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Seis banderas rojas en las playas de Málaga capital

La causa, confirmada por los análisis de la Empresa Municipal de Aguas (EMASA), fue la detección de una presencia excesiva de E. coli, la bacteria fecal por excelencia, en los muestreos de control.

La imagen de las banderas rojas en la capital malagueña se han vuelto virales. En plena temporada turística: carteles de «prohibido el baño» clavados en la arena y turistas que ni se pueden mojar porque, según los análisis oficiales, ela gua marina contiene niveles muy altos de la bacteria Escherichia coli. No es un episodio aislado es un problema estructural en la Costa del Sol que nunca se acaba de acometer.

El pasado 17 de agosto de 2026, el Ayuntamiento de Málaga se vio obligado a izar la bandera roja y prohibir el baño en seis playas de la capital: Campo de Golf-San Julián, Guadalmar, La Misericordia, Sacaba, San Andrés y El Palo. La causa, confirmada por los análisis de la Empresa Municipal de Aguas (EMASA), fue la detección de una presencia excesiva de E. coli, la bacteria fecal por excelencia, en los muestreos de control.

El origen del episodio, según la versión oficial del consistorio, se remonta a la madrugada del sábado 15 de agosto: una tormenta dejó 18,5 litros por metro cuadrado en la estación meteorológica del aeropuerto, 14 de ellos en menos de una hora. Ese volumen de agua, concentrado en tan poco tiempo, obligó a activar los llamados «aliviaderos» de la red de saneamiento: unos dispositivos de seguridad que, cuando el sistema se satura, permiten que las aguas pluviales mezcladas con aguas residuales sin depurar se viertan directamente al mar para evitar inundaciones en la ciudad. Dicho de otro modo: cuando llueve con cierta intensidad, Málaga vierte aguas fecales al Mediterráneo por el propio diseño de al red de alcantarillado, no por accidente.

En julio ya se habían cerrado temporalmente Pedregalejo y El Palo por el mismo motivo, aunque recuperaron la bandera verde tras nuevos análisis. Y a comienzos de año una DANA provocó la rotura del sistema de saneamiento que mantuvo cerrada durante semanas la playa de Campo de Golf, en Guadalmar, con afecciones puntuales también en Los Álamos (Torremolinos). El patrón se repite con una frecuencia que empieza a resultar difícil de justificar como pura fatalidad meteorológica.

¿Cuando se iza una bandera roja?

Conviene detenerse en lo que implica, en términos estrictamente normativos, izar una bandera roja en una playa española. Esta señal indica la prohibición total del baño y puede activarse por distintos motivos: oleaje peligroso, corrientes fuertes, temporal, presencia de fauna marina lesiva o, como en este caso, contaminación del agua o de la arena. Es, por tanto, el nivel máximo de alerta que puede colocarse en un arenal, y su sola presencia —más allá de la duración real del cierre— tiene un efecto simbólico inmediato: comunica sin matices que ese tramo de costa no es seguro para meterse en el agua.

Ese efecto simbólico es, según distintos análisis periodísticos, más determinante que el propio cierre en términos de reputación turística. Las fotografías de banderas rojas junto a menciones a «bacterias fecales» o «E. coli» circulan con rapidez en redes sociales y medios, generando un deterioro de imagen que puede superar al impacto económico directo de uno o dos días sin poder bañarse. El verdadero riesgo, señalan estos análisis, no es que seis playas permanezcan cerradas unos días, sino que la escena de la bandera roja ondeando en pleno agosto se repita año tras año, consolidando una asociación entre la Costa del Sol y los vertidos que resulta muy difícil de revertir una vez instalada en el imaginario colectivo.

En esta ocasión, las banderas rojas se izaron de forma progresiva a medida que llegaban los resultados de los distintos puntos de muestreo: primero en Guadalmar y Campo de Golf-San Julián, después en La Misericordia, Sacaba, San Andrés y El Palo, hasta sumar las seis playas cerradas. La reapertura, cuando se ha producido, ha seguido el mismo patrón progresivo: en cuanto los análisis de un tramo concreto certifican niveles de bacteria dentro de los límites legales, ese punto recupera la bandera verde, aunque el resto de la costa afectada permanezca todavía cerrada.

Banderas negras

El fenómeno no se circunscribe a la capital. se ha llegado al cierre de hasta nueve playas en apenas 24 horas en el conjunto de la Costa del Sol, recordando que en julio también tuvieron que cerrarse Los Monteros y El Cable-Río Real, ambas en Marbella. El problema de las banderas rojas convive, además, con otro tipo de señal de alarma menos conocida pero igualmente reveladora: las Banderas Negras que otorga anualmente Ecologistas en Acción para denunciar las peores afecciones ambientales del litoral español. En su informe de 2026, la organización ha vuelto a incluir la playa de la antigua Residencia de Tiempo Libre de Marbella entre los 48 puntos negros señalados en toda la costa española, en este caso por lo que considera una gestión deficiente ligada a la licitación de la zona de dunas del enclave, una decisión que la organización interpreta como una oportunidad perdida para recuperar uno de los sistemas dunares históricos de la ciudad. Se trata de un reconocimiento distinto al de las banderas rojas por contaminación bacteriana, pero que refuerza la misma idea de fondo: la gestión ambiental del litoral malagueño arrastra deficiencias que van más allá de un problema puntual de lluvias.

Depuradoras al límite y redes obsoletas

Detrás de estos cierres hay una explicación técnica que numerosos expertos y colectivos llevan años señalando. Según ha explicado el director de la Cátedra de Ciencias del Litoral de la Universidad de Málaga, Paco Franco, la E. coli es una bacteria propia del intestino humano y animal que llega de forma constante a las aguas residuales urbanas. En condiciones normales, este microorganismo debería eliminarse en las estaciones depuradoras antes de que el agua tratada llegue al mar. El problema surge cuando ese proceso no se completa: bien porque las depuradoras no dan abasto ante el volumen de agua que reciben, bien porque las redes de saneamiento mezclan en una misma tubería las aguas pluviales y las residuales —un diseño obsoleto conocido como «red unitaria»— y cualquier lluvia intensa desborda el sistema.

Con una población permanente en la provincia de Málaga cercana a los dos millones de habitantes, a la que se suman varios millones de turistas durante los meses de verano, las infraestructuras de saneamiento construidas en muchos casos hace décadas están sometidas a una presión muy superior a la que fueron diseñadas para soportar. El resultado, denunciado por distintos análisis, es que los emisarios submarinos —las tuberías que deberían verter el agua ya tratada mar adentro, lejos de la costa— terminan en ocasiones lanzando efluentes sin depurar de forma completa, que las corrientes devuelven después hacia las propias playas.

Un litoral bajo presión

El problema de los vertidos se inscribe, además, en un contexto de mayor vulnerabilidad del litoral malagueño. El informe Destrucción a toda costa 2026, elaborado por Greenpeace, sitúa a la Costa del Sol entre los litorales españoles más expuestos a los efectos combinados del cambio climático y la presión urbanística, señalando a municipios como Fuengirola y Marbella entre los de mayor ocupación urbanística de todo el litoral español. Esa saturación de las zonas costeras no hace sino aumentar la presión sobre unas redes de saneamiento que, en muchos tramos, no han crecido al mismo ritmo que la población y la edificación.

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