Ceuta
‘Lo que yo vi en las redes y me han contado no tiene nada que ver con eso. Allí se montó, como en tantas ocasiones —no es nuevo, viene de atrás—, un montaje donde se utiliza la política para un espectáculo donde afloran los instintos y comportamientos más primarios de los ciudadanos.’
Opinión: José Antonio Barrera Espín
Recientemente se han convocado en todo el país concentraciones de protesta en ciudades y pueblos con motivo de la situación que se está produciendo en la ciudad de Ceuta.
En Vícar, mi pueblo, como no podía ser de otra manera, también se produjo esa concentración frente a las puertas del Ayuntamiento.
No he hablado de este tema hasta ahora porque no me gusta opinar de las cosas en caliente, sobre todo de aquellas que, por su singularidad, tienen una complejidad que requiere análisis más sosegados.
Desde el primer momento de estas convocatorias tuve clara mi no asistencia, y con lo visto en las redes y lo que me han contado personas y amigos que sí estuvieron, se fortalece más mi decisión de no acudir.
Los partidos políticos, cuando convocan a los ciudadanos, que están en su derecho y lo permite la ley, deberían, a mi juicio, tener, aparte del objetivo, una pedagogía que aporte el suficiente conocimiento a los ciudadanos para que puedan elaborar y tener criterio propio.
Lo que yo vi en las redes y me han contado no tiene nada que ver con eso. Allí se montó, como en tantas ocasiones —no es nuevo, viene de atrás—, un montaje donde se utiliza la política para un espectáculo donde afloran los instintos y comportamientos más primarios de los ciudadanos.
Una mujer, micro en mano, soltando soflamas, aseverando que la solución a todo esto no se da porque no le sale de la poll… a una persona, a la vez que el pueblo, como en épocas romanas, disfrutaba del pan y circo. Qué triste, qué frustrante. Caminamos hacia el empoderamiento de la mediocridad, al tontaina ilustrado que configura su tesis del debate tabernario.
Desde hace décadas, las derechas y la extrema derecha eligieron varios temas para confrontar: la inmigración, el feminismo, la seguridad, la igualdad, el cambio climático. Entendían que se había avanzado mucho en derechos que, sobre todo, ponían en cuestión sus privilegios, porque no olvidemos que esto es una pelea de lucha de clases.
En ningún momento quiero exculpar a esa mal llamada izquierda que, desde hace también décadas, ha ido cada vez más haciendo dejación de sus funciones y dejándole el espacio llano a las derechas.
Yo soy abderitano de nacimiento, vicario de acogida. Llegué a este pueblo en el año 65 del siglo pasado, lo he visto crecer y formarse, y en una etapa de mi vida gestioné algunas áreas de la política municipal. Y, como en todo proceso, hay cosas que gustan más que otras, pero siempre hubo una base de confianza y ayuda mutua, cuestiones esenciales para una convivencia pacífica.
Cuando veo estas expresiones, exaltaciones, faltas de todo rigor y de análisis serio y riguroso de un mundo complejo, y en una coyuntura donde el tablero de la geopolítica mundial ha hecho que todo salte por los aires y se esté imponiendo la ley del más fuerte, siento pena de que, como en épocas pasadas —porque la historia se repite—, se utilice a las clases populares, generalmente a las más pobres económica y culturalmente, para enfrentarlas y empobrecerlas.


