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El desastre entre Nepal y el Tíbet, vinculado al cambio climático: lo explica un glaciólogo

Más que un hecho aislado, este tipo de tragedias ilustra la fragilidad creciente de las zonas de alta montaña. En el Himalaya, la combinación de pendientes extremas, hielo inestable y temperaturas en ascenso puede desencadenar fenómenos muy difíciles de anticipar y de contener.

Según el profesor de Glaciología y Observación de la Tierra Jonathan Bamber, de la Universidad de Bristol, el episodio ocurrido en la frontera entre Nepal y el Tíbet —con cientos de víctimas mortales— podría estar relacionado con el derrumbe de una gran masa de hielo glaciar. El bloque se habría desprendido en altura y descendido violentamente más de un kilómetro hasta el valle.

¿Esta región está especialmente expuesta al deshielo de los glaciares?

Sí. El sistema montañoso del Himalaya forma parte de High Mountains Asia, una enorme región de glaciares que suele recibir el nombre de «tercer polo». La denominación no es casual: fuera del Ártico y la Antártida, no existe otra zona con semejante concentración de hielo.

La franja norte de Nepal, situada junto a China y el Tíbet, reúne algunas de las cumbres más elevadas y abruptas del mundo. Ocho de los catorce picos que superan los 8.000 metros se encuentran en territorio nepalí. Esa geografía espectacular también es extremadamente vulnerable: los desprendimientos de roca, las avalanchas y las inundaciones vinculadas a los glaciares son riesgos permanentes.

En estas laderas, el movimiento del glaciar sobre la roca fractura el hielo y crea grandes torres o paredes conocidas como seracs. Son formaciones que pueden parecer inmóviles, pero están sometidas a tensiones continuas y pueden colapsar sin previo aviso. En un entorno tan vertical, cualquier rotura puede transformarse rápidamente en una avalancha de enorme energía.

¿Se están derritiendo los glaciares más rápidamente ahora?

El calentamiento global está acelerando la pérdida de hielo, aunque su impacto no se reparte por igual en todo el planeta. Desde mediados del siglo XIX, la temperatura media mundial ha subido alrededor de 1,4 °C, pero regiones como el Ártico y el Himalaya se calientan a un ritmo superior a esa media.

En las últimas cuatro décadas, ese proceso se ha intensificado. Los datos que combinan mediciones terrestres y observaciones satelitales reflejan que los glaciares han perdido masa más deprisa durante el último decenio que en el promedio de las décadas anteriores. La excepción señalada es Islandia.

En High Mountains Asia, la velocidad de pérdida de hielo se ha incrementado aproximadamente un 25%. La situación de los Alpes europeos resulta todavía más alarmante: allí, el ritmo reciente supera en más del doble el promedio histórico. Estos cambios no son solo una cuestión paisajística o científica; alteran directamente la estabilidad de las montañas y la seguridad de las poblaciones que viven aguas abajo.

¿Cuáles son las consecuencias?

Cuando un glaciar se derrite, libera agua que alimenta arroyos y ríos, algo fundamental para muchas comunidades de montaña. Sin embargo, el problema no se limita a una mayor cantidad de agua circulando por los valles.

El hielo se apoya a menudo sobre permafrost, un terreno que permanece congelado durante largos periodos. Al elevarse la temperatura, ese suelo pierde firmeza. Rocas, barro y masas de hielo que antes se mantenían relativamente cohesionados pueden empezar a desplazarse o desprenderse. El resultado es una montaña más inestable.

En el caso de Nepal y el Tíbet, la dimensión estimada del bloque de hielo ayuda a comprender la magnitud del desastre: una masa de unos 600 metros de ancho y 50 metros de grosor podría equivaler a cerca de medio millón de toneladas precipitándose hacia el fondo de un valle. No se trata simplemente de hielo derritiéndose, sino de una fuerza capaz de arrastrar escombros, bloquear cauces y generar inundaciones repentinas.

Los seracs se vuelven particularmente peligrosos durante las épocas cálidas, cuando el deshielo superficial debilita su estructura. Por ese motivo, los alpinistas suelen intentar atravesar estas áreas durante la noche o al amanecer, antes de que el sol incremente la temperatura del hielo.

También aumenta el riesgo asociado a los lagos glaciares. Al retroceder un glaciar, puede dejar tras de sí depresiones donde se acumula agua, retenida por hielo o por morrenas —materiales rocosos y sedimentarios depositados por el propio glaciar—. Si esa barrera natural se rompe, el agua puede escapar de forma súbita y generar crecidas devastadoras. En rutas de Nepal e India, las advertencias sobre este peligro ya forman parte del paisaje.

¿Qué más deberían hacer los países?

El retroceso de los glaciares es una de las señales más visibles de un clima que está cambiando con rapidez. Incendios forestales excepcionales, olas de calor prolongadas y sequías más frecuentes o intensas son fenómenos distintos, pero comparten un mismo trasfondo: un sistema climático sometido a una presión cada vez mayor.

Aunque gobiernos como el del Reino Unido, la Unión Europea y otros países han reconocido la existencia de una emergencia climática, el avance real sigue siendo insuficiente. Se han dado pasos para reducir la dependencia de los combustibles fósiles, pero las emisiones globales continúan creciendo.

La cuestión central no parece ser la falta de conocimiento ni de herramientas técnicas. Existen alternativas para reducir emisiones, acelerar la transición energética y mejorar los sistemas de alerta y adaptación en zonas vulnerables. El obstáculo decisivo es político: hace falta convertir los compromisos generales en medidas sostenidas, ambiciosas y verificables.

La tragedia en la frontera entre Nepal y el Tíbet recuerda que el cambio climático no es una amenaza abstracta ni exclusivamente futura. En las montañas, sus efectos ya pueden expresarse en forma de hielo inestable, inundaciones súbitas y comunidades expuestas a peligros cada vez mayores.

Los datos fundamentales de este artículo han sido obtenidos del artículo original en inglés de The Conversation, Nepal‑Tibet disaster linked to climate change – a glaciologist explains, por el Profesor de Glaciología y Observación de la Tierra Jonathan Bamber

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