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Por qué Vox, y no el PP, es el verdadero ganador de las concentraciones por Ceuta (contra el Gobierno)

Muy a pesar de la exhibición de fotos y vídeos de balcón de los alcaldes y el postureo a pie de calle del ‘todo PP’ repartiendo saludos como si estuvieran en plena campaña electoral, las encuestas ya les están dando guantazos de realidad a mano abierta.

OPINIÓN

DE ESPALDAS AL PUEBLO, por José Nicolás González

Cuando el 2 de septiembre miles de personas se congregaron en la plaza de Cibeles y en más de 260 municipios españoles bajo el lema «Por Ceuta», ni el eslógan elegido ni la foto fija parecen haber logrado engañar a nadie, y menos, y especialmente, a los convocados que, con sus cánticos y sus insultos, sabían muy bien a qué iban. Muy a pesar de la exhibición de fotos y vídeos de balcón de los alcaldes y el postureo a pie de calle del ‘todo PP’ repartiendo saludos como si estuvieran en plena campaña electoral -de hecho en el PP saben muy bien que están en campaña permanente, algo que solo se puede permitir una ‘organización’ especialmente dopada, que no duda en usar los recursos públicos en su beneficio partidista y que no tiene ningún empacho en usar las instituciones para mayor gloria de sus siglas-, las encuestas ya les están dando guantazos de realidad a mano abierta muy a pesar del gran acompañamiento mediático, a las palmas y al cajón flamenco, en el caso de Andalucía, con un Canal Sur, ‘la suya’ entregado en cuerpo y alma. En Telemadrid dicen que ha vuelto lo de las ‘mocitas madrileñas y el cocidito’, con lo cual toca sucesión, pero al fin y al cabo todos son contingentes, pero solo Aznar y sus amigos de Israel son necesarios y ya sabemos que cuando las sociedades civiles se vuelven inoperativas y quedan suspendidas en la nada el poder se sucede a sí mismo infinitamente.

Almeida, Feijóo y Ayuso en la concentración ‘Por Ceuta’.

Pero no hacen falta ni encuestas, basta ver el comportamiento de las masas convocadas para advertir quién es el verdadero beneficiado de todo esto: Vox. Es tal la torpeza estratégica del PP, y tanta la inseguridad que provoca en el partido el rechazo popular a su líder, en parte por su controvertido pasado como presunto mediador entre los ‘contrabandistas gallegos,’ y un partido siempre necesitado de fondos (un partido con fondos, muchos fondos, pero sin fondo, desfondado, un gran Leviatán capaz de tragarse el PIB de un país, incluidas, Ceuta, Melilla y Canarias, y parte del extranjero) que no paran de alimentar a un ‘monstruo’ de Leganés’ cuyo líder, que hizo el ridículo en su visita a Ceuta porque no sabe hacer otra cosa que el ridículo, solo tiene que dedicarse a no hacer nada y, a ser posible, callarse, para sacar tajada de los errores de sus rivales y sin embargo amigos y socios; hermanos, vaya, por no hablar de los errores del Gobierno de España en cuanto a comunicación, porque en cuanto a política exterior y en este asunto de Ceuta concretamente estén acertando, sobre todo porque no están cayendo en la ‘celada’ que le han dispuesto Israel y EEUU con esto de Ceuta y que de hacer caso a PP y Vox nos llevaría a una situación muy complicada. Pero, si volvemos a los asuntos domésticos, tenemos que decir que el partido que convocó el enjambre de actos partidistas disfrazados de solidaridad a través de la Federación Española de Municipios y Provincias se ha pegado un tiro en el pie, pero eso no importa, porque los que realmente dirigen orquestalmente el cotarro, incluidos EEUU e Israel, volvemos otra vez a la ‘geoestrategia’, apuestan a la suma de las derechas, incluidas las derechas autonómicas nacionalistas, pero cada menos nacionalistas, porque la gran cuestión fue siempre ‘el dinero’, el dinero de nuestras clases altas, no la ‘patria’.

Mientras la presidenta de la FEMP, la popular María José García-Pelayo, extendía la invitación «a todos los ciudadanos y partidos políticos», obviamente, aunque era muy sabedora de que la preposición que tenía que regir en toda esta ‘oración’ era ‘contra’ (el gobierno), no ‘por’ o ‘con’ (Ceuta), pero había que disimular ‘institucionalmente’. para dar a la protesta un carácter transversal. Vox apostó por la único preposición que le funciona y que saben usar sin meter la pata hasta el fondo: contra. La ultraderechita cobarde, torpe y analfabeta funcional, reprochó, cómo no, a sus hermanos en calificativos de la derechita cobarde: el PP, su tibieza, que es como decirle, inconscientemente, que se mean y se cagan enciman, de ahí la ‘tibieza’.

Se está creando un caldo de cultivo extremadamente peligroso no solo en las ciudades españolas en el norte de África y Canarias, sino en las ceutas y melillas de la península que hay unas cuantas y, aunque sabemos de sobra que Vox, una vez instalado en el poder se dedica más que nada a los discursos vanos y vacíos, a los insultos y a las provocaciones, a las paguitas, las mamandurrias, las colocaciones y a sacarle rendimiento al poder, como sus primos/hermanos del PP, dadas su mentalidad y sus carencias intelectuales y dado su desapego ultraliberal/iliberal de lo público, una vez ha echado el canto a rodar, a ver quien detiene el ‘losco’ de la frustración una vez el pueblo soberano más envenenado por el ‘licor del polo’ de la polarización, siempre inducida, siempre provocada, porque hay que crear un especial malestar social cuando no gobiernan los que tienen que gobernar siempre y sus amiguitos ‘exteriores’, se dé cuenta de que las soluciones mágicas y los milagros en política, al menos en política, no existen, aunque yo soy el primero que escucha psicofonías, ha visto a los muertos del cementerio salir de fiesta los sábados y he observado como cienes y cienes de extraterrestres se dedican a la pesca deportiva con caña al caer la tarde.

Los politólogos llaman a esto que ocurre cuando el partido que ha instalado la idea/fuerza más simple y comprensible para la grey, por muy alucinatoria y ‘fantástica’ o fantástico-religiosa que sea esa idea/fuerza, esa ‘creencia’ se beneficia principalmente de una corriente social: issue ownership, que yo voy a traducir muy libremente como apropiación del relato. Vox lleva años intentando situar la inmigración y la sacralización de las fronteras patrias (eso no exime de la financiación del partido por parte del exilio iraní, Israel, ni los amoríos trumpistas internacionales, como su gran seña de identidad ‘nacionalcatólica’ (pero con fondos evangélicos que en su día exigirán sus intereses), mientras que el PP sigue la única ley que respeta, que es la Ley del Péndulo, porque ya ni la Ley de la Gravedad respetan, sobre todo desde que compraron a Newton.

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