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Pedro Sánchez, el contraejemplo de Meloni para la izquierda italiana

En estos días la primera ministra italiana Giorgia Meloni aprovechó los sucesos de Ceuta para ‘defender’ una política de inmigración que ella no cumple, de hecho, si hay todavía un ‘efecto llamada’ ese sigue siendo el italiano

El melón cantalupo italiano ya se ha abierto y parece que no ha salido muy bueno. Una vez más se demuestra que una cosa son las promesas, la retórica incendiaria y la borrachera de patriotismo excluyente y otra los hechos. Las elecciones. si no se adelantan, serán en Italia, máximo, en diciembre de 2027, y ya se empieza a intuir un cambio de aires en la política italiana que hace prever que pese a la extrema polarización y la dificultad de que ningún partido supere el 25% de los votos, el partido de Meloni, Fratelli d’Italia, aunque sigue primero en las encuestas, empiece a acusar el desgaste.

En estos días la primera ministra italiana Giorgia Meloni aprovechó los sucesos de Ceuta para ‘defender’ una política de inmigración que ella no cumple, de hecho, si hay todavía un ‘efecto llamada’ ese sigue siendo el italiano, porque es el mercado de trabajo, en este caso irregular, no el Estado, el que realmente regula el flujo migratorio, algo que Meloni se niega a reconocer. Escribía en redes este fin de semana la primera ministra italiana: las imágenes de Ceuta han demostrado una vez más lo urgente que es una respuesta europea a la inmigración ilegal. Por esta razón, Italia, junto con Dinamarca, ha promovido una carta firmada por 22 países miembros de la UE, pidiendo una acción común para fortalecer las fronteras externas, contrarrestar la inmigración ilegal, luchar contra los traficantes de personas, hacer que las repatriaciones sean más efectivas y eliminar cualquier factor que pueda incentivar nuevas entradas ilegales. Es un importante indicio: la línea que Italia ha apoyado durante mucho tiempo ahora es compartida por un número cada vez mayor de naciones europeas. La defensa de las fronteras externas de la Unión no es el interés de una sola nación. Es una responsabilidad común de Europa.

Pero Meloni, tiene un problema: los números, y no solo los números que tienen que ver con la renqueante economía italiana que crece al 1% desde hace años, frente al 2,7 de España. Entre 2022 y 2025 la economía española ha crecido más de cuatro veces la economía italiana. Italia tiene un gravísimo problema con la inmigración irregular, que es más del doble que la española, Italia: 478.600 entradas irregulares, España: 234.760 pese al vano discurso de ‘fronteras cerradas’ y ‘puño de hierro’ de la extrema derecha italiana. Tal es el descontento en la extrema derecha que a Meloni le ha salido un duro competidor: Roberto Vannacci, político y general italiano, miembro independiente del Parlamento Europeo y militante de la Liga. A comienzos de año se fue y anunció la creación de un nuevo partido político: «Futuro Nazionale», con lo cual, es muy posible que toda la parafernalia propagandística algo histérica con el asunto de Ceuta tenga mucho más que ver más con la política interna que con al política europea de fronteras. Es muy posible que sus colegas europeos antiinmigración deban empezar por pedirle explicaciones a Meloni por su récord de entradas ilegales de inmigrantes a un país miembro de la UE y por la gran cantidad de trabajadores irregulares que se ganan la vida ‘sin derechos laborales’. Pero es que, según parece, todo eso del requerimiento a la Unión Europea todavía no ha sido ni siquiera notificado por parte de Italia en relación con la inmigración irregular y con Ceuta, con lo cual, como ya le han advertido desde las formaciones de izquierda, se ha precipitado con la propaganda, pero en la UE no han recibido ningún requerimiento de Italia. Por otra parte, las burlas sobre el ministro Tajani y su desconocimiento sobre la ubicación de Ceuta en el norte de África no han cesado.

La política italiana lleva meses mirando, y no precisamente de reojo, a España: ahora buena parte de la oposición italiana recurre a los éxitos políticos de España para cuestionar la estrategia de Giorgia Meloni. Mientras el Gobierno español puede presumir, comparativamente, de unos indicadores económicos que lo sitúan entre las economías con mayor crecimiento de la eurozona, y defiende una agenda social que ha recibido el respaldo de numerosos organismos internacionales, el ejecutivo de Meloni ha optado por convertir la política migratoria en un permanente instrumento de confrontación interna con fines puramente electorales y no acaba de encontrar los resortes para estimular una economía mortecina.

La situación se ha vuelto todavía más incómoda para Italia cuando las instituciones europeas han evitado respaldar una actuación extraordinaria contra España. Pese a la dureza de algunas declaraciones de algunos mandatarios, sobre todo de Italia, Bruselas no activó ningún procedimiento específico ni puso en marcha sanciones o mecanismos excepcionales contra España porque simplemente no había motivo. Lejos de brindar solidaridad ante la flagrante violación territorial con, parece cada día más claro, ayuda internacional, Meloni y otros mandatarios, que parecieron no entender en realidad nada de lo que de verdad estaba ocurriendo en Ceuta, se dedicaron a la pirotecnia verbal y a los intereses partidistas más espurios en vez de arrimar el hombro cuando un miembro de la UE tenía que manejar una situación muy delicada que se ha saldado con decenas de muertos, hasta ahora cerca de 90 fallecidos solo en zona española.

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