algo que ya no puede llamarse tendencia, sino un desbordamiento a gran escala, y advirtió de que constituye una amenaza estratégica real para la resiliencia de la sociedad israelí.
La tendencia no se ha frenado. Investigadores de la Universidad de Tel Aviv señalan que en 2025 se mantuvo el récord de emigración por tercer año consecutivo, con cerca de 50.000 israelíes que abandonaron el país durante más de doce meses, una cifra similar a la de 2023 y 2024. Además, un estudio del Ministerio de Hacienda israelí detectó que la emigración de médicos, ingenieros y otros profesionales altamente cualificados ha alcanzado un máximo histórico, lo que agrava el riesgo de fuga de cerebros en sectores clave como la alta tecnología y la sanidad.

Un cambio en el balance migratorio
Lo verdaderamente atípico, según varias fuentes, no es solo el volumen de salidas, sino que por primera vez en la historia del Estado el número de emigrantes de larga duración ha superado al de quienes regresan o llegan por la vía de la aliá (la inmigración judía a Israel). Un análisis de +972 Magazine recoge que más de 150.000 ciudadanos han dejado el país solo en los últimos dos años, muchos de ellos con billete de solo ida y sin planes de volver, cifra que se eleva a más de 200.000 desde que el actual gobierno llegó al poder.
Conviene, sin embargo, poner esta cifra en contexto. Un análisis crítico de la cobertura mediática recuerda que «150.000 personas se han ido» no equivale a «Israel ha perdido 150.000 personas», ya que la Oficina Central de Estadística distingue entre emigrantes de larga duración, israelíes que regresan y nuevos inmigrantes por aliá; solo en 2023, por ejemplo, se contabilizaron unos 55.000 emigrantes de larga duración frente a 15.000 retornados y 46.000 nuevos inmigrantes, por lo que la pérdida neta real es menor que la cifra bruta de salidas.
Quién se va y hacia dónde
Los destinos más citados en los reportajes son Estados Unidos, Portugal, Grecia y Chipre. Un reportaje de Euronews describe cómo más de 10.000 israelíes se han trasladado a Grecia y decenas de miles más a Chipre y Portugal, y recoge el testimonio de un directivo de una empresa de transporte en el puerto de Ashdod, para quien es la primera vez en 30 años que se enfrenta a un éxodo de esta magnitud.
El perfil de quienes emigran preocupa especialmente a los economistas: se trata, en buena parte, de profesionales de alto nivel de ingresos del sector tecnológico, la medicina y la ingeniería, cuya salida implica no solo pérdida demográfica sino también fiscal y de talento para la economía israelí.
Las razones detrás de la salida
Los propios emigrantes citados en distintos reportajes describen una combinación de fatiga bélica, incertidumbre política y falta de horizonte de futuro. Una demógrafa de la Universidad Hebrea de Jerusalén calificó la situación de absolutamente excepcional, señalando que es la primera vez en cien años que el país registra un balance migratorio negativo sostenido.
Al mismo tiempo, la inmigración hacia Israel se ha reducido: durante los primeros meses de 2025 la llegada de nuevos inmigrantes cayó de forma notable respecto a años anteriores, lo que agrava el desequilibrio entre quienes se van y quienes llegan.
Un debate político abierto
El fenómeno se ha convertido también en munición política. El líder de la oposición, Yair Lapid, ha señalado en fechas recientes que en los últimos tres años cerca de 268.000 israelíes han abandonado el país, y ha pedido medidas para facilitar su regreso en lugar de restarle importancia al problema. El Gobierno, por su parte, ha impulsado incentivos fiscales para intentar frenar la fuga de profesionales y atraer de vuelta a quienes se marcharon.
