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De ‘Almería no es Andalucía’ a las clases de sevillanas gratis del ayuntamiento de la capital

El contraste no es casual: refleja un cambio de posición del Partido Popular, que gobierna tanto el Ayuntamiento de la capital como, desde 2019, la Junta de Andalucía, y que ha ido abandonando la cautela identitaria y un aprovechamiento intensivo de todo lo que suponga bronca política cuando no gobierna el PP.

Pocas provincias andaluzas arrastran una relación tan especial con el resto de su comunidad autónoma como Almería. Quizás Granada, capital del hasta el siglo XIX histórico Reino de Granada, básicamente las actuales provincias de Almería, Granada y Málaga juntas. Durante décadas, una parte de su vida pública ha oscilado entre la reivindicación de una identidad diferenciada —el llamado almeriensismo— y, más recientemente, una normalización institucional de la cultura andaluza que este verano se ha traducido, sin ir más lejos, en talleres municipales gratuitos de sevillanas organizados de cara a la Feria. El contraste no es casual: refleja un cambio de posición del Partido Popular, que gobierna tanto el Ayuntamiento de la capital como, desde 2019, la Junta de Andalucía, y que ha ido abandonando la cautela identitaria y un aprovechamiento intensivo de todo lo que suponga bronca política cuando no gobierna el PP.

El origen de la fobia andalucista

El sustrato histórico de este debate se remonta al referéndum de autonomía del 28 de febrero de 1980, cuando Almería fue la única provincia andaluza que no alcanzó el umbral de votos afirmativos exigido por el artículo 151 de la Constitución para acceder a la autonomía plena por la vía rápida, lo que obligó a una reforma legal para que Andalucía pudiera constituirse como comunidad autónoma de pleno derecho pese a ese resultado. Ese episodio —conocido entre sus críticos como el «pucherazo del 28F»— sigue siendo invocado por los sectores que defienden una identidad almeriense diferenciada como prueba de que la provincia nunca se sintió plenamente representada por el proyecto andalucista impulsado desde Sevilla.

De ese poso surgió, ya en 2010, el grupo «Almerienses que no se sienten andaluces», germen de lo que en 2013 se constituyó como la asociación cultural y reivindicativa Acción por Almería, que desde entonces convoca cada 28 de febrero una concentración bajo el lema «Almería No es Andalucía», en la que se reclama la constitución de la provincia como comunidad autónoma uniprovincial al amparo del artículo 143 de la Constitución. La asociación ha logrado además la recuperación de la bandera ‘histórica’ de la Cruz de San Jorge como símbolo identitario (alternativo, a la tradicional bandera verde que aparecía ondeando en La Alcazaba en el poema medieval en lengua árabe) aprobada por la Diputación de Almería en 2017. Una facción, variante o rama política almeriensista sigue presentándose a las elecciones bajo la marca «Almerienses», trasladando su reivindicación regionalista al terreno electoral, aunque sin representación institucional hasta la fecha. En los últimos años, medios de comunicación digitales y blogs de opinión —como el que firma bajo el lema «Almería no es Andalucía»— han mantenido viva esta corriente, insistiendo en la idea de que la provincia constituye una «entidad regional histórica» distinta, con raíces que sitúan en la taifa medieval de Almería, frente al que describen como un «molde sevillano» de Andalucía.

Cartel anunciador de clases de sevillanas gratuitas |Ayto. de Almería

El giro del PP

Frente a esa corriente crítica, el discurso del Partido Popular en el gobierno —tanto autonómico como municipal— ha evolucionado con claridad hacia la reivindicación explícita del andalucismo, en paralelo a su consolidación en el poder regional desde la victoria de Juanma Moreno en 2019. El ejemplo más reciente lo ofreció la propia alcaldesa de Almería, María del Mar Vázquez, en el acto institucional del pasado 28 de febrero, cuando afirmó que ser almeriense constituye «una forma luminosa y auténtica» de ser andaluz y reivindicó lo que llamó la «Andalucía de la multiplicación» frente a lo que definió como la «Andalucía de la división». Ese mismo día, el consejero almeriense Ramón Fernández-Pacheco presidió en la capital la entrega de las Banderas de Andalucía, un acto que combina reconocimiento institucional y liturgia identitaria autonómica en un formato que, dos décadas atrás, no era infrecuente ver acompañado de cierta distancia por parte de sectores del PP almeriense más sensibles al discurso regionalista local.

Ese giro contrasta con la etapa en la que el partido, sin gobernar aún en Sevilla, evitaba en ocasiones significarse demasiado en la celebración institucional del 28F, más consciente de la sensibilidad de una parte de su electorado hacia el andalucismo oficial. Con el PP instalado en San Telmo desde hace más de un lustro, esa cautela ha dado paso a una apropiación activa de la simbología autonómica, que la administración local también traslada a la programación cultural del verano.

Miembros de Acción por Almería ataviados con trajes tradicionales

De la reivindicación identitaria al ‘vámonos pa la feria, cariño mío’

El ejemplo más visible de esta normalización llega este verano con el programa municipal «Almerízate», presentado por el concejal Óscar Bleda, que ofrece a jóvenes de entre 12 y 35 años un total de 280 plazas gratuitas en actividades de ocio, entre las que destacan los talleres de sevillanas impartidos en la Academia de María «La Rabota», explícitamente orientados, según el propio Ayuntamiento, a que los participantes «lleguen con soltura» a la próxima Feria de Almería. Se trata de una imagen difícil de imaginar en el contexto del almeriensismo más reivindicativo de los años dos mil diez, y que ilustra hasta qué punto la institución municipal ha terminado por asumir sin ambages el andalucismo, al menos mientras gobierne el PP en Sevilla, y de paso se olvidan también de los agravios inversores y la marginalidad persistente de Almería.

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