
Según el CIS el PSOE sigue en cabeza. Por qué la crisis de Ceuta no está beneficiando al PP
El barómetro de septiembre, el primero tras la crisis migratoria de Ceuta, vuelve a situar a los socialistas por delante de los populares. La clave no está tanto en la resistencia del PSOE como en la incapacidad del PP para capitalizar el desgaste del Ejecutivo, un patrón que se repite encuesta tras encuesta en todo 2026.
El Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) publicó el 14 de septiembre su primer estudio tras la crisis que sacudió Ceuta a finales de julio. Con 4.042 entrevistas realizadas entre el 1 y el 4 de septiembre —ya con la opinión pública plenamente informada sobre lo ocurrido—, el CIS sitúa al PSOE en el 31% de intención de voto, dos puntos por debajo de julio, mientras que el PP apenas sube cuatro décimas, hasta el 25,5%. Vox, pese al ridículo de sus líderes en su visita a Ceuta y sus evidentes conexiones con el trumpismo y con el sionismo, capitaliza la crisis migratoria, con un crecimiento de 1,3 puntos hasta el 16,6%. La ventaja del PSOE sobre el PP se amplía así a 5,5 puntos, la mayor de toda la legislatura en este barómetro.
La crisis de Ceuta ha erosionado la imagen del Gobierno, ha disparado la preocupación ciudadana por la inmigración y ha hecho que la valoración de Pedro Sánchez baje algunos enteros, pero eso no se ha traducido en más votos para el PP.
El CIS no suele equivocarse en las generales
Buena parte del ruido mediático en torno a cada barómetro del CIS tiende a obviar un dato relevante: en las elecciones generales, el organismo público ha sido sistemáticamente uno de los más precisos de España. En las generales de julio de 2023, el CIS se acercó más que casi nadie al resultado final, señalando un escenario de práctico empate técnico entre PSOE y PP que finalmente se confirmó en las urnas, mientras otras empresas demoscópicas, cuanto más vinculadas a grandes grupos mediáticos peor, se desviaron en varios puntos. Según los rankings de precisión electoral que comparan a los institutos demoscópicos europeos, el CIS quedó en segunda posición de diez institutos analizados en esa cita, con una desviación media de apenas 1,5 puntos porcentuales.
Esto no significa que el CIS sea infalible ni que esté libre de crítica: sus barómetros mensuales —que no son encuestas preelectorales, sino termómetros de intención de voto en un momento dado— han mostrado en ocasiones desviaciones más amplias en citas autonómicas o municipales, y su metodología de estimación (que combina intención directa, recuerdo de voto y simpatía) es objeto de debate académico y de una controversia política recurrente, alimentada sobre todo por la oposición. Pero conviene separar dos cosas: la controversia sobre el organismo, que es en gran medida política, y su trayectoria.
Por qué el PP no despega
El dato más interesante de este barómetro —y el que mejor explica por qué el PSOE sigue en cabeza pese al desgaste— es el estancamiento del PP. No es una anomalía del CIS: la misma tendencia aparece en otros sondeos publicados este año. Encuestas de distintas empresas demoscópicas han identificado un patrón idéntico: el PSOE pierde apoyos por el acoso sistemático, judicial y mediático, y por crisis como la de Ceuta, pero Alberto Núñez Feijóo no logra rentabilizar ni en una décima el desgaste gubernamental.
Los propios datos de valoración de líderes explican este bloqueo: ningún dirigente político aprueba en el CIS de septiembre, pero el desgaste de imagen de Feijóo es muy elocuente. El PP arrastra desde hace meses lo que varios analistas han descrito como un problema de percepción como alternativa de gobierno: gestiona la mayoría de comunidades autónomas y encabeza casi todos los sondeos privados, pero no logra presentarse ante una parte del electorado descontento con el Gobierno como una opción presidencial claramente preferible, lo que deja a Vox como principal beneficiario de la fuga de votos hacia la derecha. En el barómetro de septiembre, el líder del PP obtiene un 3,99 sobre 10, prácticamente empatado con Yolanda Díaz. Pero el dato más revelador no es la nota media, sino el desglose de confianza: solo un 19% de los encuestados dice tener mucha o bastante confianza en él, frente a un abrumador 79,2% que declara desconfiar de su liderazgo. Es una proporción más propia de alguien que está en ejercicio que en aspirante.
Esta paradoja —un presidente con más desconfianza personal que el líder de la oposición, a quien en teoría beneficia el desgaste del Gobierno— es la que mejor resume el «techo» de Feijóo; buena parte del electorado descontento con Sánchez no termina de verlo como una alternativa sólida, y parece que su pasado como puente entre algunos narcotraficantes gallegos y la financiación de su partido pesa también como una losa.
