
Las mujeres que están en política sufren muchos más ataques personales y sexualizados que los hombres en redes
El estudio analizó más de 3,2 millones de respuestas publicadas en X —la plataforma anteriormente conocida como Twitter— dirigidas a 88 candidatos a las elecciones al Parlamento Europeo de 2024. Las candidaturas procedían de Francia, Irlanda, Italia, Portugal y España.
Según un artículo publicado por The Conversation elaborado a partir de un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea (Joint Research Centre, JRC), las mujeres que participan en política reciben ataques en internet que son más personales, degradantes y sexualizados que los dirigidos contra los hombres. El artículo, titulado “Women in politics face more personal, sexualised attacks than men, a recent analysis shows”, está firmado por Arianna Sala y otros investigadores del JRC.
Diferencias en los ataques
Los investigadores utilizaron Perspective API, una herramienta que calcula la probabilidad de que un mensaje sea percibido como tóxico. La puntuación oscila entre cero y uno y tiene en cuenta si el contenido puede considerarse grosero, irrespetuoso o irracional.
Casi el 80% de los candidatos analizados recibió respuestas tóxicas. En términos absolutos, las mujeres recibieron más mensajes tóxicos que los hombres. Sin embargo, cuando los investigadores tuvieron en cuenta el número total de respuestas recibidas por cada publicación, la diferencia proporcional dejó de ser estadísticamente significativa.
Esto significa que las mujeres publicaban menos mensajes, pero sus cuentas atraían más respuestas en general, tanto positivas como negativas.
Después del análisis automático, el equipo examinó manualmente cerca de 2.700 respuestas consideradas claramente tóxicas. En estos mensajes, el 71% estaba dirigido a candidatas. Los ataques incluían insultos sexistas, comentarios sexuales explícitos, humillaciones personales e intentos de silenciarlas o de cuestionar su derecho a participar en política.
Ataques contra mujeres y hombres
Según el artículo de Arianna Sala y sus colaboradores, los ataques dirigidos contra las mujeres se centraban con frecuencia en su sexo, su apariencia, su vida personal o su supuesta falta de legitimidad para ocupar un espacio público.
Una de cada cuatro candidatas recibió comentarios de naturaleza sexual. En cambio, los ataques dirigidos a los hombres tendían a centrarse en sus decisiones políticas, su conducta profesional o su carácter. Los hombres eran acusados de corrupción, incompetencia o deshonestidad, mientras que las mujeres eran atacadas también por el simple hecho de ser mujeres y participar en política.
La diferencia es fundamental. Criticar una decisión política comunica desacuerdo con una actuación concreta. Un insulto sexista o sexualizado, en cambio, puede transmitir el mensaje de que una mujer no pertenece al espacio político.
Los autores relacionan este fenómeno con el concepto de violencia semiótica, que describe el daño producido mediante palabras, imágenes y símbolos destinados a deslegitimar a las mujeres como agentes políticos.
La acumulación de elementos abusivos
El estudio también analizó la llamada «intensidad de la toxicidad», es decir, la cantidad de elementos abusivos presentes en un mismo mensaje.
El 62% de las respuestas tóxicas dirigidas a mujeres contenía dos o más elementos de abuso. Un solo mensaje podía combinar un insulto sexista, una amenaza sexual, una referencia a una supuesta enfermedad mental y una exigencia de que la candidata abandonara la política.
Entre los hombres, el 52% de los mensajes tóxicos contenía únicamente un elemento abusivo.
Esta acumulación puede incrementar el impacto psicológico del ataque. No se trata únicamente de un insulto aislado, sino de una combinación de agresiones que puede transmitir que la presencia de una mujer en la vida pública es indeseable.
El estudio también observó que las candidatas pertenecientes a grupos políticos de izquierdas recibían más respuestas tóxicas. Este resultado coincide con investigaciones sobre las elecciones brasileñas de 2022, que han señalado la relación entre género, ideología política y violencia digital.
Un patrón internacional
Los resultados descritos por Sala y sus colaboradores coinciden con investigaciones realizadas en otros países. Estudios sobre mujeres políticas en Suecia, Nueva Zelanda y los Países Bajos han identificado patrones parecidos: las mujeres no siempre reciben más ataques en términos numéricos, pero los mensajes dirigidos contra ellas suelen ser más personales, más sexualizados y más orientados a negar su legitimidad para ocupar cargos públicos.
Una investigación publicada en la American Political Science Review también ha analizado cómo se percibe la toxicidad política según el género. El estudio concluye que los ataques dirigidos contra mujeres políticas pueden interpretarse como expresiones de prejuicio destinadas a expulsarlas de la vida pública.
Las consecuencias pueden ser importantes. La violencia digital se ha relacionado con la autocensura, la reducción de la actividad en redes sociales, una menor intención de presentarse a la reelección y el abandono de los espacios digitales.
Cuando el acoso influye en quién está dispuesto a presentarse a unas elecciones, también puede influir en quién acaba ocupando los cargos de representación.
La presión sobre la imagen
La discriminación tampoco se limita a los mensajes abiertamente insultantes. Las mujeres políticas suelen enfrentarse a una vigilancia específica sobre su apariencia, sus gestos y su manera de expresarse.
Otro artículo publicado por The Conversation analizó si las candidatas podían ser penalizadas electoralmente por no sonreír. El estudio citado en ese texto concluyó que una expresión seria podía perjudicar más a las mujeres que a los hombres, lo que refleja una doble exigencia: las mujeres deben parecer cercanas y agradables, pero también firmes y competentes.
Los hombres suelen disponer de un margen mayor para mostrarse serios sin que ello se interprete como una falta de simpatía o como una incapacidad para desempeñar un cargo público.
Medidas europeas
La Unión Europea ha comenzado a adoptar medidas para combatir la violencia contra las mujeres en internet. La normativa europea incluye el ciberacoso y el ciberacecho entre las conductas que deben perseguirse penalmente en los Estados miembros.
Además, la Ley de Servicios Digitales obliga a las grandes plataformas a identificar y reducir riesgos sistémicos para los procesos democráticos, incluidos los daños relacionados con el género.
Aun así, las medidas legales y tecnológicas no son suficientes por sí solas. Según el análisis publicado por The Conversation, las plataformas deberían valorar no únicamente cuántos mensajes abusivos recibe una persona, sino también el tipo de abuso, su contexto y su dimensión sexista o sexualizada.
También sería necesario mejorar las herramientas de detección para que comprendan los idiomas locales, la ironía, los eufemismos y las formas indirectas de misoginia.
Conclusión
El artículo de Arianna Sala y sus colaboradores, publicado por The Conversation a partir de un estudio del Centro Común de Investigación de la Comisión Europea, concluye que las mujeres en política no sufren simplemente una versión más intensa de los ataques dirigidos contra los hombres.
Los ataques contra ellas presentan características propias: son más personales, más sexualizados y más orientados a cuestionar su derecho a participar en la vida pública. Comprender esta diferencia resulta esencial para proteger la igualdad política y evitar que el acoso determine quién puede intervenir, presentarse a unas elecciones o ejercer un cargo público.
Referencia del artículo
Sala, Arianna et al. (2026). “Women in politics face more personal, sexualised attacks than men, a recent analysis shows”. The Conversation, 21 de agosto de 2026. El artículo se basa en el estudio: Sala, Arianna et al. (2025). Shut up and do the dishes! Toxicity and Gender in Digital Political Spaces: Evidence from the 2024 European Elections. SocArXiv

