Andalucía

El rancio abolengo del consejero de la Junta y ‘candidato’ a presidir el PP de Almería Ramón Fernández-Pacheco Monterreal

La genealogía política de la familia no se ha interrumpido desde entonces. El propio Fernández-Pacheco resume en su persona esa continuidad: de merodear el despacho en El Ejido de su todopoderoso primo lejano Pepe Alemán (Operación Poniente), que lo colocó en Elsur, a concejal de Cultura y Urbanismo, alcalde de Almería entre 2015 y 2022.

El anuncio de Ramón Fernández-Pacheco Monterreal de ser candidato a presidir el PP de Almería (un paripé, será presidente por unanimidad, a la búlgara) vuelve a abrir los libros de heráldica y genealogía local almeriense, un apellido, Monterreal, que ha ocupado despachos de poder en la ciudad casi sin interrupción desde el siglo XIX. Entre sus antepasados figuran, al menos, dos alcaldes de Almería cuyo acceso al cargo no se produjo por votación, ni siquiera a la búlgara, sino de la mano de los dos regímenes dictatoriales más recientes en la historia de España: la Dictadura de Primo de Rivera y el suspiro final de un Franquismo ya sin Franco.

Siete generaciones en el poder municipal

Según ha documentado la propia prensa local almeriense, al menos seis o siete antepasados de Fernández-Pacheco han «portado la vara de mando» de la ciudad desde las primeras décadas del siglo XIX, entre las ramas Algarra, Alonso de Villasante y Monterreal. El origen más lejano de ese linaje se remonta a Ramón Algarra Alpuente, diputado constitucionalista y liberal en el convulso siglo XIX, cuya casona en el centro de Almería sigue hoy en manos de sus herederos y cuyo nombre, Ramón, heredaría el propio consejero.

El notario que llegó de Jaén y fundó la fortuna familiar

El primer Monterreal que se instaló en Almería fue Joaquín Monterreal Fernández, notario natural de Peal de Becerro (Jaén), que ejerció en Gérgal, Tabernas y finalmente en la capital almeriense desde 1912. Su matrimonio con Ana Alonso de Villasante y Aguilar, heredera de extensas fincas de olivos, esparto y ganado en Tabernas, sentó las bases patrimoniales de la familia. Joaquín fue elegido teniente de alcalde en 1911, militó en el Partido Liberal y ejerció como diputado provincial desde 1903, llegando a presidir en funciones una Diputación de Almería al borde de la bancarrota.

Caricatura de Ramón Fernández-Pacheco Monterreal / Archivai

El primer alcalde bajo una dictadura: la Unión Patriótica de Primo de Rivera

El hijo de aquel notario, Rafael Monterreal Alonso de Villasante —bisabuelo del actual consejero—, fue el primer miembro de la familia en acceder a la Alcaldía de la capital, y lo hizo bajo un régimen dictatorial: la Dictadura de Miguel Primo de Rivera (1923-1930). Monterreal fue elegido alcalde de Tabernas en 1925 y, en 1929, de la propia capital almeriense, integrado en Unión Patriótica, el partido único creado por el propio Primo de Rivera para dar cobertura política a su régimen. Mantuvo el cargo hasta la proclamación de la Segunda República en 1931, momento en el que, como el resto de las corporaciones municipales nombradas bajo la dictadura, cesó en sus funciones.

Su trayectoria posterior estuvo marcada por la Guerra Civil: hombre de fortuna agraria dedicado al aceite, el trigo, el esparto y la cría de caballos, tuvo que refugiarse durante el conflicto en el barrio de Triana de Velefique, donde sobrevivió, según la crónica local, liando y vendiendo tabaco de picadura elaborado por él mismo con hojas secas de patata. Falleció en 1949, ya en pleno franquismo, aquejado por su propia afición al tabaco que le había servido de sustento durante la contienda.

El abuelo, alcalde designado en el último suspiro del franquismo

El segundo alcalde de la familia fue Rafael Monterreal Alemán, hijo del anterior y abuelo directo de Ramón Fernández-Pacheco. Antes de llegar a la Alcaldía, ejerció como director provincial de Asistencia en los Sindicatos —la organización sindical vertical del régimen franquista, estructura corporativa única que sustituía a los sindicatos libres— y como letrado de la Cámara Agraria.

En 1976 fue designado alcalde de Almería, cargo que ocupó hasta 1979. Conviene precisar el contexto exacto de ese nombramiento: aunque Francisco Franco había muerto meses antes, en noviembre de 1975, el sistema de designación de alcaldes heredado de la dictadura seguía vigente en aquel momento, ya que las primeras elecciones municipales democráticas de la Transición no se celebrarían hasta abril de 1979. Es decir, Rafael Monterreal Alemán accedió al cargo por designación gubernativa, siguiendo el mecanismo no democrático propio del franquismo, y no por votación popular, en lo que la propia prensa local describe como «un periodo tumultuoso» marcado por huelgas obreras y por la necesidad de dotar de servicios básicos —agua, recogida de basuras— a barrios enteros de la ciudad. Fue, además, amigo personal de Adolfo Suárez, a quien llegó a invitar en varias ocasiones a su finca de Viator, y presidente de la peña flamenca El Taranto.

Su hermano, Joaquín Monterreal Alemán, licenciado en Derecho, tomó una vía más directamente partidista tras la muerte del dictador: en 1977 fue nombrado presidente provincial de Alianza Popular, la formación fundada ese mismo año por Manuel Fraga Iribarne —exministro de Franco— junto a otros siete políticos procedentes del último franquismo, y antecesora directa del actual Partido Popular. Joaquín llegó a presentarse como candidato al Congreso y al Senado por esta formación.

De la vara de mando al despacho autonómico

La genealogía política de la familia no se ha interrumpido desde entonces. El propio Fernández-Pacheco resume en su persona esa continuidad: de merodear el despacho en El Ejido de su todopoderoso primo lejano Pepe Alemán (Operación Poniente), que lo colocó en Elsur, a concejal de Cultura y Urbanismo, alcalde de Almería entre 2015 y 2022 —el más votado del PP entre las capitales de provincia españolas en 2019—, consejero autonómico desde ese último año y ahora candidato a presidir el PP de la provincia. Como recogía hace unos años un perfil periodístico sobre su figura, cuando el actual consejero «ingresa cada mañana en su despacho municipal, quizá no sea consciente de que al menos seis o siete de sus antepasados de sangre han desplegado esa misma liturgia antes que él».

Lo que distingue el caso Monterreal no es, por tanto, únicamente, la persistencia de un mismo apellido en los despachos de poder de Almería durante casi dos siglos, sino el hecho de que ese acceso al poder local se produjo, en dos de sus episodios más significativos —1929 y 1976—, no a través de elecciones libres, sino de la mano de los mecanismos de designación propios de dos regímenes dictatoriales distintos: la Dictadura de Primo de Rivera y el franquismo en su fase de agotamiento institucional, en los años inmediatamente anteriores a la consolidación de la democracia, y que ese mecanismo, de algún modo, sigue teniendo predicamento en el PP.

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