OpiniónEl Ejido

Julia dream (¿Quién es Julia Ibáñez? Un retrato hecho de canciones)

ASAMBLEA DE ESCOBARISTAS, por Carlos Vidal

Pues da la casualidad que quería empezar esta sección, Asamblea de Escobaristas, que pretende vincular a un personaje más o menos conocido, aunque sea en ámbitos locales, con unas músicas, precsamente con Julia Ibáñez. Lo cierto es que no tengo la playlist de Spotify lista, pero prometo ponerla en breve editando este artículo. La cuestión es que sí elegí a Julia es porque algo había intuido y algo me habían chivado sobre la OPERACIÓN PALABRAS PARA JULIA, ahora en marcha. Así que reescribo unas cosillas, añado otras, y dejo algunas tal cual, ahora que se ha puesto de moda, ha renunciado a su cargo en el Parlamento de Andalucía y se dispone a investirse como la primera alcaldesa de El Ejido en unos días

Para mí hay 4 canciones, 4, julianas por excelencia (no por Julio Iglesias, no por Julio César, no por el mes de Julio, julianas por Julia). Sí, esta vez he optado por el recurso, obvio de que el nombre de la homenajeada aparezca en el título de las canciones. No se me escapa que Julia, Julia Ibáñez, es más de música de los 80-90, la música que escuchaba igual en los veranos de Almerimar que en los inviernos madrileños de los pubs de Moncloa y Argüelles, Bilbao y Chamberí, y que ahora llena la programación cultural y festiva de los ayuntamientos del PP instalándonos en una especie de cárcel sonora, en un bucle melancólico, en un anacronismo permanente. No es conservadurismo, no es añoranza, es pereza mental y catetismo, pero funciona, electoralmente funciona, siempre ha funcionado que la mayor parte de la gente viva en la más absoluta de las ignorancias y fuera de su tiempo presente o de un pasado conocido, estudiado, escrutado y analizado, es decir en un pasado tan vivo que forme parte del presente. Decía que Julia es más de los 80 y 90, pero igual la definen mejor estas canciones tan oníricas.

Pero calma, antes de revelar el nombre de las coplillas tengo que aclarar quién es Julia Ibáñez. Julia es uno de los miembros del núcleo duro de la llamada Conjura de los Necios, el grupo de entonces treintañeros del PP que se hizo con el poder con la caída, forzada por la Operación Poniente, de Juan Enciso y el Partido de Almería, diputada andaluza y, recién ascendida a secretaria tercera de la mesa del Parlamento andaluz, a lo que ahora renuncia. Julia no ha perdido el tiempo y ha demostrado ser la más lista de ‘los necios’ y la que más habilidades sociales tiene. En cuatro años de parlamentaria se ha convertido, además, en una auténtica gurú en técnicas de comunicación y redes (sí, el votante medio está muy infantilizado) y, quizás por eso, porque toca la pandereta y canta con mucho sentimiento los villancicos de Navidad acompañando a Moreno Bonilla, y su cercanía a Venzal, su cuñado (en la Almería del crecimiento urbanístico y de los grandes centros comerciales y otros equipamientos inmobiliarios se decía que nada se movía sin que él repartiera juego, y ahora se supone que tiene un papel parecido a la sombra de San Telmo), quizás por todo esto, decía, se ha convertido en el poder pepero blando, incluso flojo, estilo Moreno Bonilla, más influyente en nuestra querida tierra del esparto, las uvas del barco y ahora de las cubiertas de polietileno coextruido de baja densidad que cubren nuestros cultivos.


Decíamos en la primera parte que Julia parece ser más de pop español de los 80-90, pero, pero, pero, igual estas coplillas le abren la mente, le tocan la fibra y le dan buena, esteee, vibra, nunca se sabe. La primera de las canciones de mi lista de este artículo dedicada a Julia Ibáñez es la maravillosa Julia (The White Álbum, The Beatles, 1968), onírica, surrealista y edípica como ella sola, dedicada por John Lennon a su madre, y a la intrusiva Yoko, que parece que aportó lo suyo en la composición, allá en la India, aunque quién sabe si la canción no germinó de algún modo unos años antes en Almería, al igual que Strawberry fields forever, que es lo que me vendría bien para mi propósito y para la expansión del orgullo local, pero tampoco es cuestión de forzar la serendipia todavía más, ¿o sí?


La segunda es ese trip psicodélico de Pink Floyd, ya sin Syd Barrett al frente (de esa etapa tan corta de alguna manera siguieron viviendo el resto de la banda toda su vida, porque Barrett fue uno de esos genios fugaces que marca las vidas de los que lo conocieron para siempre, y esta canción está clarísimamente influida por él), compuesta por Roger Waters y que se llama Julia Dream (también de 1968, cara b del single It would be so nice).


La tercera, Canción de Julia (Algo tiene que cambiar, 2023), es de una banda, esteeee, argentina: Alan Sutton y las criaturitas de la ansiedad, no sé si freudiana, lacaniana o junguiana, la banda digo, pero la canción en sí es igual de onírica y surrealista, aunque más paternofilial, parece, y menos edípica que la de Lennon y bastante menos psicodélica que la de Pink Floyd. En cualquier caso, creo que la coplilla es muy deudora, mucho, de la Julia de The Beatles y de Julia dream.


Y luego tenemos la cuarta, la canción de Paco Ibáñez, que no es el poema que José Agustín Goytisolo le dedicó a su hija Julia sino un extracto, porque, entendemos que, por razones de economía musical, Paco Ibáñez cercenó unas cuantas estrofas, de ahí los extraños saltos que pudiste percibir si llegaste antes a la canción que al poema, como fue mi caso. Tanto las versiones de Los Suaves, Iván Ferreiro, Rosalía o Soleá Morente como la de Reina Roja, por ejemplo, se ajustan al extracto del poema que hizo Ibáñez, y no conozco ninguna versión musical completa del poema que, de hacerse, o de existir, igual perdería en misterio, pero ganaría en cercanía. Pero, ¿le debe algo también la canción argentina Canción de Julia a Palabras para Julia, de Paco Ibáñez/J.A. Goytisolo? Creo que sí. La que no tiene nada que ver con el asunto es la copla La Morena de mi copla (Julio Romero de Torres), interpretada por nuestro Manolo Escobar, pero como escobarista acérrimo (aquí se dice más aférrimo, que es todavía un calificativo más acerado) me siento obligado a, otra vez, forzar la serendipia, y recurrir y citar cualquier elemento que recuerde al maestro.


Curiosamente todas las canciones, incluida en cierta manera la cuarta, tienen mucho que ver con el mundo de los sueños y el inconsciente. Ignoro la posible relación del nombre de Julia Ibáñez, Julia, con la canción Palabras para Julia, precisamente de Paco Ibáñez, porque no hay que descartar nada, todo sabemos que las coplillas son las culpables de multitud de nombres de pila (de pila bautismal, no del montón), y ahí tenemos nombres como Lucía, una plaga desde Operación (iba a poner Poniente, siempre me pasa), Triunfo, perdón, Penelope, con apocope arriesgada donde las haya, Yolanda (‘Yo Landa, concretamente Alfredo Landa’, cantaban en una parodia gloriosa Académica Palanca), Noelia, Macarena, aaaaaay, etc., mientras a los varones se le ponen más nombres de cantantes (lo de los Deivid en la Almería post OT fue como para denunciarlo ante el Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo), actores, políticos, reyes y emperadores. También de escritores, pero menos. Ahora Julia no es solo nombre de canción, o de patricia romana, es también nombre de alcaldesa ejidense, o murgitana, Julia, la nueva Porcia Maura.

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